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¿Por qué el capital huye del Perú de Ollanta Humala?

Pánico bursátil tras la victoria de Humala en Perú. Su nueva "economía nacional de mercado" es muy similar a la de Chávez en Venezuela.

La reacción del mercado a la elección de Humala como nuevo presidente de Perú se resume en una palabra: pánico. La Bolsa de Valores de Lima registró el lunes un desplome del 12,45%, la mayor caída en lo que va del año. La Bolsa de Lima finalizó la sesión dos horas y media antes del cierre dada la sangría bursátil. Desde que Humala fue uno de los candidatos elegidos para disputar la segunda vuelta electoral hasta la fecha, la plaza limeña ha registrado una pérdida acumulada del 12,52%, centrada sobre todo en el sector energético y minero, principal motor económico del país.

Todo ello es señal inequívoca del pánico que viven los inversores y de la gran incertidumbre que sufre el mercado a la espera de que el nuevo presidente empiece a implementar su modelo económico y desvele la elección de su ministro de Economía.

El miedo se explica al observar el programa electoral del nacionalista Humala, precursor de lo que se ha venido en denominar etno-cacerismo o etno-comunismo, ya que guarda sorprendentes similitudes con la ideología política que profesan otros líderes latinoamericanos, tales como Hugo Chávez en Venezuela o Evo Morales en Bolivia.

El título de su proyecto original, el programa íntegro con el que se presentó a las elecciones, lo dice prácticamente todo: "La Gran Transformación". El texto, de casi 200 páginas, fue publicado el pasado diciembre y sus tres líneas básicas son: una feroz crítica al modelo económico vigente en Perú en los últimos años -basado en la exportación, la apertura económica y la privatización de activos públicos-; el crecimiento del Estado tanto en el ámbito económico como social; y, sobre todo, la nacionalización de recursos y el control estatal de "sectores estratégicos" como, por ejemplo, el de la energía y la minería.

Perú ha vivido un período de intenso crecimiento y desarrollo económico en los últimos lustros gracias a una política favorable al mercado y, por tanto, a la inversión del capital extranjero en el país. Pero, según su programa original, Humala pretende ahora "transformar" radicalmente este modelo enfocado hacia las exportaciones.

Demonización del "neoliberalismo"

La filosofía política de Humala no deja lugar a dudas:

Somos parte de un gran movimiento de cambio contra el neoliberalismo excluyente que hoy recorre América Latina [...] Es, por lo tanto, un programa político de cambio radical de un modelo neoliberal que acentúa la desigualdad social, depreda los recursos naturales, violenta la legalidad y la democracia, y no genera desarrollo.

Las críticas al "neoliberalismo" son constantes a lo largo del texto.

El modelo neoliberal reproduce la desigualdad, la desarticulación y el subdesarrollo [...] menoscabó la soberanía y la capacidad integradora del Estado [...] ha hecho nuestra economía más dependiente de los capitales y del mercado internacional [...] le restó decencia al empleo e hizo precarios sus ingresos [...] redujo la autoridad del Estado y debilitó a la nación [...] Y es el sistema que, haciéndonos más pobres, no solo económica sino también política y culturalmente, nos insertó a la economía y finanza internacionales con un rol dependiente y sumiso.

Y tras culpar al mercado de la crisis financiera internacional que estalló en 2007, su proyecto concluye lo siguiente:

Es el Estado y no el mercado, lo público y no lo privado, quien en esta crisis concita las esperanzas de todos. Ha sido la intervención pública definida por todos los políticos que creen en la democracia la que ha ayudado a establecer el sistema económico en el que vivimos.

"Nacionalismo" económico

Sobre esta condena explícita del neoliberalismo, Humala construye su particular propuesta económica: más Estado (aumento de servicios sociales a todos los niveles y sustancial incremento de impuestos para financiarlos) y menos mercado (recuperar el control estatal de los "sectores estratégicos", es decir, los motores económicos del país).

Este último punto, la clara amenaza de nacionalizar la industria minera, gasista, petrolífera y eléctrica es, precisamente, lo que ha causado el pánico entre los inversores. Y es que, el proyecto concreto de Humala, denominado "economía nacional de mercado", si bien no elimina la propiedad privada, aboga por la nacionalización de numerosos activos y el sometimiento total de ésta al poder estatal:

Recuperar nuestros recursos naturales como el agua y la tierra, los bosques y la biodiversidad, el gas y los minerales para que contribuyan a la eliminación de la pobreza y desigualdad que afectan a millones de peruanos. Su explotación, aprovechada generalmente por minorías económicas extranjeras, no puede continuar.

"Nacionalización de actividades estratégicas"

De este modo, tal y como reza un extenso capítulo de su programa, Humala pretende "nacionalizar actividades estratégicas". En concreto, propone:

Recuperar la soberanía sobre los recursos naturales. Es necesario [...] devolver al Estado la libre disponibilidad de sus recursos en beneficio de todos los peruanos, construyendo la infraestructura correspondiente a este fin y fortaleciendo a las empresas estratégicas del Estado para que sean eficientes y competitivas [...]

La energía eléctrica, los hidrocarburos, el gas, los servicios esenciales, el agua y saneamiento, el espacio aerocomercial y los puertos serán actividades estratégicas puestas al servicio del desarrollo de la nación [...]

El objetivo es que todas estas actividades sean desempeñadas por empresas públicas y semipúblicas, o bien privadas pero bajo estrictas condiciones a nivel fiscal (más impuestos) y regulatorio, lo cual desincentivaría la inversión extranjera.

Consagraremos la participación empresarial del Estado en el sector energético y supeditaremos la libre disponibilidad de los recursos energéticos a los intereses nacionales. [...] Se revisarán y se renegociarán los términos de los contratos de explotación y exploración petrolera ofrecidos por Petroperú a los inversionistas [...] nuevo régimen de contratación en la explotación y exploración de los hidrocarburos, por el cual el Estado, a través de la empresa Petroperú, contrata los servicios asociados de empresas privadas, las que reciben una retribución por los servicios prestados, lo que permite recuperar para la nación la propiedad del recurso sin necesidad de estatizar las empresas [...]

Nueva Constitución

Humala pretende llevar a cabo todos estos cambios estructurales mediante una "nueva Constitución", siguiendo nuevamente el modelo de Chávez y Morales.

El Estado debe recuperar su papel promotor del desarrollo, regulador de la economía de mercado y proveedor de servicios sociales básicos (educación, salud, justicia, seguridad social, agua), con políticas públicas que tengan alcance universal. Todo esto supone un nuevo contrato social, es decir, una nueva Constitución.

¿Chávez o Lula?

Tras la presentación de este programa, algunos analistas destacaron que Humala rebajó sus pretensiones durante la carrera presidencial mediante la elaboración de un nuevo proyecto. Este texto, a diferencia del primero, tan sólo cuenta con ocho hojas, y apenas constituye una versión escueta y resumida de su proyecto original. Es decir, Humala, en realidad, mantiene su ideario, tal y como atestigua el desplome bursátil que generó su victoria electoral.

Sin embargo, Perú cuenta con una ventaja inicial para frenar el programa económico del nacionalista peruano, su debilidad política. Humala ganó por la mínima la Presidencia a su contrincante Keiko Fujimori, pero la clave radica en las elecciones legislativas: su partido (Alianza Gana Perú) no tiene mayoría absoluta en el Congreso (47 diputados de un total de 130) y, por lo tanto, precisará del apoyo político de otras formaciones más centristas (como el de Alejandro Toledo, con 21 diputados) para poder gobernar.

De este modo, su debilidad política y la presión exterior podrían suavizar su programa de máximos, manteniendo en pie el actual modelo económico, dando como resultado un esquema similar al desarrollado por Lula da Silva en Brasil. El tiempo lo dirá. Aún así, más allá del caso concreto del Perú, lo cierto es que la izquierda sigue ganando terreno en América Latina (6 presidentes de derecha frente a 13 de izquierda).

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