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¿Quiere ganar o se contenta con no perder?

Esta meta de conservación del capital en el largo plazo es la que explica que en España se haya invertido históricamente en vivienda.

RAQUEL MERINO JARA
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Para decidir la composición y estructura de nuestra cartera (o asset allocation) y tras tener claros nuestros objetivos y nuestro perfil inversor, es muy conveniente determinar previamente cuestiones tales como:

  1. El horizonte temporal de cada una de nuestras inversiones
  2. Las necesidades de ingresos derivados de las mismas
  3. Las formas en que esperamos obtener la rentabilidad así como su periodicidad más o menos estable
  4. La facilidad para deshacer la inversión y acceder a nuestro capital en forma líquida
  5. Nuestra tolerancia a la volatilidad y al riesgo de pérdida

Resumiendo mucho, los activos en los que tenemos la posibilidad de invertir podemos clasificarlos en activos que enfatizan la protección del principal y activos que subrayan el objetivo de lograr el crecimiento del principal.

Protección y liquidez

Tendremos a aquellos que buscan tanto la protección del principal como procurarse dinero a corto plazo, para los cuales lo prudente es hacer énfasis en la liquidez y poca volatilidad de la inversión.

Adecuados para este caso son activos tales como el efectivo, las cuentas bancarias, los fondos en activos del mercado monetario, el papel comercial de buena calidad, las letras del tesoro o los depósitos a corto plazo.

Atendiendo a los objetivos de inversión que se repasaron la semana pasada, con la adquisición de estos activos se estaría buscando básicamente cubrir el de liquidez.

Adviértase la perversidad de aquellos entornos en los que, como el griego en la actualidad o los latinoamericanos de forma crónica, el desarreglo de las cuentas públicas y el sistema financiero convierten en altamente arriesgadas y volátiles todas las prácticas anteriormente enunciadas, que en principio parecían conservadoras. En qué lugar queda la liquidez de aquel patrimonio que se coloca en un instrumento "seguro" como la deuda del Estado cuando ésta corre el riesgo de impago en el plazo de pocas semanas; más aún, si se tiene en cuenta la enorme volatilidad en su precio, derivada de los movimientos en la prima de riesgo.

Por no hablar de la posibilidad de corridas bancarias que pudieran desembocar en un corralito bancario, en cuya tesitura no sería posible recuperar gran parte de lo mantenido en las simples y aparentemente muy líquidas cuentas corrientes (depósitos a la vista o a corto plazo).

Piénsese por ejemplo en las presiones continuas para que en los países PIIGS o en toda la UE se produzca una redefinición (léase devaluación) monetaria. Ello podría suponer casi automáticamente la pérdida de una importante parte del principal por su pérdida de capacidad de compra de bienes del exterior, además de previsibles inflaciones de los bienes del interior. En este caso, sería en términos reales (que no nominales) como nuestra capacidad adquisitiva quedaría mermada de un día para otro.

Estas circunstancias conducen a que estar invertidos en casi cualquier otro activo –pisos, acciones, oro, etc.– pueda resultar más seguro y hasta permitir obtener revalorizaciones (no merced a sus fundamentales, sino como consecuencia de la inflación y la huida generalizada hacia activos que conserven el valor mejor), al tiempo que sería la única vía de escape para no ser completamente esquilmados.

De nuevo, una buena comprensión de los ciclos económicos, de las fases en que nos movemos en cada momento y de las políticas que pueden llegarse a realizar – durante una recesión, se puede pasar de la deflación a la hiperinflación en cuestión de días por demagógicas y penosas medidas económicas, como ocurrió en Argentina en 2001– pueden ser determinantes para que un activo pase de ser poco volátil y arriesgado a todo lo contrario.

Protección en el largo plazo

Por su parte, los hay que buscan la protección del principal no sólo presente, sino en el largo plazo. Para ellos, la faceta de protección frente a la pérdida de poder adquisitivo de la moneda (o impositiva) tiene un papel crucial.

Estos inversores que buscan protección del principal en el largo plazo podrán elegir acciones de empresas sólidas a buen precio, inmuebles –sobre todo residenciales en zonas seguras–, fondos de inversión que practican estrategias que enfatizan valor frente a crecimiento, algo de oro y quizás bonos indexados a la inflación o adquiridos en tiempos que ofrecen altos intereses reales y en entornos macroeconómicos de recuperación y estables. Casi todos estos instrumentos, con la excepción del oro, pueden ofrecer además rentas periódicas estables en forma de dividendos, alquileres o intereses.

Estos instrumentos estarían satisfaciendo los objetivos financieros de conservación del capital y, en buena medida, de obtención de rentas pasivas estudiados en el anterior artículo de esta sección.

Esta meta de conservación del capital en el largo plazo es la que explica que en España, la elección de las clases medias haya sido históricamente la de invertir sus ahorros en la adquisición de viviendas por la mala experiencia histórica resultante de las políticas inflacionistas con la peseta. Lo más paradójico es que en los últimos años muchos, y ya con el euro en funcionamiento, para conservar ahorro y acumular patrimonio hayan asumido niveles intolerables de endeudamiento y realizado compras en niveles de precios históricamente altos. Tras más de medio siglo de mercado alcista imparable en monedas inflacionistas, una proporción significativa de la población acabó convencida de que acertaba con la compra por la seguridad que venía teniendo de que estos bienes no sólo mantendrían su valor, sino que subirían sin freno.

Crecimiento del principal

Si lo que se busca es crecimiento sin poner en riesgo el principal de forma alocada, es requisito invertir con horizonte amplios, renunciando a la liquidez y aceptando volatilidad. Buscaremos sobre todo revalorización del principal frente a rendimientos periódicos y predecibles. Incluso puede ser conveniente concentrar algo más nuestra cartera.

Los instrumentos más adecuados son, de menor a mayor agresividad, las acciones y los fondos, la inversión en países emergentes y los bonos de alta rentabilidad. Y, eventualmente, para patrimonios mayores, se pueden introducir algunas formas alternativas de inversión, como los fondos de capital-riesgo, venture capital o algunos tipos de hedge funds.

El crecimiento generalmente vendrá de participar en la expansión de los negocios y la economía, de manera que es necesario evitar economías estancadas, en recesión o que ponen trabas a la empresa y al crecimiento económico y ponderar más aquellas que hacen todo lo contrario.

En Libre Mercado

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