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No hay relevo generacional para comprar el stock de pisos

En la próxima década, el número de españoles entre 25 y 34 años descenderá un 34%. Mientras, un millón y medio de casas permanecen sin ocupantes.

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¿Quién va a comprar las casas vacías que hay en España? Ésta es la pregunta que todos los promotores inmobiliarios se hacen cada día. El país vivió una de las burbujas de la vivienda más exageradas que se conocen. Entre 2000 y 2008, el parque de casas nuevas en el mercado se dobló. Entre 2005 y 2008 se construyeron en España más de 600.000 viviendas al año, más que en Reino Unido, Alemania y Francia juntas. De aquella fiesta del ladrillo queda la resaca de cientos de miles de viviendas vacías repartidas por toda España. Algunos expertos creen que pueden estar por encima del millón y medio.

Ahora, las empresas tratarán de colocar este stock en el mercado. Han podido aguantar un tiempo, pero tanto los bancos (que acumulan en sus carteras de activos innumerables pisos entregados por las promotoras en quiebra) como las inmobiliarias tendrán que deshacerse de alguna manera de estos pisos. El problema es que puede que se den cuenta de que no hay compradores, y de que esto no es un fenómeno puntual, derivado del exagerado enfriamiento del mercado.

España fue uno de los países con una tasa de natalidad más baja en los años ochenta y noventa. Según refleja idealista.com, España afronta una caída del 34% en la próxima década en el número de jóvenes de entre 25 y 34 años. Esto quiere decir que no hay relevo para absorber todo ese parque de pisos vacíos.

La generación del baby boom, que nació entre 1965 y 1975, cumplió los 25 años entre 1990 y el año 2000. Su presencia fue decisiva para hinchar aquella burbuja. Se estaban emancipando en un país que crecía económicamente y buscaron una casa (incluso dos, a veces), y se unieron al fuerte contingente de inmigrantes que llegaba al país.

En la próxima década, los que deberían tomar el testigo son los nacidos en entre 1985 y 1995. Pero en esos años España fue uno de los países con menor tasa de natalidad. Por eso, el futuro se presenta negro para el sector. No es sólo que el mercado esté parado. Es que los que deberían ser sus consumidores potenciales no existen y no hay manera de crearlos de la nada.

Envejecimiento poblacional

La pirámide de población española en los últimos años muestra un envejecimiento poblacional cada vez más acusado, además de un descenso de la tasa de natalidad, lo que provoca dificultades para cumplir con el necesario reemplazo generacional. En las próximas décadas, el mercado inmobiliario tendrá difícil equilibrar su oferta y su demanda. En este momento, en España hay 7,1 millones de personas entre 25 y 34 años pero dentro de diez años sólo habrá 4,7 millones en esta edad en la que teóricamente la población compra su primera vivienda.

Este 34 % menos de jóvenes adultos con respecto a la generación del baby boom, unido a otros factores económicos y sociales, no hace más que complicar el panorama. El Banco de Pagos Internacionales (BIS) trató este tema en un reciente informe en el que concluía que España será uno de los países donde el precio de la vivienda se verá más afectado por el envejecimiento de la población.

En concreto, BIS explicaba que el incremento de la edad media de la población española aportará un descenso de cerca de dos puntos porcentuales al año al precio de la vivienda hasta 2050, siendo uno de los países de Europa que más afectado se verá en este sentido junto a Grecia y Portugal.

Algo de optimismo

Los cambios socioculturales que ha vivido la sociedad española no obstante, abren al mercado inmobiliario, pese a la incertidumbre, un nuevo marco en el que actuar y renovarse. Quizás sea el único agarre para el optimismo de los promotores.

Las familias numerosas, con abuelos, padres e hijos en la misma vivienda, son cada vez más escasas. Los mayores de 65 años cada vez más tienden a vivir en su propia vivienda, puesto que su salud y su situación económica se lo permiten.

El fenómeno del divorcio, que recientemente cumplió en España treinta años, ha diversificado el panorama familiar. Muchos adultos se ven obligados a buscar una nueva casa en una edad en la que antes estaba asegurada su residencia. Además, los nuevos hogares unipersonales o con pocos miembros necesitan una respuesta diferente y quizá esa renovación sea la única salvación para un sector con un futuro cercano muy negro.

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