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La clave está en los ciclos seculares

Tras repasar los tipos de activos que mejor se ajustan a nuestros objetivos y perfiles, es hora de analizar cómo invertir en función del entorno económico.

Raquel Merino Jara
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Hasta la fecha hemos repasado los tipos de activos que mejor se ajustaban a nuestros objetivos y perfiles financieros. De esta manera, según lo visto la semana pasada, en función de los fines que queramos satisfacer en cada momento de nuestra vida, sobreponderaremos en nuestra cartera unos u otros activos. Sin embargo, este análisis quedaría incompleto si no profundizáramos en qué tipos de activos lo hacen mejor y peor en cada entorno económico.

Los ciclos económicos, mencionados repetidamente en anteriores artículos, no han sido en ningún momento matizados ni etiquetados. Hemos visto que nos topábamos con épocas de gran ebullición económica y financiera, a las que seguían otras de cambio de tendencia y eventual recesión. Ha de tenerse presente que no todos los ciclos económicos son de la misma naturaleza ni intensidad.

Consecuentemente, vamos a clasificarlos, a efectos de los propósitos de este artículo, como ciclos seculares y empresariales. Los primeros vendrían a ser la traca final tras una acumulación de los segundos. Dicho menos profanamente, a una sucesión de ciclos empresariales o comerciales le sigue la apoteosis final en forma de ciclo secular.

Comprender bien los ciclos seculares puede ser una de las principales claves para tener éxitos importantes en la inversión. Cada cuatro o cinco ciclos comerciales solemos toparnos con un ciclo secular: sin duda, mucho más esplendoroso en su época de auge, pero también fuente de verdaderos tsunamis cuando llega el colapso económico. Huelga hacer mucho hincapié en que la recesión en que nos hallamos inmersos en la actualidad sería un claro ejemplo de fase bajista de un ciclo secular.

Los ciclos seculares han sido históricamente estudiados por los economistas, atribuyéndoles diferentes causas. Como veremos, los hay que ponen el foco de atención en el elemento monetario, crediticio y financiero en general, mientras que los otros lo hacen en el "real". La disputa, también en este ámbito, está servida. Repasemos los tres tipos de explicaciones.

1. Causa crediticia y monetaria: estos ciclos serían el resultado del proceso de apalancamiento y desapalancamiento que se produce en la economía como consecuencia de la imprudencia del sector financiero, que relaja las condiciones de acceso a los créditos a gente cada vez menos solvente, pero también de los que hacen uso de esos créditos para distintos proyectos (quienes deciden endeudarse en exceso).

Al final, el crédito se ha estirado al máximo, hay gran endeudamiento en todos los agentes económicos (incluido el financiero), mientras que las enormes deudas ("dame el servicio, que yo ya pagaré otro día") habrán de devolverse con cargo a una producción futura cuya perspectiva de obtención se trunca de manera súbita con la bofetada de la crisis. La evolución en los precios de determinados sectores de la economía, la demanda, la rentabilidad de la actividad empresarial o el nivel empleo suelen moverse al unísono, ya se trate de economías en fase inflacionista o deflacionista.

2. Causa demográfica y social: ya dentro de los factores reales de la economía, otros autores localizan el origen de los ciclos seculares en elementos sociales. Algunos de éstos serían la emigración a las ciudades, un baby boom que surge en determinada generación o el envejecimiento galopante de la población, entre otros.

De producirse alguno de ellos, sería el catalizador de la explosiva demanda de ciertos bienes y servicios de la economía, tras lo que el sector productivo, al calor de los fuertes beneficios, acudiría raudo (tanto como pudiera) a satisfacer las crecientes demandas de esos sectores y de los más vinculados a ellos. Una vez puesta en marcha esa nueva estructura productiva, la desaparición (o languidez) del elemento sociodemográfico que la propició será clave también en su caída.

3. Causa tecnológico-industrial: parecidos efectos tendría esta tercera causa también "real". Algunos desencadenantes de este tercer grupo los podemos encontrar en variaciones en la cadena de valor, la relación cambiante entre agricultura, industria y servicios, los resultados de la innovación y desarrollo en determinados sectores (punto com) o la comoditización (terrible anglicismo que haría referencia a la producción en masa de módulos o componentes estándar –sin marca comercial–: sería el caso de un ordenador personal, hecho hoy día a base de componentes estándar intercambiables entre las compañías que las fabrican, lo que abarata mucho los costes de producción).

Importancia de los sectores económicos

Guerras entre escuelas económicas aparte, todos estos factores desencadenantes están entremezclados al influirse mutuamente. El estudio de los ciclos seculares es especialmente interesante de realizar de cara a detectar la importancia relativa de los distintos sectores e industrias de la economía.

El número de empresas de cada sector en un índice bursátil y su capitalización nos mostrará qué sectores se sobredimensionan o infraponderan en cada ciclo. Así, la preponderancia de las petroleras y mineras de los años 70 fue desplazada por las tecnológicas en los 90 y éstas, a su vez, por las constructoras y las financieras con el cambio de siglo.

Para tocar terreno actual, hagamos un repaso breve a los ciclos seculares en que nos encontramos hoy y su previsible duración:

  • En el mundo: ciclo alcista de materias primas que comenzó en 1998 y se prevé que concluya en torno a 2016-2020, teniendo en cuenta la duración de similares ciclos en el pasado (tómese este vaticinio con toda la prudencia posible).
  • Sector tecnológico en EEUU: el Nasdaq lleva 11 años de ciclo secular bajista cotizando por debajo del 40% de sus máximos de 2000.
  • Resto de la bolsa de EEUU: el ciclo secular bajista dio inicio también en 2000, salvo en los sectores financiero e inmobiliario cuyo colapso es más reciente (2007). Este ciclo secular bajista, que concluirá cuando el Dow Jones vuelva a estar por encima de 15.000 puntos y el S&P 500 más allá de los 1.500, puede tener su previsible final en 2015.
  • Deuda pública en países desarrollados (EEUU, Japón, Europa): gigantesco ciclo alcista comenzado en 1982 y que parece estar próximo a su fin.
  • El calvario de España: nuestro particular ciclo secular bajista arrancó en 2007 y podría terminar hasta en 2020, quizás salvo devaluación muy significativa que podría llevar a desarreglos imprevisibles en toda Europa.

La semana que viene analizaremos los activos que deben adquirir un protagonismo mayor en nuestra cartera en cada fase del ciclo económico en que nos hallemos por cumplir mejor los objetivos para los que está preparado ese activo.

En Libre Mercado

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