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La crisis de la deuda: lo peor está por llegar

Las intervenciones del BCE han conseguido frenar, por el momento, el hundimiento de la deuda española. La verdadera crisis puede estallar en otoño.

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Hasta ahora, las ventas de deuda española han venido protagonizadas, en esencia, por aquellos inversores institucionales que no se pueden permitir correr el menor riesgo, en razón de su vocación inversora. Se trata, sobre todo, de gestores de planes de pensiones y de fondos de inversión que siguen una política muy conservadora en cuanto a los riesgos a asumir. Los especuladores, en cambio, apenas han hecho acto de presencia y se han limitado a tantear hasta dónde está dispuesto a llegar el Banco Central Europeo en la defensa de los bonos españoles.

El panorama puede cambiar radicalmente a partir de septiembre. En ese momento, en el mundo anglosajón, la patria de la mayoría de los grandes inversores internacionales, comienza un nuevo año fiscal y los inversores aprovechan el momento para modificar la composición de sus carteras de inversión a medio y largo plazo en función de los riesgos y posibilidades que perciben en los mercados internacionales. No lo hacen antes para evitar, en muchos casos, la afloración de minusvalías que deterioren sus resultados. En ese momento es cuando se decide por qué países o por qué valores apostar y las carteras se aligeran de aquellos títulos más arriesgados. Se hace poco a poco, no con ventas masivas, para tratar de evitar pérdidas ocasionadas por una saturación del mercado de títulos en venta. Estos movimientos debilitan a los valores afectados.

Mientras tanto, los especuladores empiezan a estructurar sus apuestas bajistas a través de productos derivados y cuando consideran que los valores por cuya caída apuestan presentan bastantes síntomas de debilidad, empiezan a operar con ellos mediante ventas al descubierto, o con títulos prestados, y otros tipos de operaciones que hunden todavía más los valores. El mercado, entonces, percibe que algo pasa y comienzan las ventas masivas que conducen finalmente a la crisis. Pues bien, esto es lo que le puede ocurrir a la deuda española.

El mensaje que han recibido los inversores internacionales sobre la situación económica y la deuda españolas en relación con el anuncio de elecciones generales el próximo 20 de noviembre lo resumía perfectamente el último número de The Economist, que habla de parálisis en el proceso de saneamiento de la economía y los presupuestos de nuestro país y que culpa a dicho anuncio, junto a los problemas legales del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi y su ministro de Finanzas, Giulio Tremonti, de la enésima crisis que vivió el euro la semana pasada.

Además, el BCE ha dicho que la política de sostenimiento de la deuda de los países en dificultades nunca comprometerá los objetivos de inflación del banco o, dicho de otra forma, que la política de compra de deuda tiene un límite, con lo que los inversores saben que, en cualquier momento, un país podría caer y los especuladores entienden que si apuestan fuerte y en el momento adecuado pueden desarbolar las estrategias de defensa que articule el BCE. En resumen, el caldo de cultivo para que se produzca la crisis de la deuda española después del verano está prácticamente listo,... y Zapatero y su Gobierno siguen sin reaccionar.

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