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Juan Ramón Rallo

Contra El concursante

Ni la creación de dinero hipoteca al resto de la sociedad, ni el cobro de intereses es una actividad usuraria que imposibilita el pago de todas las deudas, ni los bancos salen beneficiados cuando sus créditos resultan impagados.

Juan Ramón Rallo
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Un video de la película El concursante se ha hecho muy popular en internet. En él se nos explica que todo el sistema financiero es una farsa diseñada por los bancos para apropiarse de toda la riqueza de los ciudadanos.

El razonamiento es el siguiente: en un principio, la humanidad empleaba el trueque para intercambiar bienes y servicios, pero los inconvenientes de éste forzaron a la gente a emplear un bien como medio de cambio universal, el oro; con su aparición, los agentes pasaron a necesitar un oro que no poseían por hallarse almacenado –todo él– en una empresa llamada "banco". El banco, como monopolista del oro, no estaba dispuesto a venderlo, sólo a prestarlo. Y, así las cosas, la entidad pasa a prestar a diez personas durante un año todo el oro que existe en la economía, digamos 100 monedas, a cambio de un "módico" interés del 10%: es decir, todos reciben diez monedas de oro y al cabo de doce meses deben devolver 11. Obviamente, como en la economía sólo hay 100 monedas, no será posible devolver 110, por lo que deberán aplazar el pago con el banco, a cambio de lo cual éste devengará nuevos intereses. Pero si los deudores no podían pagar 110, tampoco podrán abonar 120. Al final, la deuda pendiente con el banco será tan grande que éste recuperará todo el oro que había prestado (las 100 monedas de oro) y, además, tendrá el derecho a quedarse con todas las propiedades de sus deudores para resarcirse por los intereses no percibidos. Los ciudadanos habrán transferido toda su riqueza al banco por ser esclavos del dinero.

Como digo, el vídeo se ha hecho tremendamente popular en internet, pero mucho me temo que su fama no se debe a su rigor y calidad. Los errores son numerosos y abundantes, hasta el punto de que cuesta encontrar alguna escena que no esté plagada de varias falacias. Empecemos:

  • El dinero no se introduce en la economía como un préstamo: En el vídeo se asume que todo el oro de la economía lo posee el banco y que éste, en lugar de venderlo, se dedica a prestarlo al resto de la sociedad. La hipótesis es absurda: al principio ningún bien es dinero, sino que todas las mercancías se valoran por su utilidad directa y se intercambian vía trueque. Llega un momento, sin embargo, en el que algunos agentes descubren que unas mercancías son más fácilmente intercambiables que otras, por lo que pasan a demandarlas masivamente como paso intermedio para sus compras. Dicho de otra manera, el dinero, antes de ser dinero, era un bien que se adquiría y vendía como cualquier otro. En caso de haber estado todo él atesorado en los almacenes de una sola persona –"la que inventó el sistema", se dice en el vídeo, cuando el dinero no lo inventó nadie en particular, sino que fue descubierto socialmente–, el resto de agentes jamás lo habrían podido utilizar en sus intercambios y, por tanto, jamás se habría desarrollado como dinero.
  • Los banqueros no sólo acumulan dinero, también gastan: Ligado con el error anterior, el vídeo asume que el banquero nunca vende el oro, lo que significa que nunca gasta el dinero en nada. Vamos, tanto se enriquece que ni siquiera se digna a comprar el pan. Si él o sus accionistas decidieran comprar algo (sea un bien de consumo o de inversión), estaría intercambiando una mercancía (pan, hortalizas, coches, pisos...) por oro, esto es, estaría vendiendo el oro. Y, a partir de ese momento, esas monedas saldrían de sus almacenes y podrían emplearse para pagar los intereses de su deuda.
  • Ningún bien es siempre y en cualquier contexto dinero: El dinero es el bien económico que reúne las mejores propiedades para ser medio de cambio y de no cambio. En cada momento histórico, y según el contexto, diversos bienes han desempeñado ese papel (las vacas, la sal, las conchas, el tabaco, el trigo, el hierro, el cobre, la plata, el oro...). Una de esas propiedades fundamentales es la disponibilidad: si, por ejemplo, una sociedad dispusiera de amplios yacimientos de oro pero fuera incapaz de explotarlos, no utilizaría el metal amarillo como dinero por muy superiores que fueran sus propiedades sobre las del resto de bienes. Pero eso tampoco significa que ningún bien actuara como dinero, sino que se utilizarían otros: el proceso de descubrimiento de los mejores medios de cambio y de no cambio jamás se detiene. En el caso del vídeo, si la gente no tenía acceso al oro porque lo atesoraba un avaricioso banquero, las personas habrían efectuado sus intercambios mediante otros bienes (la plata, el platino o, en caso de extrema necesidad, las propias hortalizas que salen en el video).
  • Los proveedores de dinero son los mineros, no los bancos: Si de oro hablamos, quienes introducen el dinero en la economía no son los bancos, sino los mineros. Esto significa no sólo que la cantidad de dinero no está dada, sino que, cuando los mineros extraen el oro y lo utilizan para comprar bienes y servicios, van introduciendo la nueva producción minera en el mercado. En la actualidad, es cierto que es el banco central –el central, no los bancos privados– quien crea el dinero fiduciario en régimen de monopolio, pero, de nuevo, los ciudadanos que tienen billetes del banco central no tienen que devolvérselos con intereses, por lo que tampoco se compadece con el vídeo.
  • Los bancos privados se dedican a crear promesas de pago, no dinero: El matiz es fundamental por dos motivos. El primero es que la inmensa mayoría del oro que tengan los bancos no es suyo, sino que les ha sido a su vez prestado por otras personas: los bancos son grandes acreedores pero también grandes deudores (a los que también pagan intereses), de modo que si no cobran sus créditos tienen un serio problema. El segundo es que la práctica totalidad de las promesas de pago de los bancos no se saldan con dinero sino por compensación; esto quiere decir que la deuda puede terminar pagándose con otra deuda. Vamos a desarrollar un poco más estos dos puntos.
  • Los impagos son un problema, no una bendición, para la banca: En el vídeo se da a entender que el banquero está entusiasmado con que sus deudores no le paguen, pues así podrá cobrarles más intereses y, finalmente, quedarse con sus propiedades. Sin embargo, no olvidemos que el banco está endeudado con otras personas (los tenedores de sus billetes o depósitos), de modo que si sus créditos le son impagados, podrá verse abocado a la quiebra. Por ejemplo, si un banco ha pedido prestadas 100 onzas de oro que luego invierte en una hipoteca, en caso de que el hipotecado sólo le devuelva 10 y de que sólo pueda realizar 30 por la venta del piso, tendrá una deuda pendiente de 60 que lo llevará a la bancarrota.
  • El pago de intereses no imposibilita la devolución de los préstamos: Primero, es falso que todo el dinero de la economía le sea adeudado al sistema bancario. Las familias y las empresas tienen enormes cantidades de dinero en propiedad (incluso en forma de créditos contra la banca); por tanto, si un individuo pide un préstamo de 100 onzas de oro, lo dedica a crear una empresa que fabrica televisores y obtiene unas ganancias anuales de 120 onzas, podrá hacer frente a unos intereses de hasta el 20%. Segundo, aun cuando una economía sólo utilizara como medios de cambio las deudas de los bancos, podría llegar a devolver todos los préstamos a través de los pagos por compensación: más deudas también supondrían más medios de pago. Por ejemplo, imaginemos que los empresarios de una economía disponen de unas mercancías valoradas en 100 onzas de oro y piden unos préstamos de 90 billetes al banco (equivalentes a 90 onzas) para pagar a sus trabajadores, proveedores y accionistas, a cambio de los cuales se comprometen a devolver 100 billetes dentro de un año. El banco, por tanto, se embolsa unos beneficios de 10 billetes, que procederá a imprimir y repartir entre sus accionistas. Finalmente, cuando todos los agentes implicados hayan gastado sus 100 billetes en adquirir todos los bienes que ofrecen los empresarios, éstos le repagarán sus deudas al banco. Éste poseerá 100 billetes que serán deudas contra sí mismo, por lo que pasará a cancelarlos. La labor de intermediación del banco –el haber facilitado los medios de pago de la economía– le habrá sido recompensada con la entrega a sus accionistas de unos bienes valorados en 10 onzas. Pero, ¿qué sucedería si el banco no hubiese imprimido preventivamente 10 billetes para sus accionistas? Pues exactamente lo mismo: los empresarios le habrían devuelto al banco los 90 billetes que habrían ingresado de sus ventas a los consumidores y, para cobrarse los 10 billetes restantes, los accionistas del banco habrían pasado a apropiarse de las mercancías invendidas por los empresarios (las mismas que podrían haber comprado imprimiendo esos billetes). En definitiva, desde un punto de vista económico, el pago de intereses sólo supone la apropiación de una parte de la producción presente como remuneración por el uso anticipado de unos recursos ajenos.

Con todo lo anterior no quiero negar que los bancos puedan generar un volumen de deuda inmanejable e impagable, sobre todo cuando se dedican a crear medios de pago presentes contra bienes que, siendo optimistas, sólo existirán en el futuro. En tal caso, asistiremos a una crisis bancaria (los bancos no podrán remunerar a los accionistas y acreedores merced a unos bienes que no se han creado) y económica (muchas estructuras empresariales no guardarán relación alguna con las ofertas reales del resto de bienes y servicios). Pero, desde luego, ni la creación de dinero hipoteca al resto de la sociedad, ni el cobro de intereses es una actividad usuraria que imposibilita el pago de todas las deudas, ni los bancos salen beneficiados cuando sus créditos resultan impagados: para criticar las malas prácticas bancarias no es necesario recurrir a ninguna teoría económica profundamente deficiente.

Puede dirigir sus preguntas a contacto@juanramonrallo.com

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en los centros de estudios OMMA e Isead. Es director del Instituto Juan de Mariana.

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