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"No puede ser que los profesores que trabajan bien ganen lo mismo que los vagos"

El catedrático de la Carlos III pide más autonomía para las escuelas, disciplina en las aulas y exámenes para medir el rendimiento de los colegios.

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El catedrático de la Carlos III pide más autonomía para las escuelas, disciplina en las aulas y exámenes para medir el rendimiento de los colegios.
Antonio Cabrales, catedrático de Economía en la Universidad Carlos III de Madrid.

Antonio Cabrales es uno de los mayores expertos de España en cuestiones educativas. Doctor en Economía por la Universidad de California, actualmente es catedrático de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Carlos III de Madrid. También es investigador asociado de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), en la que entre otras funciones colabora como uno de los editores de Nada es Gratis, uno de los blogs económicos en español más exitosos de los últimos años. En esta ventana digital acumula numerosas entradas sobre la relación entre educación, economía y cómo las herramientas de esta ciencia pueden ayudar a mejorar las políticas públicas en colegios y universidades.

Además, entre el 15 y el 17 de noviembre, Fedea organiza junto con la Fundación José Ortega y Gasset – Gregorio Marañón un Seminario sobre Educación y Políticas Educativas en España, coordinado por el profesor Cabrales. Éste es uno de los más importantes intentos en los últimos tiempos para analizar las causas del fracaso educativo en nuestro país y las fórmulas para subsanarlo. Libre Mercado mantuvo la semana pasada una larga charla con Cabrales en su despacho de la Universidad Carlos III, precisamente, en un momento en el que la polémica educativa ha saltado a las primeras páginas de los periódicos. Esta primera parte de la entrevista analiza la educación infantil y primaria. La semana que viene, le tocará al turno a la universidad.

Pregunta (P): En las últimas semanas nos desayunamos, casi cada día, con fotografías de profesores de instituto en las portadas de los periódicos. Todos reclaman más recursos para la educación y piden que la sociedad valore más su trabajo. Pero, ¿por qué el profesor es una figura tan poco valorada en España?:

Respuesta (R): Uno de los mayores problemas de nuestro sistema educativo es justamente el poco respeto hacia la figura del profesor. Si uno mira la evidencia internacional resulta que esto también pasa en otros sitios. Por ejemplo, recientemente estuve en Suecia, que es un país parecido a Finlandia. ¿Por qué tiene resultados peores en el Informe PISA? Un elemento importante es que los profesores en Finlandia son muy respetados.

¿Cómo se consigue esto? Pues depende de muchas cosas. Le voy a poner un ejemplo: hablando un día con una directora de instituto en su despacho recuerdo que en medio de la conversación entró una alumna casi sin pedir permiso, luego esta misma directora se fue a fumar un cigarro con otra alumna... Ese colegueo no es sano. Parte de muchas causas: una filosofía de igualitarismo absurdo, una realidad en la que los padres acaban no respetando a los profesores porque su nivel de educación ha aumentado mucho y ya no les ven desde abajo como ocurría hace unos años...

P: ¿Y qué hay que hacer para conseguir mejores profesores o para motivar más a los que ya tenemos? ¿Pagarles más?

R: En realidad, no creo que el problema en España sea estrictamente salarial. No se ve a los profesores salir para irse a trabajar al sector privado. Y si se compara a nivel internacional no están mal pagados.

P: En el caso finlandés, canadiense y en otros sistemas muy exitosos de países occidentales, se repite una cuestión que parece ser muy importante: la autonomía de las escuelas para decidir sobre cómo organizarse en temas de currículum, de contratación de profesores, incluso de incentivos a esos profesores...

R: La autonomía es fundamental. La clave está en la libertad de los centros para gestionar sus recursos humanos, las admisiones, etc...

P: Pero a mucha gente le da miedo que si los colegios pueden establecer sistemas de selección sus hijos no puedan ir a la escuela que ellos elijan.

R: A la gente le da miedo un sistema como éste porque piensan que puede ser un caos. Estaría bien que se hiciera algún experimento y pruebas piloto para que se viera que todo va bien. Pero en un sistema como el actual, en el que lo que prima es la cercanía al centro, una educación gratuita o semigratuita acaba convirtiéndose en una subvención al suelo.

De hecho, existe mucha literatura científica sobre cómo en muchos casos lo que ocurre es que allí donde hay buenas escuelas acaban mudándose los padres con más dinero (lo pagan comprándose unas casas que son allí más caras). Por ejemplo, para ir a la escuela tal de Rhode Island, que quizás sea buenísima, lo que hay que hacer es mudarse a ese barrio, por lo que las casas se encarecen. En Pozuelo, Majadahonda o Boadilla hay institutos muy buenos, pero para ir a ellos hay que vivir allí.

P: Y a la inversa, los pobres sólo pueden ir a institutos de barrios pobres, ¿no?

R: Efectivamente, con un sistema en el que los colegios tuvieran autonomía un chaval de un barrio pobre podría intentar ir a un instituto de otra zona que no sea la suya. Aunque al final, la mayoría de los niños van a la escuela que está más cerca de su casa (es lo que ocurre en Finlandia).

P: Pero la diferencia está en que, al dar autonomía para que la escuela ponga pruebas de acceso y que su presupuesto dependa de sus resultados, aunque el resultado final sea que los niños van a la más cercana en un 95% de los casos, ya no están obligados, por lo que los incentivos de los colegios y los niños cambian por completo.

R: Ese efecto de competencia seguramente también sería importante. Yo sospecho, aunque no puedo demostrarlo todavía, que la clave de la mejora de Madrid en los últimos exámenes internacionales está en que la publicación de los resultados de unos exámenes estandarizados ha hecho que las escuelas se hayan dado cuenta de que no pueden dormirse en los laureles.

P: Da la sensación de que la Comunidad de Madrid va avanzando hacia ese modelo (más autonomía para las escuelas y más libertad de elección a los padres), con los institutos bilingües, con más libertad de elección de centro, con los centros tecnológicos o de excelencia, etc.. Pero no se atreve a dar el paso final, quizás por miedo a que digan que quiere privatizar la escuela pública o algo así:

R: Los políticos tienen miedo, claro. Nosotros podemos escribir lo que nos dé la gana y lo máximo que nos puede pasar es que nos insulten en el blog, pero ellos pueden perder las elecciones. Por eso no pueden dar todos los pasos a la vez, por muy reformistas que sean, hasta que la gente no se convenza de que no está mal. Por ejemplo, a mí me da la sensación de que la publicación de las notas de las que hablábamos ha establecido el principio de que las escuelas tienen que tener algún tipo de control y de valoración.

Ni siquiera aunque otro partido ganase las elecciones se atrevería a dar marcha atrás en esto. Todo el mundo entiende que una escuela de un barrio marginal no va a tener las mismas notas que las de un barrio rico. Pero se puede comparar las escuelas de entornos similares y eso lo entiende todo el mundo. Yo preferiría mayor valentía en los políticos, pero entiendo que es difícil.

P: Otra cuestión relevante es la del dinero. Aunque siempre que surge esta discusión se echa mano al tópico de que hay que invertir en educación, cuando se analizan los resultados de PISA no se ve que los países con mejores notas se gasten mucho más.

R: No tiene tanta importancia la cantidad absoluta como la distribución de los recursos. Por ejemplo, una forma en la que se ha gastado en todos los países ha sido reduciendo de forma lineal los tamaños de las clases. Cuando yo estudiaba éramos cincuenta y ahora son 25 por clase. Eso es muy caro y no parece que sea la forma más inteligente de gastar los recursos. Yo entiendo que en una clase de informática práctica con ordenador debe haber grupos pequeños, pero yo he dado clases magistrales para 150-100-50 ó 25 alumnos y no creo que la diferencia en lo que han recibido sea tan grande.

Puede que sea más inteligente gastarse ese dinero en dar buenos incentivos a los profesores, algo tan sencillo como pago por rendimiento. Establecer un estándar de rendimiento de los alumnos y pagar más a los maestros que consigan mejores resultados.

P: ¿Qué dos o tres medidas podrían implementarse rápidamente para mejorar el sistema?

R: Yo llevo tiempo proponiendo medio en broma medio en serio una especie de carnet por puntos escolar. Uno de los mayores problemas que tenemos es el comportamiento en clase: hay más interrupciones, menos atención, más indisciplina. Normalmente, se contesta que esto no puede cambiarse porque somos españoles, somos latinos... Es lo mismo que se decía cuando se implantó el carnet por puntos: la gente no va a cambiar su forma de conducir. Pues resulta que, de pronto, nos ponen multas y nos convertimos en finlandeses porque la gente sabe que si bebes o corres te castigan.

En la educación podría hacerse algo parecido: chaval que se porta mal, se le van restando puntos y cuando se acaban se le expulsa, se le pone una multa, trabajos sociales... Lo que sea, pero que el chico vea que su comportamiento tiene una consecuencia. Y sólo es necesaria una reforma legal. En Madrid han dado un pequeño paso, porque han investido al profesor del carácter de autoridad y puede imponer sanciones. El problema es que ahora no hay sanciones o son muy pequeñas. Yo propongo esto del carnet por puntos porque es muy visual, muy periodístico, pero podría ser cualquier otra cosa. Pero algo debería haber para que el chaval supiera que tiene enfrente a alguien que, si se pasa, le va a sancionar.

P: ¿Y qué medidas económicas podrían adoptarse?

R: Una de las medidas que yo tomaría sería poner incentivos monetarios a los profesores que lo hacen bien. No es sólo porque, como sabemos en economía, los incentivos funcionen. Hay otra cuestión que es casi psicológica y que los propios docentes cuentan que es muy desmotivadora: ellos ven que hay profesores que trabajan mucho y bien y otros que trabajan mucho menos, pero todos se llevan lo mismo. Eso no puede ser.

Además, esos que no hacen nada acaban generándote problemas. Esto lo aguantas un año, dos o tres, por tu profesionalismo o motivación, pero acaba cansando a cualquiera. Si al mismo tiempo que en Madrid han hecho esta reducción de plantilla se hubiera planteado lo que ahorramos, va a ir a los profesores que lo hagan mejor, la reacción quizás habría sido muy distinta.

P: Pero el problema ahí es que los sindicatos en el momento en que hablas de diferenciar los sueldos o poner incentivos dicen rápidamente que no.

R: Bueno, hay un caso interesante, que es el de Andalucía, que es el Plan de Calidad, que ponía incentivos monetarios a los institutos que mejorasen sus resultados. Y algunos sindicatos aceptaron. No es tan difícil. Los claustros de profesores tenían que aprobar esta media por dos tercios y la mayoría de los centros lo aceptaron. Es una iniciativa de la que casi no se ha hablado, pero es una experiencia interesante.

P: Si esto funciona demostraría que esto no es una cuestión ideológica. Muchas de las cuestiones de las que hemos hablado deberían ser de puro sentido común, un socialdemócrata clásico debería poder aceptarlas, no deberían molestarle, ¿no cree?

R: Efectivamente, por eso es tan sorprendente que las resistencias vengan siempre de ese lado. La situación actual no está en el propio interés del sistema o de los trabajadores. Está en el propio interés de los trabajadores vagos de la escuela pública. Pero condicionar el resultado de un país al interés de los peores profesores de la enseñanza pública es un poco lamentable. Estas medidas no son ni caras ni difíciles.

P: ¿Hay algún sitio dónde se estén consiguiendo buenos resultados?

R: Castilla y León.

P: ¿Por qué esta comunidad?

R: No estoy seguro porque no he dado clase allí, pero mis sospechas van porque en esa región el señor profesor sigue teniendo un estatus que ha perdido en muchos otros lugares. Esa idea de que el profesor tenga autoridad y esa otra idea de la que hablamos antes que ha puesto en marcha Madrid de que los colegios rindan cuentas, a partir de ahí podemos empezar a mejorar y no son medidas caras.

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