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La misión cumplida de Merkel

Ninguna decisión burocrática puede resolver el problema: la losa de la deuda pública que carga a las generaciones futuras con la factura de las presentes en un ejemplo de egoísmo sin precedentes.

GEES
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El debate subyacente a la cumbre del Euro y crisis deudora occidental es ¿quién es el motor de la economía, el estado o el sector privado?

Merkel ha vencido contra los obsesos en simpatizar con la posición de deudor y la voluntad de convertir a Alemania en prestador de último recurso permanente. Hasta este verano la quiebra de Grecia era intolerable, impensable requerir pérdidas a inversores privados y la unión fiscal, o constante dependencia crediticia de Alemania, proclamada solución universal.

La suspensión de pagos es hoy punto de partida indiscutible, los bancos asumirán quitas de más del 50% y no habrá unión fiscal.

Es curioso que, desbrozando el conjunto de inanidades publicadas por medios oficialistas durante la crisis, en el GEES fuésemos descubriendo por dónde se encauzaba la solución llevándoles, sencillamente, la contraria.

Predijimos la quiebra griega el 25 de mayo cuando no se quería oír hablar de ella porque, según se chantajeaba a Merkel, lo pondría todo patas arriba ("Esto implica lo que (...) se llama una suave reestructuración de la deuda en la forma de un retraso en sus pagos") y el 8 de junio ("el resto de los acreedores han caído en la cuenta de que más vale anotarse las pérdidas de la restructuración griega cuanto antes porque esperar no mejora las expectativas").

Predijimos la recapitalización consecuencia de esta: "si no es factible la unión fiscal, ni la solución inflacionista (...) no es imposible que se llegue por la fuerza de lo inevitable a la solución ortodoxa: reestructurar la deuda... recapitalizando acaso los bancos afectados".

Y la imposibilidad de la unión fiscal no prevista en los tratados más allá del uso del fondo de estabilidad como seguro y agencia de colocación de deuda: "por mucho que entusiasme a la elite (...), apoyada por una prensa activista, se enfrenta con un pequeño inconveniente. Es ilegal, es despótica y es económicamente infructuosa".

Y explicamos que solo volviendo al euro more Maastricht, obligando al cumplimiento de los criterios de convergencia, se podría acometer el futuro: "Una política monetaria independiente debía proporcionar moneda estable, sin devaluaciones ni expansiones crediticias infundadas. Esto no eran defectos del euro, eran su objetivo".

Pero ninguna decisión burocrática puede resolver el problema: la losa de la deuda pública que carga a las generaciones futuras con la factura de las presentes en un ejemplo de egoísmo sin precedentes. No es relevante que acertáramos, sino que lo hiciéramos contradiciendo a los medios dominantes encargados de confundir para promover una opción ideológica letal, el socialismo, heredero democrático del comunismo que merece el mismo final. El camino está señalado por las costumbres financieras germánicas, falta recorrerlo revitalizando el sector privado mediante austeridad pública e incentivación de la actividad. Que los contendientes en las primarias republicanas americanas estén compitiendo por la más ingeniosa propuesta de tipo impositivo único y reducciones de cargas muestra el horizonte. Enterrar el consenso socialdemócrata, y su divinización del estado, permitiría mirarlo con esperanza. Merkel ha tenido valor. Que sigan otros.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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