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El miedo a un corralito abarrota las cajas de seguridad de bancos españoles

Cada vez más gente decide guardar sus ahorros bajo el colchón. O al menos, en su versión más sofisticada.

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Desde que comenzó la crisis hay lista de espera en muchas de las sucursales que poseen este servicio, sobre todo en las que están muy radicadas en los barrios más pudientes. La demanda, además, va en aumento pese a lo limitado de la oferta, de sólo unas 20.000 en toda España. Algunas de ellas poseen un complicado sistema de encriptación por huella dactilar, otras siguen un procedimiento más simple.

Este boom obedece, según el suplemento Crónica de El Mundo, a tres razones esenciales: la alta compra de oro, los que prefieren dejar allí sus fondos por miedo a un posible corralito, o por la creciente atención de Hacienda ante el dinero negro.

Muchos clientes de entidades bancarias, en definitiva, han decidido sacar sus ahorros de bancos y cajas de ahorros quebradas y depositarlos en cajas de seguridad a modo de refugio seguro. Hablamos de joyas, escrituras y miles y miles de euros. Es el caso de muchos septuagenarios, que consideran esos elementos su plan de pensiones particular. O, simplemente, porque están "indignados con los bancos y sus nuevas comisiones", dice el texto de El Mundo

No obstante, no siempre se trata de dinero limpio. También están los que no han pagado la tributación por tratarse de dinero negro, recibido en B. Los cabecillas de Gürtel guardaban así su dinero en bancos.

Hacienda está tras estas cajas de caudales desde hace dos años. Pero sus intentos no han acabado de prosperar, dados –quizá- los intereses ocultos en estas cajas. "Dudo que sin una orden judicial se puedan abrir y ningún juez lo autorizará a si no hay un indicio o , al menos, sospecha fundada de que su contenido es producto de la comisión de un delito"; dice José María Mollinedo, secretario general de los Técnicos de Hacienda.

Desde los bancos confirman que hay sobredemanda de estas cajas. Casi todas las cajas tienen el 100% de ocupación y lista de espera. La media estaría en el 98 por ciento. El tratar de obtener una es un proceso complicado. Los propios bancos "prefieren un cliente con mucho tiempo de antigüedad, con un buen saldo y un historial crediticio impecable. Sin, de pronto, se conoce que ha pagado una fianza judicial o ha estado encarcelado, nos negamos".

Eso le ocurrió a un socio de Francisco Correa. Cuando supo que las autoridades iban tras él, trató de hacerse con una caja y no pudo. "Era obvio que trataba de esconder algo turbio", dice una ejecutiva de comunicación de una institución crediticia intervenida por el Estado".

Las cajas se pagan por decímetro cúbico. 15 euros anuales de media. El precio va de los 200 hasta los 600 euros. Parten desde los 14 decímetros cúbicos hasta 135, con 52 de largo, 52 de ancho y 52 de altura. En esos últimos pueden caber hasta 6.000 euros, el máximo sin mostrar al perito. La mayorái de clientes optan por el seguro mínimo porque para superar el antiguo millón de pesetas de compensación, los expertos deben acceder al contenido.

Javier Santomá, profesor del IESE en dirección financiera, señala que es comprensible la situación porque nos inyectan miedo constantemente. "Es una situación extrañaporque se saca el dinero del banco y lo depositamos en sus propias cajas de caudales. Es una contradicción en cierto sentido...". No obstante, tiene sentido en un "marco de incertidumbre ante posibles quiebras bancarias". Y entran también en solfa los recuerdos del corralito argentino y la Guerra Civil española.

Un caso especial es el de la venta de oro, que e ha multiplicado masivamente como bien refugio a precios inverosímiles. Un kilo de oro, valorado en 40.000 euros, apenas ocupa lo que un iPhone 4, un tamaño perfecto para almacenarlo en estas cajas.

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