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Irlanda, el ejemplo que debería seguir Rajoy para salir de la crisis

El país celta sigue en riesgo por su alto nivel de deuda pública, pero comienza a ver la luz al final del túnel.

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Desde que algún listo, seguramente en un periódico inglés, se inventó aquello de los PIIGS para definir a los países periféricos de la UE (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España), caracterizados por su atraso, su estructura económica rígida y su falta de competitividad, el nombre ha hecho fortuna. Es fácil de recordar y muy descriptivo (pigs significa cerdos en inglés).

Irlanda, sobre la que al principio había dudas de si formaba parte del club, consiguió salirse del grupo a lomos de una economía pujante, que dobló su PIB per cápita en apenas dos décadas y dejó atrás incluso a sus vecinos británicos. El tigre celta era un auténtico milagro económico, objeto de estudio en todas las universidades, hasta que en 2007 la burbuja inmobiliaria estalló. Como en España, el sector del ladrillo había crecido de forma desmedida, gracias a la laxa política monetaria del BCE. La ecuación crédito fácil más desarrollo explosivo del sistema financiero (con un crecimiento del crédito del 20% anual entre 2001 y 2006) tomó cuerpo en una desmesura de nuevas casas que ahora siguen vacías.

Sin embargo, a pesar de que el problema de la construcción era importante, la economía irlandesa parecía lo suficientemente fuerte como para resistir hasta que en septiembre de 2008 su Gobierno tomó una de esas fatídicas decisiones que pueden marcar el destino de un país durante muchos años: respaldó con dinero público el 100% de los depósitos de su banca. De esta manera, el peso de la quiebra de un sector financiero completamente sobredimensionado (600% del PIB) pasó a los hombros de los contribuyentes irlandeses y no de los acreedores de los bancos.

Desde ese momento, la economía del país celta comenzó a despeñarse sin freno hasta que la UE tuvo que rescatar a su Gobierno, que ha cerrado los dos últimos ejercicios con un déficit del 14,2% y del 31,3%: el milagro irlandés se convertía en pesadilla. Además, ni siquiera la intervención europea sirvió para calmar completamente a los mercados, que esperaban que Dublín fuera la siguiente pieza en caer después de Atenas. El interés de los bonos a diez años alcanzaba en julio de este año un nivel del 14,219%. Parecía imposible que el país se recuperase sin entrar en una abierta bancarrota.

¿Esperanza?

Sin embargo, a partir del pasado verano las cosas han empezado a cambiar. Los riesgos sobre la economía irlandesa siguen siendo enormes. Nada es descartable, ni siquiera que vaya a necesitar de nuevo el salvavidas europeo o la quiebra, pero al menos empieza a verse la luz al final del túnel. Irlanda es la esperanza en la que se deberían mirar los PIIGS. Sólo este país, de entre los rescatados en la zona euro, parece haber encontrado un camino hacia la salvación, más allá del ejemplo seguido por los países bálticos (ver aquí y aquí).

Los datos

Varios son los datos que permiten ser ligeramente optimistas acerca de la economía irlandesa. El primero es el del precio de su deuda en los mercados secundarios, aunque sólo sea como indicador de la percepción de los inversores acerca de su fiabilidad. Si en julio, los bonos a diez años pagaban el 14,2%, a comienzos de este mes de noviembre habían llegado a caer hasta el 7,5% (más o menos lo mismo que Italia tiene en la actualidad). Las últimas noticias sobre inestabilidad en Roma o Atenas han vuelto a provocar una ligera subida de la prima de riesgo irlandesa, pero sigue muy lejos de los máximos alcanzados a principios de verano.

Evidentemente, si cae el precio de la deuda, el Gobierno tendrá más fácil cumplir con sus objetivos de déficit. Además, la recaudación debería aumentar al mismo ritmo en que lo hace el crecimiento. Irlanda es la única de las economías de los PIIGS que tiene unas perspectivas razonables para los próximos ejercicios. Sin ser para tirar cohetes, la previsión de la Comisión Europea de que crecerá un 1,1% en 2011 y 2012 y un 2,3% en 2013, deja margen a la esperanza para los ciudadanos celtas.

Además, la tasa de paro, que ha alcanzado este año su máximo del 14,4%, se espera que caiga ligeramente en los próximos años. Y la balanza por cuenta corriente (la diferencia entre exportaciones e importaciones), que se había deteriorado enormemente poco antes del comienzo de la crisis, ha mejorado mucho, del -5,6% en 2008 hasta el 1,8% positivo esperado este año.

Las razones

Las claves de esta sorprendente mejoría hay que buscarlas en las razones que hicieron que Irlanda creciera sin interrupción durante veinte años. Por una parte, el país celta tiene uno de los mercados laborales más flexibles de Europa. Por otro lado, su economía está en el séptimo puesto mundial en el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation y The Wall Street Journal.

Además, es uno de los estados que más facilidades pone a las aperturas de nuevos negocios. Según el ranking Doing Business, del Banco Mundial, está en el décimo puesto de todo el planeta.

Doing Business 2011. Cuadro de Irlanda (Fuente: Banco Mundial)

Y pese a las presiones de la UE, ninguno de los sucesivos gobiernos irlandeses ha tocado la tributación de las empresas, una de las más bajas de los países occidentales y clave para atraer a todas las empresas que han hecho de la isla uno de los principales centros de I+D de toda Europa.

Por eso, si Irlanda está mal por culpa de las malas decisiones de su Gobierno respecto a la salvación de los bancos y al exceso de deuda pública, también puede decirse que mantiene alguna esperanza gracias a la enorme flexibilidad de su economía.

Quizás haya pocos gráficos que ilustren mejor esta realidad que el siguiente, sobre costes laborales en los PIIGS. En Grecia, España, Italia o Portugal, los costes no han hecho sino crecer, al tiempo que la productividad se desplomaba (incluso en mitad de la crisis, apenas ha habido mejoras en este aspecto), debido a su rigidez en la legislación laboral, que obliga a las empresas a hacer los ajustes en forma de despidos y no de salarios.

El mayor problema con el que se enfrentarán el nuevo Gobierno griego, italiano y español, es que ninguna de estas normas está vigente (ni siquiera en un formato parecido) en sus países. Ellos deberán demostrar la valentía política que los dirigentes irlandeses tuvieron cuando soportaron la presión de la UE y no tocaron sus normas societarias o laborales. Quizás sea la única manera para que el término PIIGS pase a ser simplemente un mal recuerdo.

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