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Todos los planes para salvar el euro pasan por ceder soberanía nacional

Las medidas para ayudar a los países en problemas pasan todas por la aceptación de un Gobierno conjunto para la Eurozona.

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Angela Merkel no pagará el rescate de ningún país que no pueda controlar. Todas las vueltas que se están dando a las posibles soluciones a la actual crisis de deuda pública que recorre la Eurozona están obviando de forma reiterada una cuestión clave: si alguien quiere que Alemania pague la factura tendrá que entregar parte del poder de su política económica.

En la jornada de lunes se conoció la última propuesta. Ya casi nadie se acuerda de que hace menos de un mes, en la Cumbre de la UE que se celebró en Bruselas, los líderes comunitarios pactaron una salida a la crisis de deuda que ahora ya se considera papel mojado. Ante esta parálisis, la Comisión Europea dará a conocer este miércoles su nuevo plan de acción (filtrado unas horas antes por The Wall Street Journal).

Según este documento, la única solución está en los eurobonos. Esta opción siempre ha sido descartada por el Gobierno germano hasta que este lunes su portavoz ha admitido que están dispuestos a hablar de todo. La Comisión, incluso, ha planteado tres tipos distintos de eurobonos: un primer formato en el que toda la deuda que emitan los países de la Eurozona y sus garantías son conjuntas; una segunda alternativa en la que sólo llegarían hasta el 60% de la deuda de un país y con garantías limitadas; y una tercera opción en la que la emisión sería conjunta y cada país avalaría su parte. Esta última opción es la menos satisfactoria para Bruselas, pero sería la más fácil de imponer porque no habría que modificar los tratados.

En cualquier caso, se avance o no en el camino de los eurobonos, lo que parece cada vez más claro es que Angela Merkel no pondrá un euro sobre la mesa hasta que no tenga garantías plenas de que controlará la economía de la UE. En estos momentos hay varias soluciones técnicas con opciones de ser implementadas: bolsa común de deuda, quiebra ordenada e incluso monetización de deuda.

El peaje

Todas ellas tendrán que recibir el visto bueno de Berlín. Y para que el Gobierno alemán y su electorado acepten pagar la factura (algo que ocurriría en casi todas las opciones) pedirán a cambio un fuerte peaje: imponer las reglas de la política económica de sus vecinos.

Sobre esta cuestión se está hablando muy poco, cuando en realidad es la más importante de todas. Todas las soluciones económicas tienen en común que implican una redefinición completa del Gobierno económico de los países de la UE.

En Alemania se ha llegado a la conclusión de que las normas con las que se creó el euro (el Pacto de Estabilidad y Crecimiento) eran demasiado flexibles y fáciles de incumplir. Por eso, se teme que si ahora dan dinero a griegos, italianos y españoles, estos vuelvan a las andadas. En ninguno de los países rescatados o en problemas (con la excepción de Irlanda) se han emprendido las reformas necesarias para crecer de forma segura a medio plazo. A lo máximo que se ha llegado es a aprobar recortes en el gasto para reducir el déficit de este ejercicio. Pero eso tampoco servirá: ya se sabe que Grecia o España no cumplirán sus objetivos para este año.

Por eso, las declaraciones de sus líderes no significan nada ahora para Angela Merkel. Y esta es la misma idea que aparece en el documento de la Comisión. Incluso en Bruselas se acepta ya que habrá que endurecer las condiciones y vigilar de cerca su aplicación. Lo que se dibuja en el horizonte es un Gobierno económico y fiscal común para la Eurozona dirigido por Alemania. Quien quiera aceptarlo, será rescatado y tendrá el respaldo de Berlín. El que no pase por el aro, tendrá que enfrentarse solo a la tormenta.

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