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El papel de Jovellanos en el gran cambio de 1808

Tenía razón el conde de Toreno cuando señaló que la Guerra de la Independencia había sido una revolución. Pero las ideas de Jovellanos y de sus seguidores fueron las que alimentaron esa revolución.

Juan Velarde
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Como consecuencia de la influencia del mensaje en la revista francesa de historia, Annales, existe una tendencia clarísima a explicar el devenir de los pueblos gracias al análisis de los intereses económicos. Los economistas rechazamos tan tosco planteamiento con antecedentes en Marx. El genio de Keynes acertó a explicarlo así en las líneas finales de su Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero: "Estoy seguro de que el poder de los intereses creados se exagera mucho, comparado con la intrusión gradual de las ideas... Tarde o temprano son las ideas y no los intereses creados los que ofrecen oportunidades, tanto para el mal como para el bien".

En el siglo XVIII existió un feroz combate de ideas en España. Desde los trabajos de Teófanes Egido, y más recientemente, tras la magnífica biografía de Campomanes, de Concepción de Castro, conocemos la violencia con que actuaba el reaccionario "partido español", representante de lo que denominó Ernest Lluch "las Españas vencidas", y las réplicas del "partido golilla", vinculado con los ilustrados, decidido a efectuar reformas que van a molestar rangos, poder político, intereses económicos de gentes poderosas, que reaccionan con fuerza, y que consiguen un notable apoyo popular.

El papel de Jovellanos fue ofrecer las ideas básicas, que después ampliarán los doceañistas –en vanguardia, Argüelles, Flórez Estrada y Canga Argüelles– para hacer saltar por los aires las tesis reaccionarias. El catalizador fue la apuesta patriota de estas personas, con su vinculación al bando alzado como consecuencia de la intervención de Napoleón movida por el golpe de Estado reaccionario del príncipe Fernando contra su padre. Si Napoleón hubiese pactado con Fernando, la difusión de las ideas jovellanistas, trasmutadas pronto en doceañistas, no se hubiera producido, al menos tan rápidamente.

De acuerdo con Francisco Comín Comín, las ideas –y ahora vemos que éstas han acabado triunfando– pueden agruparse en diez apartados: 1) Ataque al intervencionismo, y busca del imperio del mercado; no en balde Jovellanos comparó en la Economía, al "teorema de la mano invisible" de Adam Smith con el principio de la gravitación universal de Newton para la Mecánica; 2) Primeros escarceos del librecambismo, hoy triunfante; 3) La desamortización de los bienes raíces en poder de las manos muertas; 4) La desvinculación de mayorazgos y la disolución de los señoríos; 5) El acotamiento de las propiedades territoriales, consagrando para siempre el derecho de propiedad privada; 6) La disolución de la Mesta; 7) La desaparición del diezmo eclesiástico y la creación de un sistema tributario moderno; 8) La responsabilidad estatal ante la Deuda pública, con lo que se entró en el circuito financiero mundial; 9) Tras la crisis de los vales reales, la ordenación del sistema crediticio; y 10) Creación, con el artículo 321 de la Constitución de Cádiz, del inicio del Estado de Bienestar español. Yo añadiría su odio a la corrupción, como factor de freno a la actividad, y su preocupación por una enseñanza diferente, como mostró en el Instituto de Gijón.

Tenía razón el conde de Toreno cuando señaló que la Guerra de la Independencia había sido una revolución. Pero las ideas de Jovellanos y de sus seguidores fueron las que alimentaron esa revolución. Y cuando las contemplamos desde el prisma de la actualidad, impresiona su vigencia.

Juan Verlarde es catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid.

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