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Un acuerdo para frenar la reforma

Creo que el Gobierno debería pasar por alto este acuerdo y legislar de una vez por todas, con el fin de cortar de raíz los males que aquejan a nuestro mercado de trabajo. Si no lo hace, la reforma laboral no será más que agua de borrajas.

Emilio J. González
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Si hay una cosa que tienen en común en este país los sindicatos y las patronales es que a todos ellos hablar de la descentralización de la negociación colectiva al nivel de empresa les produce auténticos sarpullidos porque convertiría a estas organizaciones en irrelevantes. Su razón de ser consiste en representar a todas las empresas y trabajadores de todos los sectores y ámbitos territoriales de este país en la mesa de negociaciones, pero si los convenios pasan a discutirse a nivel de empresa, como en su momento anunció Rajoy que era su pretensión, el papel de los agentes sociales quedaría vacío de contenido y no podrían soportar sus mastodónticas estructuras funcionariales, concebidas, precisamente, para preparar la negociación colectiva. Por ello, este lunes por la noche ambas partes alcanzaron un acuerdo sobre salarios, descuelgue de los convenios colectivos y flexibilidad interna de las empresas, con el que pretenden evitar que el Gobierno descentralice la negociación colectiva. Sin embargo, el propio contenido del acuerdo demuestra que los agentes sociales viven de espaldas a la realidad de este país, que sólo les importa mantener su papel en el entramado institucional de nuestro país y, por tanto, que son parte del problema en vez de la solución. Me explico.

Cuando el Banco de España nos acaba de decir que la economía española caerá este año un 1,5% y que el desempleo subirá hasta el 23,4%, suponiendo que se lleven a cabo las reformas estructurales y la reducción del déficit a que nuestro país se ha comprometido con la Unión Europea, ¿cómo es posible que patronales y sindicatos pacten una subida salarial del 0,5% para este año y del 0,6% para los dos siguientes? En el contexto que describe el Banco de España lo que va a suceder con las empresas es que seguirán perdiendo ingresos. En esas circunstancias subir los salarios, por poco que sea, lo que hace es crearles más problemas y forzarles a seguir despidiendo gente e, incluso, a declararse en quiebra. En cambio, si la negociación se produjera a nivel de empresa, la evolución de los salarios sería más acorde con la realidad, congelándose donde fuera necesario para preservar el empleo y la propia existencia de la empresa o, incluso, si resultara necesario, reduciéndose. Recientemente, el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, escribía con toda razón que el problema de competitividad de España radica en el mecanismo de formación de los salarios, es decir, la negociación colectiva, por lo cual su reforma resulta del todo punto imprescindible. Pues bien, patronales y sindicatos acaban de confirmar con su acuerdo que Guindos está cargado de razón y, por tanto, que hay que proceder de forma inmediata a la descentralización.

El acuerdo entre patronales y sindicatos habla también de posibilidades de descuelgue para las empresas en dificultades y de medidas de flexibilidad interna en la empresa. El problema es que todo esto establece un marco para todas las empresas en vez de dejar que cada una de ellas negocie y actúe de acuerde con sus propias circunstancias, con plena libertad y con capacidad automática para adaptarse a lo que se le pueda venir encima. Un marco, sin embargo, siempre implica condiciones a cumplir, retrasos y cargas burocráticas y, en última instancia, la posibilidad de que los juzgados de lo social fuercen a la empresa a dar marcha atrás en todo lo que pueda hacer en este sentido. Por ello, lo que hay que hacer es modificar la legislación laboral, no introducir más parches que, al final no resuelven nada.

Por último, patronal y sindicatos pretenden que todo esto sea temporal y volver al mismo sistema a partir de 2014, cuando suponen que estaremos empezando a superar la crisis. Es decir, que estamos ante concesiones temporales para que nada cambie, ni la estructura de las relaciones laborales ni el papel de los agentes sociales, cuando esto es lo primero que tiene que variar, no sólo para superar las dificultades actuales sino también, y sobre todo, para no volver a cometer los mismos errores que nos han llevado a esta situación.

Por todo ello, creo que el Gobierno debería pasar por alto este acuerdo y legislar de una vez por todas, con el fin de cortar de raíz los males que aquejan a nuestro mercado de trabajo. Si no lo hace y acepta lo que están pactando las patronales y los sindicatos, habrá caído en su trampa y la reforma laboral no será más que agua de borrajas.

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