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Del suburbio a la lista Forbes: así es el promotor de Las Vegas de Madrid

De una familia de inmigrantes judíos ucranianos al 16º puesto entre los más ricos del mundo, Sheldon Adelson es más que un exitoso hombre de negocios.

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De una familia de inmigrantes judíos ucranianos al 16º puesto entre los más ricos del mundo, Sheldon Adelson es más que un exitoso hombre de negocios.
Adelson, durante una rueda de prensa en 2010 | Wikipedia / Bectrigger

El establecimiento de una "sucursal" de Las Vegas en las cercanías de Madrid está siendo uno de los temas políticos y económicos de las últimas semanas: las administraciones madrileñas se han mostrado entusiasmadas con un proyecto que creen que crearía más de 250.000 puestos de trabajo.

Otros, como los sindicatos, se han mostrado radicalmente en contra y hablan del macroproyecto como "una broma pesada". Y no han faltado medios de comunicación que dirijan severas críticas  a la idea: El País, por ejemplo, llegó a calificar el plan de "delirio de ambición".

Pero ¿quién está detrás de un plan que si bien no es delirante sí será, si finalmente se lleva a cabo, más que ambicioso? La respuesta sorprenderá, en parte al menos, a muchos: Sheldon Adelson, un millonario americano (esa es la parte más esperable) que tiene 78 años.

De un suburbio de Boston a la lista Forbes

La vida de Sheldon Adelson podría representar perfectamente lo que se conoce popularmente como "el sueño americano": nacido de una familia de inmigrantes judíos llegados a Boston desde Ucrania, su padre era taxista y su madre tenía una pequeña tienda de géneros de punto.

Vivía en una barriada de clase media baja y él mismo ganó sus primeros dólares vendiendo periódicos tras invertir en una esquina adecuada. Fue a la universidad en Nueva York, pero no termino sus estudios y tras eso pasó por el ejército, trabajó como taquígrafo y, más tarde, se dedicó a asesorar a compañías sobre cómo salir a bolsa, con lo que empezó a ganar sumas significativas de dinero.

A principios de los 60, y tras acumular algo de capital, volvió a su Boston natal y empezó a invertir en empresas. Según algunas fuentes llegaron a pasar por sus manos más de 60 compañías.

Una de ellas, comprada en 1971, era una pequeña editorial especializada en publicaciones sobre informática. Poco después, al ir a una feria que estaba organizada por otra editorial especializada, pensó que él podía hacer lo mismo en el ámbito de los ordenadores. Así, creo una pequeña feria que se celebró por primera vez en 1973 y no resultaba un gran negocio, pero que explotó cuando la trasladó a Las Vegas y la llamó COMDEX: durante los años 80 llegó a ser la principal feria de su ramo en todo el mundo con decenas de miles de visitantes por edición.

Alrededor de COMDEX creó una gran empresa de eventos feriales que acabó vendiendo en 1995 por la fabulosa cantidad de 860 millones de dólares. Ya entonces había empezado a invertir en casinos de Las Vegas, pero a partir de ese momento sus inversiones tomaron otro vuelo: creó un centro de convenciones en la ciudad del estado Nevada (en aquel momento el primero privado de EEUU) y, tras una luna de miel en Venecia, se le ocurrió una idea que a muchos les podría parecer disparatada: un casino que reprodujese en Las Vegas la atmósfera y los canales de la ciudad italiana.

Así nació el Venetian, un proyecto cuya magnitud nos puede dar una idea de lo que Adelson quiere crear en Europa (y esperemos que en Madrid): el hotel tiene más de 4.000 habitaciones, todas ellas suites, 35 restaurantes, dos grandes teatros, más de una docena de pubs y night clubs... incluso llegó a tener durante siete años, agárrense, su propia filial del Guggenheim, el Guggenheim Hermitage Museum, en un edificio diseñado por el famoso arquitecto Rem Koolhaas.

Todavía más

El éxito del Venetian fue fulminante, a pesar de diversos problemas legales y de algunas controversias, como el enfrentamiento que el propio Adelson tuvo con los sindicatos del que, por cierto, salió victorioso.

Pero aquello no parecía suficiente para nuestro protagonista, que se lanzó a internacionalizar sus negocios y a una segunda aventura en Las Vegas, con la construcción de otro gigantesco resort, el Palazzo, con más de 3.000 suites que, por cierto, incluyen las habitaciones estándar más grandes de la ciudad: la más pequeña tiene 67 metros cuadrados.

La construcción del Palazzo y la puesta en marcha de sus proyectos internacionales llevó a la compañía de Adelson, Las Vegas Sands, a presentar pérdidas en el año 2004. Pero nuestro protagonista siguió adelante: una más que exitosa salida a bolsa le proporcionó el impulso no sólo para terminar el Palazzo sino también para culminar la expansión de sus negocios a Asia, donde ya posee cuatro grandes centros: dos casinos (uno de ellos reproduciendo también el modelo veneciano) y un hotel en Macao y el más que espectacular Marina Bay Sands en Singapur.

Un millonario comprometido, a su manera

Sus distintos negocios le han reportado a Adelson una fenomenal fortuna que lo sitúa como el décimo sexto hombre más rico del mundo según la conocida lista Forbes. Esta publicación estima el valor de su patrimonio en 21.500 millones de dólares, 16.400 millones de euros.

Al igual que muchos otros millonarios americanos, nuestro protagonista entiende que tiene la obligación moral de donar a diversas causas cantidades significativas de su fortuna como una forma de devolver a la sociedad parte de lo mucho que ésta le ha dado.

Eso sí, como todo lo que hace, la filantropía de Adelson tienen un sello muy personal. La mayoría de sus donaciones se vehiculan a través de la Adelson Family Foundation y están pensadas, tal y como se señala en la propia web de esta fundación, para "fortalecer al Estado de Israel y al pueblo judío".

Las sumas son impresionantes: en los últimos cinco años ha donado 50 millones de dólares a Yad Vashem, el Museo del Holocausto en Jerusalén; o 10 millones al año a Birthright Israel, una organización que se dedica a llevar jóvenes americanos a que conozcan el estado hebreo.

En conjunto y a través de muchas organizaciones en distintos campos la fundación de los Adelson (la dirige con su esposa) espera donar 200 millones de dólares al año.

También en política: un republicano convencido

El dinero de Adelson también interviene, como es habitual en los Estados Unidos en los hombres de su perfil o incluso en las grandes compañías, en la política interna del país. El magnate de los casinos es un reconocido republicano, aunque de más joven se definía como demócrata.

En la anterior campaña presidencial aportó fondos para diversos rivales de Obama, en las actuales primarias del partido republicano se ha destacado por el importante apoyo, cinco millones de dólares, que prestó a Newt Gingrich justo antes de las primarias en Carolina del Sur, donde el congresista logró una sorprendente y amplia victoria que le puso de nuevo en la primera línea de la carrera por la candidatura, en la que sigue a pesar de la derrota en Florida.

Tras esta generosa donación hay por supuesto una convicción política, pero también una fuerte amistad que une a Adelson y Gingrich desde hace décadas. Además, teniendo en cuenta que la aportación se produjo cuando la campaña del congresista palidecía, también hay una muestra del carácter luchador que ha llevado a este hombre desde una pequeña casa en un barrio de clase media-baja a ser una de las mayores fortunas del mundo.

No es fácil imaginar una réplica de Las Vegas en las cercanías de Madrid, pero si hay un hombre capaz de hacerlo ese es, sin duda, Sheldon Adelson.

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