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Rajoy defiende la reforma laboral para evitar otros "tres millones de despidos"

Defensa cerrada de Rajoy a la reforma laboral. "Para que no vuelva a haber tres millones de despidos", afirmó, en alusión a la herencia de Zapatero.

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El Gobierno no mostró señal alguna de temor por la huelga general convocada por los sindicatos mayoritarios para el próximo 29 de marzo. Más bien al contrario, sacó pecho de la reforma laboral, que este mismo jueves consiguió un apoyo muy amplio en el Congreso, destacando espaldarazo de CiU además de otras formaciones minoritarias. Por todo ello, Moncloa ya advierte a navegantes que, aunque está dispuesto a negociar y a introducir “mejoras”, no se tocarán “los pilares” de la misma.

En este sentido se pronunció el propio Mariano Rajoy, que si bien no se refirió expresamente a la huelga, sí que marcó músculo político por las reformas emprendidas, y en especial por la laboral. Al calor de los vítores de más de cinco mil simpatizantes, que le arropaban junto a Javier Arenas en Málaga, el presidente hizo oídos sordos a CCOO y UGT al proclamar: “Es una reforma para crear empleo, para crear trabajo, para que no vuelva a haber tres millones de despidos” como en la última legislatura, aseveró con contundencia, mientras recibía la ovación del palacio de deportes Ciudad Jardín.

El jefe del Ejecutivo dejó claro que no le temblará el pulso. Que apuesta por su propuesta laboral porque hay “otra manera” de hacer las cosas, en alusión -de nuevo- a la política económica del anterior Gobierno, y que llevó a España al abismo de los cinco millones de desempleados. A los sindicatos, ni una sola mención.

Los argumentos de la vicepresidenta

Era un secreto a voces para el Ejecutivo que habría un llamamiento general a salir a la calle. Rajoy, en su estreno en Bruselas, lo confesó ante varios colegas comunitarios cuando creían que no le escuchaban. Ya lo pensaba, incluso, cuando aún era candidato a la presidencia y su equipo trabajaba en el programa de reformas. “Nos la montan antes de los cien días de Gobierno”, dijo entonces un miembro de la dirección nacional del PP. No se equivocaba.

Sobre la huelga general, alentada por el PSOE, Soraya Sáenz de Santamaría quiso hacer varias apreciaciones al término del Consejo de Ministros. Cuatro para ser exactos. Primero, expuso el respaldo “muy importante” que cosechó la reforma en la Carrera de San Jerónimo “no solo del PP, sino también de otros partidos”. Después, recordó que los grupos parlamentarios tienen ahora tiempo para presentar enmiendas y aportar sugerencias. “Para mejorar. A eso estamos abiertos”, se encargó de reseñar la vicepresidenta primera.

El tercer punto en su argumentario inicial fue que, como no podía ser de otra forma, la administración respeta el derecho a manifestarse aunque su opinión sea “que las huelgas no son la solución a la crisis económica”, como así lo manifestó cuando a quien afectaba era a José Luis Rodríguez Zapatero. “Seguimos pensando lo mismo”, enfatizó la mano derecha del presidente.

Por último, y una vez dicho todo lo demás, la portavoz del Gobierno avisó que el corazón de la reforma se mantendrá inalterable. Tal vez el tejido externo, pero ni mucho menos se tocarán los órganos esenciales. “Hemos trabajado mucho en esta reforma. Es meditada, estudiada” fruto de “una reflexión profunda y seria” y pensando “en los cinco millones de parados”, aseguró. Y de ahí que vaya a hablar todo lo que sea necesario, se recibirá a los sindicatos cuanto ellos quieran, pero no habrá grandes modificaciones.

Mucho más vehemente fue María Dolores de Cospedal, en calidad de secretaria general de los populares. “El Gobierno no se va a amedrentar” por “las pancartas”, defendió, dejando claro que el PP va a servir tanto de parapeto como de oficina de información para la administración. De hecho, aunque hay conciencia de que la movilización puede ser grande, también existe la impresión generalizada de que “los ciudadanos saben que hay que hacer esfuerzos como los que estamos haciendo”, en voz de un asesor de Moncloa. "España no está para huelgas generales", remató Fátima Báñez, ministra de Empleo. Lo que sí que teme el Gobierno, y en especial el presidente, es que se puedan reproducir imágenes como las de Grecia o, no yendo tan lejos, como las de Valencia.

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