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Un rescate que pagaremos todos los ciudadanos

La situación, sin ser tan dramática como en otros países, es muy peligrosa: los ingresos no cubren los gastos.

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En estas semanas de caos económico absoluto, la palabra rescate, algo inconcebible hasta hace muy poco, ha cogido más que fuerza. De hablarse de un rescate limitado al sector financiero (algo no contemplado en la Unión Europea) a la intervención total, con un FMI que incluso ya tendría un plan para inyectar 300.000 millones de euros a nuestra economía, de los que 75.000 irían a la banca.

¿Por qué se realizaría este rescate? Cuando un país es intervenido, es rescatado por un organismo internacional o conjunto de países, la única razón es no poder hacer frente con sus ingresos a todos los pagos. En España ese riesgo no existía pero de repente nos hemos encontrado dos grandes obstáculos. El primero, el sector financiero y donde encontrar tantos fondos para su saneamiento, y el segundo, relacionado con este, que la prima de riesgo, o el sobrecoste de nuestra deuda con respecto a Alemania, se haya disparado. Esta escalada de tipos lleva a que destinemos mucho más dinero por las emisiones de Deuda que mensualmente hacemos. La situación, sin ser tan dramática como en otros países, es muy peligrosa, los ingresos no cubren los gastos y la situación de los bancos puede depararnos nuevas sorpresas desagradables cuando se finalicen sus auditorías.

¿Qué supondría? Ya sea una intervención en toda regla, ya sea limitada o que se quede en un “susto”, el resultado serán nuevos recortes en gastos y mayor esfuerzo en los ingresos. La única diferencia será la cuantía del ajuste, que la determinará el tipo de intervención, de más a menos. Es decir, aunque no seamos intervenidos, nuestro bolsillo tiene que estar preparado para una subida inminente de impuestos, especialmente el IVA, y nuevos recortes, que lleguen desde nuestro sistema de pensiones (mayor edad de jubilación) a mayores copagos, de los iniciados en educación con la subida de tasas, o en el gasto farmacéutico, a otros servicios como las autopistas. Cuanto más dinero venga de fuera, más duras serán las condiciones y como cualquier “pagador” cuanto menos de fiar sea el receptor y más dinero necesite, más duras serán las condiciones.

Además veremos muchos mayores recortes, y aquí está una de las mayores claves a la “resistencia” de la intervención, la política. Las principales partidas de gastos están repartidas entre las Comunidades Autónomas (sanidad, educación). Si desde fuera se exige más a España, el primer paso puede ser la recuperación de competencias cedidas hace una década. Abierta la caja de Pandora, las posibilidades son enormes, desde meter la tijera a las diputaciones provinciales a obligar a las fusiones de ayuntamientos. Sólo un dato, desde que se hablara de esta medida, que por ejemplo se está llevando en Italia, se ha fusionado uno, en Galicia, pero se han creado tres nuevos.

¿Quién pagaría? Desgraciadamente los de siempre. Las subidas de ingresos, vía impuestos, se aplican más rápidamente y se consiguen resultados mucho antes, por lo que será lo primero en llegar. El mismo Gobierno, que defendió la NO subida del IVA a finales del año pasado por ser un impuesto “más injusto” se quedará sin argumentos. Las subidas de los impuestos indirectos perjudican más a las rentas inferiores, todos comemos, todos nos vestimos, pero no todos ganamos lo mismo. Recortes de gastos, e incluso subidas de impuestos directos (como eliminar de nuevo las desgravaciones por vivienda) harán de efecto sumatorio para lastrar al consumo. ¿Qué significa? Menos ventas, son menos beneficios (peor recaudación por Impuesto de Sociedades) y lo que es peor, más desempleo. Todo ello lleva no sólo a una recuperación más lenta, sino incluso a que aumente la recesión en el corto plazo.

Por ello la urgencia para que se tomen las medidas necesarias ya que cualquier retraso significa que la salida del túnel está más lejos. Pero siempre que nuestra economía pueda llegar a un equilibrio entre ingresos y gastos, sin que se lleve por delante a toda la clase media, cuyos hombros empiezan a estar más que cansados de soportar tanto peso.

En todo caso, lo único que sale beneficiado por un rescate es la seguridad de los depósitos en los bancos, ya que la inyección de capital en el sistema financiero lo hace más fuerte.

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