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Cristina Losada

Orgullo español y otros prejuicios

En esta aldea global que se ha hecho más aldeana que nunca en el infortunio económico, todo el mundo se mira el ombligo con intensidad digna de mejor causa.

Cristina Losada
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Cuando Benjamin Franklin firmó la Declaración de Independencia hizo gala de su afición a la frase humorística y sentenció: "Sí, debemos acabar esto juntos o acabarán con nosotros por separado". Algo así sucede en la crisis de la eurozona, donde no sólo está en juego el destino de cada país, sino el del sistema monetario único. En esas coordenadas adquiere sentido el rescate del sector financiero español. No como "favor" que se le hace a España, sino como "favor" que la eurozona se hace a sí misma en la esperanza, veremos si fundada, de frenar la carrera hacia la desintegración. Pero en esta aldea global que se ha hecho más aldeana que nunca en el infortunio económico, todo el mundo se mira el ombligo con intensidad digna de mejor causa.

Los gobiernos tienen opiniones públicas a las que contentar y apaciguar, aun con sacarina, y a ese interesado propósito responde la campaña del Gobierno por presentar la línea de crédito obtenida, que es un mal menor, pero un mal de todos modos, como un "triunfo" en toda regla. Hombre, podía ser peor, mas el rescate no es el premio gordo. Vale que tras conseguir ese modelo híbrido, Guindos y Rajoy se sintieran ganadores; ahora bien, no vale cantar victoria para España ni para su prima. Un rescate es un rescate, como fútbol es fútbol, aunque sus condiciones sean mejores de las que han sufrido Grecia, Portugal e Irlanda. Si el triunfalismo siempre está de sobra, el de Rajoy lo está especialmente, pero hay que decir que el suyo no es el único aderezo que echa a perder la ensalada europea.

La gran cuestión en una crisis, esto es, el dilema de quién paga, acreedores, deudores o contribuyentes, provoca tensiones y conflictos de intereses, y en los países del euro han dado lugar a un reflorecimiento de prejuicios y estereotipos. Hasta la prensa seria se cebaba estos días con el "orgullo español", tal vez perfectamente ignorante de que aquí somos los primeros en tirar piedras contra nuestro propio tejado. La alemana, por supuesto, acribillaba a Merkel por acceder a un "rescate blando" para España, y ello sin olvidar el lugar común sobre la fiesta que se corrieron los países del Sur, aunque olvidando que la financiaron los del Norte. Y este brevísimo muestrario no es anecdótico, sino indicio de un problema político a escala europea. Los gobiernos de los países solventes son sensibles a la presión interna para que no paguen la factura. Y así volvemos, en paráfrasis, a Franklin. Porque la situación, me temo, es ésta: o pagan todos o todos lo acabarán pagando.

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