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Sin prisas

El tiempo es el ejemplo más evidente de recurso escaso, además de no renovable. Ello significa que el día, la hora que se pierda, nunca más tendremos la oportunidad de aprovecharla; se ha perdido para siempre.

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A no ser que se trate de una estrategia, que pretenda dar tranquilidad a la población mostrando como prueba la propia parsimonia, concluiríamos que estamos ante un caso de falta de responsabilidad en la acción de gobierno, con desconsideración de las consecuencias que puedan derivar de esta indolencia.

El tiempo es el ejemplo más evidente de recurso escaso, además de no renovable. Ello significa que el día, la hora que se pierda, nunca más tendremos la oportunidad de aprovecharla; se ha perdido para siempre. Por ello me cuesta entender la manifestación de ayer de nuestro ministro señor De Guindos, dejando para dentro de unos días la petición de ayuda para el sistema financiero español.

Lo grave no es sólo el retraso, cuando las instituciones y los mercados están esperando la formalización de esta decisión, sino que la demora se anuncia con una meditada indefinición: será en "los próximos días" ha dicho el señor Ministro. ¿En qué próximos? ¿En los cinco próximos; en los treinta; en los noventa...? Y, ¿por qué el retraso? ¿Se tiene que marchar de pesca, de caza, de golf...? Me resulta una banalidad que no se explique la razón de ser del retraso. Si no sabe qué pedir, que lo diga, y que explique en este caso por qué no conoce todavía en qué orden de cifras se está moviendo.

Sí que se ha apresurado a avanzar que el recurso de inyección de dinero a los bancos se hará a través del ESM (Mecanismo Europeo de Estabilidad) en siglas españolas, el MEDE. Es más, ha asegurado que, para la inyección de capital al sistema bancario, éste es el mecanismo ideal. Yo diría, que sólo merecerá el calificativo de ideal, cuando así sea, no por razón del origen de los fondos, sino por su destino.

La economía real, señor Ministro, es decir, la economía productiva de bienes y servicios está anquilosada, próxima ya al rictus mortis, al carecer del flujo sanguíneo que para la economía es la financiación de los procesos de producción y comercialización de bienes y servicios. Una vez más, escuchando sus manifestaciones, nos sentimos ante una apreciación errónea de los papeles a desempeñar por los sectores real y financiero. El centro de atención lo constituye el primero, cuando, el segundo, simplemente, debe de servir al correcto funcionamiento del primero, proporcionando los medios de pago necesarios y sólo necesarios para su desenvolvimiento.

La autonomía y centralidad del sector financiero, arrastrando al sector real, fue el protagonista de los desequilibrios de comienzos de siglo y de la debacle de 2007. Seguramente son estas consideraciones las que llevan a sus colegas del Eurogrupo a presionarle para que acelere su petición, y estoy seguro de que su ultimátum se basa en que no entienden esa elusiva abulia que muestra usted ante problema de tanta enjundia. Piense en el número de empresarios que no saben que hacer y en el de parados deseosos de trabajar, esperando que usted deshoje la margarita.

¡¡Ande, hombre, apresúrese!!

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