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EDITORIAL

MAFO tampoco tiene culpa de nada

Si hemos de creer al inefable MAFO, toda la culpa de la profunda crisis que padece nuestro país la tienen los responsables económicos que se hicieron cargo de sus responsabilidades a finales de diciembre pasado. El, simplemente, pasaba por allí.

EDITORIAL
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Al igual que viene haciendo el Partido Socialista, al que tanto y tan bien sirvió durante su mandato, el por fortuna ya ex gobernador del Banco de España se niega a aceptar cualquier responsabilidad en el profundo desastre provocado a todos los españoles con su gestión. Esa es la principal conclusión que cabe extraer de su comparecencia ante la Comisión de Economía del Congreso encargada de analizar la evolución del sistema financiero español durante la crisis, a lo largo de la cual ha preferido atacar al Gobierno que lleva siete meses en el poder antes que verter la menor crítica al ejecutivo de las dos legislaturas anteriores, del que él mismo formó parte en sus inicios antes de ser catapultado a la presidencia del Banco de España.

Si hemos de creer al inefable MAFO, toda la culpa de la profunda crisis que padece nuestro país la tienen los responsables económicos que se hicieron cargo de sus responsabilidades a finales de diciembre pasado. Sin embargo su papel negando la crisis económica ¡en pleno 2008!, cuando ni al menos avisado de los ciudadanos se le escapaba la gravedad de lo que se nos avecinaba, fue crucial para apuntalar electoralmente a un partido socialista que ya había dado sobradas muestras de su profunda incapacidad para gestionar situaciones complicadas. MAFO actuó como el fiel escudero de Zapatero, pero en lugar de advertir del grave riesgo al que se enfrentaba la economía española, con un alto índice de desempleo y un desplome de la actividad de tintes alarmantes, dedicó sus mayores esfuerzos a encubrir el desastre afirmando sin el menor recato que España estaba en una situación de clara ventaja para sobrellevar esa "ligera desaceleración económica" que sus propias estadísticas desmentían con total rotundidad.

Su principal gestión en el saneamiento de nuestro sistema financiero, que el pobre MAFO sigue considerando de los mejores de su especie, se ha saldado con una quiebra en cadena de entidades de ahorro, cuya supervisión le estaba encomendada como principal responsabilidad, con un altísimo coste para el contribuyente que ahora hay que cubrir con importantes subidas de impuestos.

Tampoco en la política de fusiones llevada a cabo en el sector fue capaz Fernández Ordóñez de reconocer el más mínimo desliz y ello a pesar de la evidencia palmaria de las presiones que, cuando el desastre era ya inevitable, puso en marcha para ahormar una serie de alianzas que finalmente resultaron fallidas con el coste añadido para el bolsillo del ciudadano.

Es difícil encontrar entre los responsables de los órganos centrales de la economía un ejemplo mayor de incapacidad culposa unido a tal desparpajo en la elusión de responsabilidades, pero Miguel Ángel Fernández Ordóñez es muy dueño de defenderse en el parlamento con los argumentos que estime oportunos. Otra cosa muy distinta es que nos los creamos. Su comparecencia ha dejado claro que es un maestro en ese arte tan propio de la casta de evadir responsabilidades y echárselas al de enfrente, sí. Pero también que no sirve para otra cosa.

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