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Tres preguntas sobre el ‘banco malo’

Es un saneamiento a medias del sector bancario, y se seguirá restringiendo ese crédito que tanto necesita el sector privado para sacarnos de la crisis.

Emilio J. González
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Ya se conoce cómo va a funcionar el banco malo, sobre todo en lo que era la gran incógnita: el descuento que va a aplicar a las entidades crediticias por la adquisición de sus activos inmobiliarios. Y ahora que ya se ha desvelado el secreto conviene hacerse una serie de preguntas importantes, dejando aparte la de por qué rescatar a las cajas de ahorros y, sobre todo, por qué hacerlo sin meter en la cárcel a los responsables de su quiebra, porque la respuesta ya la conocemos de sobra: los políticos se salvan a sí mismos.

Empecemos por lo básico, esto es, por qué ahora un banco malo. El hoy ministro de Economía, Luis de Guindos, venía defendiendo esta opción incluso desde antes de que comenzase la legislatura. Sin embargo, Rajoy dijo en su momento que de banco malo, nada de nada. Siendo coherentes, lo suyo es que, puestos a rescatar cajas de ahorros, la operación se haga cuanto antes, con el fin de que empiece a fluir el crédito lo más pronto posible, ya que las empresas, sobre todo las pequeñas y las medianas, se están ahogando por falta del mismo; muchas incluso están viéndose obligadas a echar el cierre. El Ejecutivo, sin embargo, optó por demorar esta decisión, a la espera de no se sabe qué; porque una cosa es que, antes de concretar, el Gobierno quisiera garantizarse que las ayudas del Mecanismo Europeo de Estabilidad para rescatar a las cajas no iban a computar como déficit presupuestario ni deuda pública y otra muy distinta que la decisión misma de crear el banco malo se retrasara seis meses sin que mediara explicación alguna. Este retraso ha supuesto la desaparición de muchas empresas y de muchos puestos de trabajo.

Segunda cuestión: la de la circulación del crédito. El Gobierno ha lanzado varios mensajes en el sentido de que va a obligar a los bancos y cajas a conceder créditos una vez que los recapitalice, pero la pregunta es de dónde va a salir ese dinero. La financiación de los altos déficit presupuestarios españoles está llevándose todo el ahorro disponible, y los bancos y cajas prefieren comprar deuda pública y, después, endosársela al BCE, para que éste les preste un dinero que luego depositan en el mismo BCE, con lo que obtienen una buena rentabilidad sin correr riesgos. En este contexto, lo suyo sería reducir de forma drástica e inmediata el desequilibrio de las cuentas públicas, con el objeto de acabar con ese efecto expulsión del sector privado de los mercados. El Ejecutivo, sin embargo, no parece por la labor de pisar el acelerador del ajuste fiscal, sino, por el contrario, de suavizarlo y prolongarlo en el tiempo. En consecuencia, ¿para qué emplear tanto dinero público en rescatar al sistema bancario, si luego su capacidad de crédito se va a agotar con la financiación del déficit público? Para nada, salvo para evitar al Gobierno más problemas con la prima de riesgo.

Por último, es ineludible preguntarse por los descuentos que va a aplicar la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Restructuración Bancaria, o Sareb, que es el nombre oficial del banco malo. El Gobierno ha decidido que aplique un descuento del 79,5% a la adquisición de suelo, del 63,2% a la de promociones en curso y del 54,2% a la de viviendas terminadas. En principio, estas rebajas se aproximan bastante a la realidad, lo que supone que los bancos y cajas actualizarán sus balances de una vez por todas, que es una de las condiciones necesarias para que el sector crediticio salga de la crisis. Las dudas se centran en el descuento que se aplica a la vivienda terminada. Todos los analistas explican que sus precios deben caer un 70%; sin embargo, el Ejecutivo se ha empeñado en sostener este precio como sea porque las viviendas son el activo más abundante en las carteras de créditos fallidos de los bancos, y si compra con una rebaja más grande las provisiones que tendrían que hacer varias entidades las llevarían a la quiebra, que es lo que el Gabinete no quiere que suceda.

Así pues, todo esto es un saneamiento a medias del sector bancario, que se va a prolongar en el tiempo, a fin de que el mercado de la vivienda ponga las cosas en su sitio, y se seguirá restringiendo ese crédito que tanto necesita el sector privado para sacarnos de la crisis.

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