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Así sería la Cataluña independiente que propone Artur Mas

El Instituto de Estudios Económicos (IEE) presenta un estudio en el que analiza el impacto económico que supondría la secesión de España.

El Instituto de Estudios Económicos (IEE) presenta un estudio en el que analiza el impacto económico que supondría la secesión de España.

El IEE ha presentado este jueves un documento, bajo el título La cuestión catalana, hoy, en el que diversos economistas y expertos analizan los posibles efectos económicos que tendría para los catalanes la hipotética separación unilateral de España. Durante la presentación del informe, el presidente del IEE, José Luis Feito, ha indicado que "quienes buscan la secesión, no saben lo que hacen, porque no saben lo que les hacen". Y es que, los costes de la secesión son mucho mayores de los que se están barajando, ya que una Cataluña independiente supondría la expulsión del euro y de la UE.

Entre otras cosas, los bancos catalanes no tendrían acceso al Eurosistema, se produciría un corralito financiero, una fuerte devaluación monetaria (pérdida de riqueza), desplome del PIB, más paro, más deuda... "La caída de la renta sería descomunal".

Saldrá de la UE

En primer lugar, Donato Fernández Navarrete (Catedrático de Economía Aplicada) explica en el estudio que, al contrario de lo que pregona el nacionalismo catalán, una Cataluña independiente no podría continuar en la UE. "Como Cataluña no es un Estado, ni nunca lo ha sido, de conseguirlo en un futuro, tendría que pedir su ingreso en la Unión como país tercero. Y otro tanto ocurriría con el resto de las organizaciones internacionales".

Y su ingreso en la UE es más que improbable porque "la garantía de la integridad territorial de los Estados [miembros] es un elemento central en la filosofía de los tratados de la UE. Y lo es por razones históricas: los nacionalismos, que proliferan por doquier en Europa, han sido el germen de los conflictos bélicos del pasado", añade el experto. Dicho de otro modo, "el modelo de integración comunitario no contempla a las regiones como entidades políticas".

Cataluña, por tanto, quedaría excluida de la UE y sufriría "un amplio periodo de hibernación" como "Estado aislado" durante muchos años. "Hasta restañar las heridas producidas, no es descabellado pensar que Cataluña tendría que esperar no menos de 30 años para ser parte de la UE y otros cuantos más para entrar en la Eurozona".

Fuera del euro

Y la exclusión de Cataluña de la UE comportaría también su salida de la Eurozona. Aquí cabrían, pues, dos escenarios: o bien la creación de una moneda ex novo, con el consiguiente corralito financiero y devaluación monetaria (los ahorradores perderían parte de su dinero); o bien mediante la eurización, es decir, Cataluña seguiría utilizando una moneda extranjera (euro) como unidad de cuenta, medio de cambio y depósito de valor.

Según Joaquín Trigo (director general del IEE), ambas opciones son posibles, pero conseguirlo de modo exitoso es "muy difícil, especialmente para un país endeudado que cuestiona a sus compradores (España) y a quienes tienen con él una historia conjunta desde hace siglos que, por más que se proclame, no se sabe bien por qué se cuestiona".

En este sentido, "crear una nueva moneda es muy costoso porque no se sabe cómo se gestionará", y la voluntad de ligarla al euro es "irrelevante porque la aceptación o no de una moneda depende del riesgo que se le presume, de modo que, desde el momento de su impresión, tendría un recorte muy importante [devaluación] que dificultaría su uso en los mercados exteriores y, en poco tiempo, en el propio país emisor".

Además, la eurización plantearía problemas de diversa índole. El más apremiante de todos se presentaría a las entidades financieras que hoy tienen su domicilio fiscal en Cataluña para no quedarse excluidas del Sistema Europeo de Bancos Centrales. La inmensa mayoría se verían obligadas a trasladar su sede a España para poder seguir teniendo acceso al BCE.

Desplome del PIB

Oriol Amat (Catedrático de la Universidad Pompeu Fabra) señala en su capítulo que la independencia podría suponer una sustancial caída de las ventas empresariales y del consumo interno debido a la instalación de fronteras y, por tanto, a las dificultades para comerciar con el resto de España y Europa. En el peor de los casos, el PIB catalán caería un 20% respecto a los niveles de 2010.

Más en detalle, Clemente Polo (Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona) explica que, "en un escenario más bien optimista, la reducción del 50% de las exportaciones al resto de España supondría la pérdida del 18,1% de la producción, el 16,6% del valor añadido y el 16,5% del empleo total. Un panorama sencillamente desolador".

Además, las exportaciones al resto del mundo podrían registrar caídas significativas al quedar Cataluña excluida de la UE durante varios quinquenios. Las exportaciones de Cataluña hacia la UE, cifradas en 36.971,6 millones en 2011, equivalentes al 65,4% de sus ventas al resto del mundo, tendrían que soportar los costes de transacción y aduanas habituales, con lo que caería el comercio exterior. Como consecuencia, Cataluña pasaría a registrar un abultado déficit por cuenta corriente y una sustancial pérdida de competitividad, con lo que muchas empresas se verían forzadas "a deslocalizarse hacia otros países de la UE o a países fuera de la UE con costes laborales más bajos", indica Polo.

En este sentido, el informe señala que la fuga de multinacionales pondría en peligro a 1 de cada 6 empleos actualmente existentes en Cataluña (solo con la deslocalización de SEAT se perderían unos 40.000 empleos directos e indirectos). Además, la independencia generaría "costes económicos difícilmente evaluables pero que sí son muy importantes", añade el texto. Entre ellos, "incertidumbre política", "tensiones sociales de todo tipo" y "desconfianza en los mercados internacionales".

Más deuda pública

El PIB catalán en 2011 se situó en 200.323,5 millones de euros (18,7% del PIB español), según el Instituto Nacional de Estadística (INE). El presidente de la Generalidad, Artur Mas, ha vendido a la población un escenario idílico, dibujando una Cataluña mucho más rica y, sobre todo, con una finanzas públicas saneadas. Sin embargo, los expertos advierten de que dichas "cuentas no están bien hechas".

El supuesto detrimento de recursos fiscales que impone el sistema de financiación territorial está maquillado a favor de los intereses nacionalistas. Una Cataluña independiente seguiría registrando déficit público y, especialmente, una elevada deuda . Según los expertos, de hasta 186.000 millones de euros (93% del PIB catalán), sumando a su actual deuda autonómica la que le correspondería asumir del resto del Estado.

Además, su presupuesto inicial, dado que tendría cerrado el acceso a los mercados internacionales, no podría superar los 48.000 millones de euros, un 28% inferior al que prevé CiU para 2013 en caso de independencia.

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