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La asignatura pendiente de Báñez: su reforma no acaba con la dualidad

Las modificaciones en el régimen de despidos no son suficientes para incrementar la contratación indefinida.

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El mercado de trabajo español sigue siendo excepcionalmente dual. Diez meses después de que se aprobase la reforma laboral del Gobierno de Mariano Rajoy, esta norma, quizás la más importante en este campo de las últimas tres décadas, ha logrado uno de sus dos objetivos fundamentales, aunque no el otro. Las empresas sí están haciendo uso de las herramientas de flexibilidad que Fátima Báñez ha puesto a su disposición, pero en lo que tiene que ver con la temporalidad, los datos que tenemos hasta ahora permiten ser mucho menos optimistas.

España es uno de los países de Europa con mayor tasa de temporalidad. Desde hace muchos años, las empresas tienen miedo a hacer contratos indefinidos por el alto coste del despido. La reforma intentó suavizar esta situación reduciendo el coste del despido improcedente y delimitando más claramente las causas del despido objetivo (20 días con 12 meses de máximo), pero por ahora no está consiguiendo los frutos deseados.

Hasta 2010, los temporales tenían derecho a una paga equivalente a ocho días por año trabajado. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ya incluyó una disposición para elevar este coste hasta los 12 días por año (de forma progresiva, debería comenzar en 2011 y terminar en 2015). Sin embargo, seguía siendo claramente insuficiente, porque casi el 90% de los despidos que se efectuaban en España eran improcedentes, por lo que la empresa terminaba pagando los 45 días por año a los indefinidos, así que, o lo tenían muy claro o no hacían este tipo de contratos.

Los cambios

La clave de lo que aprobó el Gobierno del PP es que se fijaba con más precisión las causas del despido objetivo (que se paga a 20 días por año con 12 mese de máximo). En teoría, la suma de una cosa y la otra dejaría a los fijos con un despido real en la mayoría de los casos de 20 días y a los temporales con el de 12. La diferencia es pequeña y muchas empresas podrían estar tentadas a empezar a cambiar sus contratos de duración determinada por indefinidos.

Sin embargo, esto no se ha traducido en un incremento importante de la contratación indefinida. Los datos son los siguientes:

  • En 2011, hasta noviembre, 1.044 485 contratos indefinidos y 12.223.282 temporales.
  • En 2012, hasta noviembre, 1.008.271 contratos indefinidos (un 3,47% menos) y 11.702.221 temporales (un 4,26% menos).

A pesar de lo que pueda parecer escuchando a algunos sindicalistas, a nadie le conviene este mercado dual. Al trabajador, porque le genera incertidumbres sobre su verdadera situación y no le permite adquirir los conocimientos básicos para ir creciendo profesionalmente. Y a la empresa, porque un empleado temporal tiene menos incentivos a involucrarse en el negocio, asumir más funciones o formarse según las necesidades de la compañía. De hecho, todos los estudios coinciden que una de las causas de la bajísima productividad de los empleados españoles está en este excesivo uso de la temporalidad que se hace para puestos que en realidad son fijos.

Si esto es así, por qué la reforma de Báñez no está consiguiendo resultados. Los expertos apuntan en varias direcciones. Para empezar, hay que tener en cuenta que seguimos en plena crisis y la estrategia de las compañías españolas es muy conservadora. Además, los sectores que mejor están sorteando los problemas son aquellos, como el turismo, en los que la ratio de temporalidad es más elevada.

Pero quizás lo más importante esté en la inseguridad que siguen teniendo las empresas sobre cómo se aplicará realmente la nueva normativa. Los nuevos despidos ya están siendo a 20 días, pero si un trabajador recurre ante la justicia y le dan la razón, entonces la empresa tendrá que pagar los 33 del improcedente. En teoría, ahora es más fácil demostrar que estamos ante un caso de despido objetivo. Pero al final todo dependerá de los tribunales. Mientras no haya una seguridad plena, habrá muchas compañías que seguirán tirando de los temporales.

¿La solución?

Desde hace tiempo, en numerosos foros se ha abierto el debate del contrato único como solución para el mercado de trabajo en España. Podría instaurarse con una indemnización igual desde el principio (tipo 20 días por año para todos desde el primer día) como con un sistema de compensaciones crecientes (por ejemplo: 12 días el primer año y un día más por año trabajado hasta un máximo de 33 días). Incluso, algunos analistas proponen un contrato temporal con un período máximo de un año (para no entorpecer las labores que son realmente temporales), al que se una única modalidad de indefinido en el que no existan las causas de despido.

Hace unos días, Ángel Gurría, de la OCDE, pedía ante Luis de Guindos que España instaurase el "contrato único" y los expertos de Fedea han solicitado lo mismo en reiteradas ocasiones. En su momento, Fátima Báñez aseguró que este modelo era "inconstitucional". Con un 25% de paro, no hay varitas mágicas que vayan a solucionar de un plumazo los problemas del mercado laboral español. Pero a diez meses de su puesta en marcha, la dualidad sigue siendo su principal asignatura pendiente.

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