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Cómo elegir un plan de pensiones a medida

Podemos buscar seguridad sacrificando rentabilidad o elegir productos de riesgo que en un mal año nos pueden llevar a pérdidas.

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Podemos buscar seguridad sacrificando rentabilidad o elegir productos de riesgo que en un mal año nos pueden llevar a pérdidas.

Invertir no es nunca una tarea fácil. Todas las decisiones que tomamos tienen sus consecuencias: podemos buscar seguridad sacrificando rentabilidad o elegir productos de riesgo que en un mal año nos pueden llevar a pérdidas. Si esto es importante normalmente, lo es más en el momento de diseñar nuestra estrategia con un plan de pensiones, con el que nos jugamos un capital o renta que nos ayude en nuestra jubilación.

Puntos clave

Los planes de pensiones sufren un momento duro. Los vaivenes de la bolsa de los últimos años se han cebado en aquellos que invierten en productos más arriesgados como los planes de Renta Variable o Renta Variable Mixta. Sin embargo, como viene sucediendo en estos últimos años, las dudas sobre el futuro del sistema de Seguridad Social (acrecentado por la decisión de usar el Fondo de Reserva para el pago de parte de las pensiones contributivas) animan a más gente a destinar parte de sus ahorros a estos productos, para complementar su futura pensión.

Aun a pesar del hándicap que suponen las restricciones que tienen a la hora de rescatar estos planes anticipadamente y de la pérdida, hace unos años, de las bonificaciones fiscales si se cobraban en forma de capital, este instrumento tiene una ventaja muy importante: poder cambiar de plan sin pagar de impuestos (esto se realiza a la hora del rescate), según las necesidades y el perfil de riesgo del inversor.

De esta manera, un inversor de 30 años puede optar por un producto de Renta Variable como primera opción, pensando en una inversión de 10-15 años de duración, que compense los años malos del ciclo bursátil como los que estamos viviendo. Mientras, para una persona que ya se vaya a jubilar invertir en un producto de riesgo puede llevar a perder todas sus ganancias.

A falta de una bola de cristal, sí hay un punto objetivo en el que fijarse: las comisiones. Elegir un producto con bajo coste puede multiplicar las ganancias de forma importante; y aún más en el caso de un producto cuyo plazo medio sigue creciendo y que en la mayoría de los casos supera los 25 años.

Regalo, efectivo o nueva contratación

El principal aliciente de estos meses está en la oferta de las distintas entidades, tanto en lo que hace referencia al lanzamiento de nuevos productos para captar nuevos clientes o para contratar un nuevo plan para quienes ya tengan uno (no existe límites a la hora de contratar en número pero si en aportación total); como, principalmente, en lo que se relaciona con la lucha para conseguir el traspaso de los fondos, desde un plan de una entidad de la competencia a uno propio.

También en estos años, la tendencia ha cambiado. Del regalo por aportación se tiende más al pago en efectivo de un porcentaje sobre la cantidad traspasada o el acceso a productos de alta rentabilidad, una opción que suele ser muy rentable para ambas partes. Para el cliente, porque consigue esta rentabilidad extra; para la entidad, porque capta un producto que suele vincular al consumidor a largo plazo, aunque año tras año tendrá que luchar para no perder clientes al igual que lo hace para conseguir otros nuevos. Eso sí, el regalo por traspaso conlleva inmovilizar nuestro plan durante un tiempo.

Fiscalidad, rentabilidad y rescate

Pero ante todo, debemos guiarnos por las características de los planes de pensiones. Una vez recibida la promoción, lo más importante de los planes de pensiones son sus propias características de fiscalidad, rentabilidad y liquidez.

La fiscalidad es la gran ventaja y atractivo a la hora de comercializarlo: existe una reducción de un 30% (hasta 10.000 euros) si eres menor de 50 años o del 50% (hasta 12.500 euros) si se supera esta edad respecto a nuestros ingresos del trabajo. Eso sí, no hay que olvidar que a la hora de su rescate pagaremos los impuestos asimilados a las rentas del trabajo. Mientras, un depósito tributará por cada cobro de intereses, con lo cual el impacto es más dilatado en el tiempo pero no tiene desgravación ninguna.

Respecto a las ganancias, dependen del tipo de activo en el que invirtamos. La renta variable o renta variable mixta son muy recomendables, por su mayor riesgo, cuando el plazo hasta la jubilación es largo. Por el contrario, si el plazo es cercano o no queremos correr riesgo, los mejores productos son de renta fija o los garantizados.

Por último el rescate, además de en el momento de la jubilación, los fondos se pueden obtener en caso de invalidez permanente o paro de duración prolongada y, por parte de los herederos, si muere el beneficiario. La crisis ha llevado a que se aligerará el primer requisito, pero aun así, en circunstancias normales, una persona que empiece su plan a los 35 años deberá esperar 30 años para disponer de su dinero. Por eso es tan importante que destinemos el dinero que no necesitemos en el presente y sí en el futuro; un porvenir que podemos asegurar gracias a estos productos.

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