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El déficit público aumenta hasta el tercer trimestre

El descuadre de las administraciones públicas se sitúa en 104.593 millones entre septiembre de 2011 y septiembre de 2012.

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El imparable declive económico que venimos sufriendo desde el verano de 2011 está frustrando los objetivos del Gobierno de controlar el déficit público. Si tenemos en cuenta que ésta era casi la única meta seria que se habían propuesto, podemos decir que estamos asistiendo a un descalabro, según los datos de la Contabilidad Nacional trimestral publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El déficit del tercer trimestre del conjunto de las administraciones (necesidad de financiación) empeora en 2.107 millones respecto al mismo trimestre de 2011 después de que viésemos cómo en el segundo trimestre del año había un deterioro de otros 3.832 millones. La mejoría de 1.786 millones del primer trimestre fue un espejismo y, como vemos, la tendencia ha cambiado totalmente, algo que se aprecia con claridad en el siguiente gráfico.

En éste vemos cómo el superávit existente antes del estallido de la burbuja crediticia, fruto de unos ingresos coyunturales que desaparecieron tan rápido como el crédito, se tornó de forma rapidísima en un monstruoso déficit, ante la consternación del anterior Gobierno que jamás llegó a comprender -especialmente el presidente Zapatero- qué es lo que estaba ocurriendo.

A partir de 2010, las subidas de impuestos y la leve recuperación económica propiciaron una ligera reducción del déficit (aproximadamente un 20%), pero a partir del verano de 2011, éste -tomando cifras de los últimos cuatro trimestres- ha ido empeorando desde 97.152 (de septiembre de 2010 a septiembre de 2011) hasta 104.593 millones (de septiembre de 2011 a septiembre de 2012). Si tenemos en cuenta que el PIB nominal ha bajado en algo menos de 13.000 millones, según los datos oficiales, la situación es todavía peor en términos porcentuales, pues se deteriora desde el 9,1% del PIB hasta el 10%.

Como vemos en los siguientes gráficos, elaborados con los datos de la Contabilidad Nacional, la evolución de los ingresos está dejando bastante que desear. En el primer gráfico apreciamos la evolución de los impuestos directos (básicamente, Sociedades e IRPF). Tras una levísima recuperación debida a los cambios normativos (adelanto de impuestos del futuro) en Sociedades y subidas de IRPF y Sociedades, la recaudación vuelve a decaer levemente en el último trimestre. En estos momentos, la recaudación es un 26,4% más baja que antes de la crisis.

Al igual que ocurrirá con el IVA -y ocurrió con Impuestos Especiales-, el Gobierno no parece aprender una lección básica, que es que las subidas de impuestos producen un resultado sumamente engañoso de subida momentánea de la recaudación (que se produce con retraso respecto a evolución de la actividad económica), pero que luego el efecto depresor sobre la economía de las subidas de impuestos hace que con unos pocos trimestres de retraso esta subida desaparece en su mayor parte o incluso -como posiblemente pase en una economía tan débil y con impuestos tan altos como la española- lo haga totalmente.

Nadie sabe con certeza en qué impuestos estamos ya a la derecha de la curva de Laffer o ni siquiera si estamos a la derecha de ésta en alguno de ellos -lo que significaría que una subida de impuestos redundaría en una menor recaudación-, pero lo que sí que sabemos con certeza es que las subidas de impuestos sí que ocasionarán un mayor debilitamiento de la economía y que muchas más personas acabarán en el paro por esta causa. En cualquier caso, la recaudación sube un patético 0,6% en lo que va de año después de todas las subidas de impuestos. Sin el efecto de los cambios normativos en Sociedades, sin duda la recaudación hubiera bajado.

La situación con los impuestos indirectos, y dado que a 30 de septiembre la subida del IVA apenas se había notado, es también pésima. A pesar de las brutales subidas de impuestos que hemos visto desde el principio de la crisis, la recaudación es un 16,6% inferior a la de 2007.

Además, en todos estos datos hemos de considerar que están expresados en precios corrientes, por lo que descontando la inflación la situación es mucho peor. No cabe duda de que debido a la drástica subida del IVA vista el 1 de septiembre la recaudación por este concepto subirá, pero con los datos que ya conocemos de recaudación de octubre y noviembre es casi seguro que será mucho menos de lo anunciado por el Gobierno. La recaudación en lo que va de año baja un 1,1%.

Otra gran partida de ingresos son las cotizaciones sociales. Gracias a las subidas salariales vistas desde 2007 (un 8,7%), el gran descenso visto en el empleo (-12,4%) no ha supuesto un desplome en la recaudación tan grande como en los otros dos casos (-4% desde máximos), pero aun así vemos cómo las bajadas en los salarios medios vistas en 2012 unidas a la acusada destrucción de empleo han hecho que la recaudación caiga con más fuerza que nunca (-1,8% en los últimos tres trimestres).

En su conjunto, los ingresos totales de las administraciones públicas del tercer trimestre del pasado año fueron de 88.964 millones frente a los 88.960 millones del mismo trimestre de 2011.

Por la parte de los gastos vemos cómo la remuneración de los empleados públicos se reduce un 2,3%, debido a la bajada del empleo público a la que estamos asistiendo por primera vez desde que comenzó la crisis (-7,1%, según la Encuesta de Población Activa). De todos modos, el gasto en salarios sigue siendo un 12,3% mayor que en 2007. Extraña que el gasto se haya reducido tan poco si el empleo público ha bajado tanto como dice la EPA. En el gráfico siguiente se ve la evolución comparada de ambos datos.

La partida de subvenciones, como se ve, y a pesar de que ha bajado un 5,9%, sigue siendo un 5,9% mayor que antes de la crisis.

La partida más grande del gasto son las pensiones y prestaciones por desempleo, que es lo que vemos en el siguiente gráfico. Aumentan un 3,4% durante este año, a pesar de la moderación en las pensiones (sólo subieron un 1%) y de que multitud de parados se han quedado sin prestación alguna. El incremento desde el principio de la crisis es del 42,8%.

La otra gran partida en la que el gasto aumenta con mucha fuerza son los intereses de la creciente deuda, que aumentan un 14,4% respecto a hace un año y un 79,8% respecto a 2007. Aunque el gasto aún es pequeño respecto a otras partidas del presupuesto (1/4 del gasto en salarios y 1/6 del gasto en pensiones y desempleo), es muy preocupante la evolución exponencial de éste.

El gasto en consumo de las administraciones se reduce un 3,1% en los últimos cuatro trimestres, aunque es un 14,5% mayor que antes de la crisis, y las inversiones bajan un 33,5% y se encuentran ya un 49% por debajo de las de 2007. Vista la eficacia de las inversiones públicas (AVEs ruinosos, aeropuertos y autopistas vacías, etc.), no cabe duda de que esto último es una excelente noticia.

En conclusión, estamos asistiendo a un fracaso de la política de reducción del déficit del Gobierno. Aunque es cierto que 9.963 millones se han destinado al rescate de la banca, no es menos cierto que ésta es la decisión del Gobierno y, por tanto, no debe servir de excusa para explicar el deterioro de las cuentas públicas. Además, el hecho de que el Gobierno haya decidido cargar sobre las espaldas de los contribuyentes el rescate hace que la preocupación sea aún mayor, pues la evolución de la morosidad de la banca anticipa casi con seguridad que se mantengan la estrategia de ayudas financieras.

Por otra parte, no se entiende cómo podría cerrar el déficit en el 7% en 2012, como prevé el ministro Montoro, cuando esto supondría una mejora en más de 30.000 millones en un solo trimestre que no se ha dado nunca.

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