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Juan Velarde

La economía española, esperanzada

Da la impresión de que en este año 2013, en sus finales, pero con anuncios que ya son visibles, nuestra coyuntura habrá variado en sentido favorable

Juan Velarde
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La economía española había caído en una situación alarmantemente preocupante ya en 2004. No es por vanidad, sino para que quede claro lo que entonces opinábamos los economistas, ese año ofrecí nada menos que una serie de diecinueve artículos, que se inició con un texto leído en la COPE el 7 de enero, titulado "Cuidado con los falsos Reyes Magos", y que siguió, entre otros, con "Velarde vaticina 'tiempos difíciles'" (La Nueva España, 12 de febrero) y "Días difíciles para la economía española" (ABC, 1 de mayo). Todo esto contrastaba con la opinión oficial en aquellos momentos. Obviamente, a partir de 2007-2008 la crisis se hizo visible de modo impresionante.

Ahora, quienes entonces anunciaban poco menos que entrábamos en el paraíso terrenal económico señalan que "España necesita otra política económica". Ese es el título del artículo de Alfredo Pérez Rubalcaba en el número 135 de Economistas (abril 2013). Dejando aparte cuestiones como la evolución del índice de Gini, cuyo empeoramiento achaca al actual Gobierno, cuando se produjo precisamente en la Administración de Rodríguez Zapatero, atribuye la mala marcha de la política económica española a "tres pilares: el ajuste fiscal drástico, la reforma laboral y la reforma financiera".

Cabalmente, la economía española caminaba hacia el desastre fiscal –aquel 11’1% de déficit respecto al PIB del año 2009– sin que se adoptaran medidas drásticas que obligasen, más que a incrementos impositivos –que alguno había que hacer, sobre todo en lo que respecta al IVA–, a cortes durísimos en el gasto de todas y cada una de las partes del sector público. De otro modo, la carga de la deuda pública, que ya empezaba a ser insoportable, hundiría con muy altos tipos de interés derivados a lo que quedaba de la economía española. El efecto expulsión, crowding out en la jerga habitual, era algo que sepultaba nuestra economía.

La reforma laboral era algo obligado, porque la rigidez del mercado de trabajo hundía la competitividad de las empresas. Precisamente éstas han comenzado a levantar cabeza, bien visible en la mejoría de las balanzas exteriores, a causa, de modo predominante, de esas medidas, que, a mi juicio, aun necesitan un impulso mayor. Estoy de acuerdo con lo que acaba de señalar Linde de Castro. El pago de esta aparente ventaja para los trabajadores se transformó en una oleada de aumento de los desempleados. Ya Pigou, en un artículo en The Times hace muchos años, señaló cómo por ese camino se iba, ya a la inflación, ya al paro, ya a ambas circunstancias simultáneamente. El que se produjera en un país de la Eurozona evitaba la inflación, pero no la falta de competitividad y el desempleo.

La reforma financiera, tras el cataclismo de las cajas de ahorros, faltas, año tras año del periodo anterior, de una fuerte vigilancia y de enmiendas evidentes por parte del Banco de España, era también algo esencial para escapar de la trampa que se había erigido. Y sin una situación financiera sana nada serio puede hacerse.

Da la casualidad de que la mejoría que comienza a aparecer, ya visible en las balanzas exteriores, se debe a que la política económica, no sólo en estos tres aspectos, sino en muchos otros, ha planteado cambios.

En ese mismo número de Economistas, bajo el epígrafe de "Aspectos más relevantes de la economía española", nos señala Cristóbal Montoro que es posible alcanzar niveles altos si acertamos en la política económica, porque

España cuenta con una renta per capita (en ppc) que casi duplica la que había en 1995 (24.700 euros por habitante frente a 13.400), con una fuerza de trabajo que es cuatro millones y medio superior a la de 1995 (que era la misma que en 1977) y buena parte de la deuda externa acumulada está invertida en actividades productivas en el exterior, más de un 45% de stock de inversión directa en el exterior (frente al 6’5% en 1995).

En resumen, da toda la impresión de que en este año 2013, en sus finales, pero con anuncios que ya son visibles, nuestra coyuntura habrá variado en sentido favorable, incluso aunque en Europa los síntomas en países importantes –Francia, en vanguardia– no pueden dejar de preocuparnos, porque son nuestros mercados exteriores más importantes.

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