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Juan Velarde

¿Hacia el fin de la crisis?

Más que nunca, conviene respaldar al Gobierno en un amplio conjunto de medidas que es de esperar el mundo exterior no las perturbe.

Juan Velarde
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Al observar toda una serie de datos estadísticos y las medidas de política económica que se adoptaban, me atreví a señalar en el ABC (7 de enero) que se alzaba una interrogación que podía pasar a ser positiva, y lo insinué también en Libertad Digital el 18 de enero. A partir de ahí sostuve que en el último trimestre de 2013 comenzarían a verse los resultados, si se seguía una política económica seria, al margen de los que protagonizan escraches y demás ignorantes de la ciencia económica.

Ahora, las cifras parecen respaldar esos puntos de vista. Lo expuso de modo irreprochable Cristóbal Montoro en la presentación del número de Economistas que analizaba lo sucedido en el año 2012. Acaba de ofrecer en el Círculo de Economía otras cifras en el mismo sentido Rajoy. Rafael Pampillón Olmedo, en su artículo "Estamos tocando fondo", en el Expansión del pasado día 1, presenta un alud de citas en este sentido. Una vez más, el exterior, con una balanza cada vez más favorable, afianza la situación.

Es evidente que tiene toda la razón Linde de Castro cuando insiste desde el Banco de España en la necesidad de afianzar la reforma laboral, con medidas que se pueden calificar de valientes y racionales, y coadyuvar a la mejoría de la situación con alteraciones en el ámbito de las pensiones, dado el envejecimiento creciente de nuestra población. Es natural, así, que las autonomías intenten frenar las disposiciones que las tienen que obligar a reducir su gasto, a veces con medidas como la de devolver a la Administración central las cargas derivadas de la sanidad. Queda mucho por hacer en el terreno de la energía. La unidad del mercado español, a pesar de las protestas de los políticos intervencionistas, de las economías autonómicas, es imprescindible. Sencillamente basta con leer La riqueza de las naciones de Adam Smith. Es seguro que en ámbitos sindicales, con prolongación en indignados, va a surgir oposición a todo esto. Y al propio tiempo, parece obligado pensar en una reforma fiscal que ordene las cosas en ese terreno.

Pero todo esto es factible, y el punto de apoyo estadístico de que merece la pena seguir ese sendero lo tenemos en dos grupos de datos: los referentes a la caída de la inflación y los que apuntan a lo que parece el freno del desempleo. Este verano va a ser, en ese sentido, decisivo. Más que nunca, conviene respaldar al Gobierno en un amplio conjunto de medidas que es de esperar el mundo exterior no las perturbe. Por ejemplo, sería extraordinariamente contraproducente una crisis en Francia, que algo amaga. Y, desde luego, nada de pensar en escaparnos del euro y demás obligaciones.

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