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El fin de las cláusulas suelo restringirá y encarecerá aún más el crédito

Su eliminación beneficiará a 600.000 personas, pero perjudicará a todos los que quieran contratar una hipoteca a partir de ahora.

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Toda acción produce una reacción y, en última instancia, sus efectos pueden ser visibles, pero también invisibles, tal y como en su día explicó el economista Frédéric Bastiat. Este principio es aplicable a la eliminación de las cláusulas suelo que acaba de decretar el Tribunal Supremo (TS).

Los jueces declararon el pasado mayo que fijar un umbral mínimo a los tipos de interés hipotecarios constituía una cláusula "abusiva" y, por tanto, ilegal, siempre y cuando no se cumplieran los requisitos de transparencia exigibles. Las hipotecas afectadas corresponden a BBVA, Cajamar y Novacaixagalicia (NCG). Dichas entidades solicitaron al TS que aclarara ciertos aspectos de la sentencia, y el pasado miércoles respondió con una nota en donde certifica, entre otros aspectos, dos puntos importantes:

  • El suelo en las hipotecas se considerará "abusivo" si genera la "apariencia" de un crédito a interés variable, "cuando el índice de referencia o su evolución, previsible para el profesional, a corto o medio plazo lo convertirán en interés mínimo fijo, variable nada más al alza […], sin necesidad de que concurra ningún otro requisito".
  • El auto también señala que la lectura del contrato hipotecario por parte del notario no es suficiente para dar por supuesto los requisitos de transparencia y conocimiento por parte del cliente.

Esto significa que, en la práctica, el TS declara que las cláusulas suelo son "abusivas" casi por definición, al margen de la información facilitada por la entidad, según la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (Adicae). De hecho, así ha sido interpretado por las entidades afectadas, ya que BBVA, Cajamar y NCG han anunciado que dejarán sin efecto todas las cláusulas suelo de sus hipotecas. Sin embargo, no tiene carácter retroactivo, de modo que no tendrán que devolver el dinero cobrado de más hasta ahora.

La eliminación por parte de BBVA y NCG afectará a un total de 620.000 hipotecados (530.000 clientes de BBVA y 90.000 de NCG), muchos de los cuales se beneficiarán a partir de ahora de unos tipos de interés más bajos. Hasta aquí los efectos visibles de la sentencia. Sin embargo, la decisión del TS tendrá también importantes efectos no tan perceptibles a corto plazo. En esencia, la eliminación del suelo se traducirá en una mayor restricción del crédito, tipos de interés más altos y la eliminación de las cláusulas techo en las futuras hipotecas.

Menos crédito

Así, el Colegio de Registradores de la Propiedad ha avanzado este jueves que la sentencia del Tribunal Supremo tendrá un efecto "en cascada" en el resto de la banca. La razón es que las entidades financieras que aún no han sido apercibidas por los tribunales procederán a revisar voluntariamente sus hipotecas en previsión de que la tendencia de los juzgados sea la de proteger a los clientes que se animen a reclamar, con el alto coste de imagen que ello podría conllevar. Además, señalan que si no se produce este efecto "lógico", las asociaciones de consumidores que han promovido hasta ahora las primeras decisiones judiciales contra las cláusulas de suelo "harán valer" la decisión del Supremo.

El problema es que la aplicación de la sentencia, unidas a las medidas antidesahucios, tendrán la contrapartida de que, "inevitablemente", los bancos serán "más restrictivos" a la hora de conceder créditos. "Las medidas del Gobierno supondrán un endurecimiento del crédito a través de intereses más altos", según Vicente Carbonell, miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de Registradores.

Intereses más altos

Esta advertencia es ratificada, igualmente, por el Banco de España. En un informe sobre cláusulas suelo elaborado en 2010, la entidad monetaria indicaba que la imposición de un umbral mínimo en las hipotecas tiene por objetivo asegurarse una rentabilidad mínima para recuperar los costes de conceder una hipoteca (precio del dinero en el interbancario y gastos de gestión). Así pues, si a partir de ahora se prohíben las cláusulas suelo, el efecto invisible será la elevación de los márgenes, tal y como ya sucede hoy en las entidades que no incluyen suelo. Es decir, en lugar de Euríbor +1%, aplicarán Euribor +3%, por ejemplo.

Es decir, las hipotecas se encarecerán aún más. ¿Problema? El Banco de España (BdE) indica que "el estrechamiento de los márgenes" sobre el Euribor que, entre otros factores, posibilitó la introducción de las cláusulas suelo, y "el progresivo alargamiento de los plazos" permitieron a la "parte potencialmente más desprotegida de la población", como los jóvenes, acceder a la financiación para comprar una vivienda. No en vano, los españoles disfrutaban -hasta ahora- de mejores condiciones e intereses hipotecarios más bajos que el resto de Europa. La restricción y el encarecimiento de las hipotecas producirán el efecto contrario.

No habrá 'techo'

Por último, los expertos consultados también señalan que sin suelo tampoco habrá techo. Hasta finales de 2009, el 42% de las hipotecas concedidas en España tenían cláusula suelo, y de éstas la inmensa mayoría (72%) también tenía techo, es decir, un límite máximo sobre los tipos de interés. Según el BdE, el interés medio del suelo ronda el 3,12% y la media de los techos el 13,56%. Muchos podrían alegar que es imposible que España vuelva a registrar intereses hipotecarios de dos dígitos, pero algunos expertos no piensan lo mismo.

El catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra Benito Arruñada advertía en 2011 que no era "razonable dar por supuesto" que la zona euro no se desintegrará, amenaza que se materializó claramente a mediados del pasado año. En tal caso, los tipos de interés que se aplican a los préstamos hipotecarios "pueden volver" al 18%, cifras registradas en los años 80, en cuyo caso las cláusulas techo protegerían a los hipotecados. Y ello, sin tener en cuenta que, con independencia de que el euro sobreviva o no, no se puede descartar elevadas tasas de inflación a medio o largo plazo (la vida de las hipotecas son a 25 ó 35 años), como aconteció en los 70 en EEUU y Europa, con la consiguiente subida de los tipos de interés.

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