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FAES le pide al Gobierno que baje los tipos en IRPF y Sociedades

La fundación alerta sobre la falta de eficacia del sistema y apuesta por "pocos impuestos, bajos y sencillos".

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Cristóbal Montoro ya tiene encima de la mesa una nueva propuesta para esa "reforma fiscal integral" de la que todo el mundo habla y que, al menos en teoría, debería estar aprobada en la primavera del año que viene. Y no es una propuesta cualquiera. Ésta la ha hecho la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), el que se supone que es el laboratorio de ideas del PP.

Este martes, en el transcurso de los cursos de verano de la fundación, la han presentado Gabriel Elorriaga (diputado del PP y coordinador de la obra), Miguel Marín (responsable de economía de FAES) y José Félix Sanz (catedrático en la Universidad Complutense y coordinador del trabajo). También la ha presentado José María Aznar, con todo lo que eso implica.

El informe, que fue remitido al ministerio de Hacienda antes de ser presentado públicamente, consiste en más de 200 páginas, con más aparato estadístico de lo habitual en este tipo de trabajos. Y resulta complicado resumirlo en unas pocas palabras. Según las palabras de los propios autores, el objetivo es un sistema fiscal "más justo y eficiente" que penalice menos la creación de riqueza y, aunque pueda parecer paradójico, también sirva para consolidar las cuentas públicas.

¿Y cómo hacer esto? Pues a través de una reforma con "impuestos más bajos, bases imponibles más amplias", unos tributos "más sencillos" y "menos distorsionadores de la actividad económica". En pocas palabras, lo que pide es reducir los tipos marginales de IRPF y Sociedades, eliminar deducciones en ambos tributos, eliminar Patrimonio, reducir las distorsiones en impuestos especiales y mantener el IVA (o subirlo si a cambio hay reducciones en las cotizaciones sociales).

Las claves

Más allá de los debates habituales en los medios, el planteamiento de los autores es que quizás la cuestión ahora mismo no sea tanto si subir o bajar los impuestos, así en bruto, sino en aprobar una reforma que haga el sistema fiscal más justo y equitativo. Luego será cuando habrá que definir si queremos que el Estado gaste un 50% del PIB, el 40% o el 30%.

España tiene unos tipos impositivos que están entre los más altos de Europa. Sin embargo, en términos recaudatorios está en la parte media baja. Es una situación absurda. Ni contenta a aquellos que quieren menos impuestos ni a aquellos que quieren más gasto público.

El problema es que, además, esta estructura tributaria introduce numerosas distorsiones en la actividad económica ordinaria. Vamos, que los agentes (familias y empresas) cambian sus decisiones diarias (si aceptar o no un trabajo, si invertir o no en un negocio), no por sus preferencias o su aversión al riesgo, sino por los incentivos perversos del sistema fiscal.

Por eso, la reforma es inaplazable. "Hoy mejor que mañana" ha pedido José Félix Sanz. El lema de FAES: "Pocos impuestos, bajos y sencillos". ¿El objetivo?: volver al crecimiento y el empleo.

Los costes

El informe comienza recordando algo de lo que no se suele hablar. Cobrar impuestos no es una actividad neutral en la economía. Lo que hace Hacienda implica un coste que se podría dividir en cuatro factores:

  • Efecto renta: para empezar, está el coste de la pura transferencia de renta del sector privado al público. Familias y empresas tienen menos dinero para gastar según sus preferencias y los que deciden son unos políticos que no han ganado ese dinero.
  • Distorsiones: como decíamos, los agentes económicos empiezan a tomar decisiones en función de cómo serán penalizados por Hacienda. Los procesos de elección tendrán en cuenta los precios relativos de los bienes y factores de producción tras los impuestos, con los cambios que esto implica respecto a un estado en el que no hubiera impuestos.
  • Costes de administración: alimentar la estructura necesaria para cobrar los impuestos no es barato. Y si los tributos son sencillos, al menos podemos suponer que será más fácil cobrar, inspeccionar y sancionar. Pero esto no ocurre en España.
  • Coste de cumplimiento: pagar impuestos tampoco es barato. Es costoso en términos de tiempo y de dinero (por ejemplo, muchas veces hay que contratar a asesores para que nos ayuden). Pero también entra en juego la incertidumbre. Un sistema tributario complicado genera preocupaciones y la tensión constante sobre si llegará la temida inspección y si habrá habido errores en tal o cual declaración.

Los impuestos

En lo que hace referencia directa a los impuestos, el informe subraya en varias ocasiones la necesidad de simplificar la estructura tributaria. No sólo reducir el enorme número de figuras, sino hacer que las que queden sean más sencillas.

Por ejemplo, cuando hablamos del impuesto sobre la renta, el problema de origen es que "el efecto combinado de la alta tributación sobre las rentas salariales en el IRPF y las cotizaciones a la Seguridad Social" desincentiva "con fuerza" la creación de empleo. Vamos, que al trabajador lo que le llega al banco es mucho (pero mucho) menos de lo que paga el empresario por él. Es decir, contratar sale muy caro y trabajar sale poco rentable. Es el peor de los mundos para la creación de empleo.

Además, la progresividad es inmediata. Los tipos más elevados se empiezan a cobrar a niveles muy bajos. Esto desincentiva muchísimo la creación de riqueza y la productividad. Fichar empleados de nivel medio/alto (por ejemplo, alguien que gane 80.000 – 90.000 euros) sale carísimo. Y aceptar un trabajo mejor muchas veces casi no merece la pena.

A esto hay que añadir una imposición sobre el ahorro y las rentas del capital que también castiga por encima de lo habitual en los países de nuestro entorno.

El resultado son unos tipos marginales muy elevados (que como hemos visto distorsionan las decisiones de los agentes) y que ni siquiera se traducen en una alta recaudación. En parte por falta de contribuyentes (no hay mucha gente que gane lo suficiente para pagar los tipos superiores) y por el castigo que estos impuestos suponen para la actividad económica. Pero también tiene parte de culpa la panoplia de deducciones, bonificaciones y exenciones que complican el impuesto, lo hacen más arbitrario y generan situaciones injustas.

Y algo parecido puede decirse en Sociedades e IVA. Con unos tipos que están entre los más altos de la UE, la recaudación no sube (en ocasiones baja) en parte por el diseño del impuesto. Para solucionarlo, FAES propone una reforma completa del sistema. Por cierto, que dentro del documento y en la presentación ante la prensa, los autores han ido incluso más allá de lo que la propia fundación ha respaldado en las conclusiones finales:

IRPF:

  • Reducir el número actual de tramos hasta tres. Reducir los tipos marginales de gravamen, rebajando el marginal superior hasta el 40%. Eliminación total de la progresividad en frío causada por la inflación. Ésta es una de esas cuestiones en las que los autores del informe ha incluido sugerencias más atrevidas. Así, hablan de sólo dos tramos, del 25 y el 35%. Y José Félix Sanz, el coordinador del trabajo, ha llegado a plantear un posible tipo único o flat tax.
  • Recuperar y actualizar un genuino mínimo vital personal y familiar
  • Fomentar los distintos instrumentos de ahorro a largo plazo unificando el tratamiento fiscal de los mecanismos de ahorro-previsión. Para conseguirlo convendría crear una cuenta de ahorro que permitiera realizar inversiones en tipos distintos de activos financieros (todos con el mismo tratamiento de los fondos de pensiones)
  • Para aumentar la neutralidad en la tributación de los rendimientos vinculados al ahorro establecer la posibilidad de descontar las ganancias nominales gravando sólo los rendimientos reales.
  • Revisar los beneficios fiscales en el IRPF (exenciones, bonificaciones y deducciones).

Sociedades

  • Avanzar con determinación en la senda de la ampliación de bases y eliminación de deducciones lo que haría posible una rebaja significativa del tipo nominal que podría situarse entre el 20 y el 25% (en la presentación, Sanz ha ido más allá y ha hablado incluso del 15%). Esto supondría la eliminación de la diferencia en el trato entre pymes y grandes empresas.
  • Reducir o anular los importantes incentivos que hasta ahora ha venido recibiendo la financiación ajena. Caminar hacia un impuesto global sobre rentas empresariales.

IVA

  • La recaudación española por IVA, medida como porcentaje sobre el PIB, sigue siendo una de las más bajas de la eurozona, muy lejos de la media. Algunos datos apuntan a la existencia de importantes bolsas de fraude.
  • Es necesario revisar con prudencia el catálogo de bienes y servicios que actualmente tributan a un tipo distinto del general.

Actividades financieras: sería preferible un impuesto sobre las actividades financieras –equivalente al IVA del que ahora están exentas– antes que otro sobre las transacciones, que podría tener un impacto muy negativo sobre el PIB español.

Módulos: resulta urgente por razones de justicia, eficiencia y recaudación, reducir de manera significativa el ámbito de aplicación de los sistemas de estimación de bases y cuotas, tanto en el IRPF como en el IVA.

Patrimonio: debería eliminarse cuanto antes el impuesto sobre el patrimonio ya que genera notables distorsiones, es inequitativo y desincentiva el ahorro.

Sucesiones: debe ser armonizado en todo el territorio nacional, estableciendo unos tipos impositivos similares, en la banda baja de los actualmente aplicados, extendiendo las bases imponibles y aumentando los mínimos exentos.

Tasas y precios públicos: sería conveniente impulsar un uso más intenso de las tasas y precios públicos ligados a la prestación tanto de servicios generales (transportes, infraestructuras, educación superior etc.) como de servicios en el ámbito local (basuras, saneamiento y depuración de aguas etc.).

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