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¿Qué pierde España por no dejar crecer a sus pymes?

La falta de dimensión lastra los resultados de las compañías; el Banco de España amplia la definición de pyme para impulsar el crédito.

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La falta de dimensión lastra los resultados de las compañías; el Banco de España amplia la definición de pyme para impulsar el crédito.
Imagen de una cadena de montaje de un turismo. | Archivo

España es un país de pymes. En realidad, si aceptamos la definición de la Comisión Europea -"empresas con menos de 250 empleados y un volumen anual de negocios inferior a los 50 millones de euros"- todos los países del mundo lo son. Más del 99% de las compañías de Alemania, Francia o Reino Unido (y las españolas, claro) no llegan a esos umbrales.

El problema llega cuando se analizan los datos con más detalle. Como puede verse en la siguiente tabla, extraída del Primer avance de la empresa mediana española, publicado por el Círculo de Empresarios la semana pasada, la diferencia con nuestros grandes socios europeos reside en la sobreabundancia de las llamadas microempresas (con menos de 9 empleados). Así, el 13,7% de las compañías germanas son "pequeñas" (de 10 a 50 empleados) y el 2,6%, "medianas" (de 50 a 249 empleados). En España apenas suponen el 5,4% y el 0,7% respectivamente.

Habrá quien piense que esto no tiene mayor importancia o que es consecuencia lógica de las diferencias sectoriales. En el turismo (España) es menos habitual una empresa de 25-30 empleados que en una compañía de componentes industriales (Alemania). Y aunque pueda haber cierta parte de verdad en esto, no debemos olvidar que el tamaño tiene algunas implicaciones importantísimas: según van creciendo, las empresas ganan en competitividad o en capacidad de expansión territorial. No será fácil que una empresa con 4 ó 5 empleados exporte, del mismo modo que el paso casi inevitable para casi cualquier compañía de 40 ó 50 trabajadores será buscar nuevos mercados en el exterior.

Como apuntamos en Libre Mercado hace unos meses, "la productividad española está en la parte media baja de la UE, con unos 58.815 euros por trabajador. Sin embargo, si dividimos el análisis en función del tamaño de las empresas, las cifras cambian. Las empresas españolas de más de 250 empleados tienen una productividad superior a sus pares alemanas, inglesas o francesas. Y en las de menor tamaño, las diferencias, aunque favorables a nuestros competidores, son mínimas. Esto quiere decir que los empresarios españoles son igual de competitivos que alemanes o franceses; lo que les falta es tamaño".

En este sentido, el Banco de España hacía este sábado un anuncio interesante, aunque ha pasado bastante desapercibido: se amplía el concepto de pyme hasta los 250 trabajadores y cuyo volumen de negocio anual no exceda de 50 millones de euros o cuyo balance general anual no pase de 43 millones (para unificar criterios con la UE). Hasta ahora se consideraba pyme a la empresa que cumpliera dos de las siguientes circunstancias: que el número medio de trabajadores no sea superior a 50, que el importe neto de la cifra anual de negocios no supere los 5,7 millones y que el total de las partidas del activo no sea mayor a 2,85 millones. Esta modificación implica que un mayor número de exposiciones de las entidades de crédito podrá clasificarse como riesgo frente a minoristas, categoría que se beneficia de un tratamiento favorable al calcular los activos ponderados por riesgo.

Productividad, exportaciones y FP

Lo primero que podría preguntarse cualquiera es que por qué no aumentan de tamaño las pymes españolas. Y hay muchas respuestas al respecto, pero una de las más importantes reside en una regulación que no empuja en esta dirección. Según un informe de La Caixa del año 2007, "en ocasiones, algunas políticas específicas destinadas al apoyo de las pymes, como exenciones regulatorias o fiscales o una normativa menos exigente, pueden convertirse en obstáculos para que la dimensión de estas aumente".

Es decir, que la normativa pone límites al crecimiento, cuando precisamente lo que se necesita es que las empresas crezcan. Porque hay al menos tres cuestiones fundamentales para la economía española en las que una mayor dimensión sería muy interesante:

- Exportaciones: menos del 30% de las compañías con menos de 20 empleados exportan según el estudio del BBVA La internacionalización de las empresas españolas. A cambio, lo hacen el 80% de las que tienen entre 100 y 200 trabajadores. Estos datos eran previsibles y probablemente serán similares en cualquier país en el que se analice el sector exterior. Pero es que ahora que todo el mundo repite que España lo que necesita es vender en el extranjero para compensar el desplome de la demanda interna, clama al cielo que se pongan puertas regulatorias precisamente en esta cuestión.

De hecho, el informe del BBVA analiza diversos aspectos que influyen a la hora de las exportaciones: contratar más empleos de cuello blanco, mejorar la competencia de la empresa, incrementar la inversión en I+D en un 50%,... Pues bien, ninguno de ellos tiene tanta relevancia como el tamaño, que es hasta tres veces más relevante que cualquier otra cuestión a la hora de determinar su una compañía sale o no al exterior.

- Productividad: es la madre del cordero en esta cuestión. El incremento de tamaño lleva aparejado, normalmente, una mejora importante en la productividad. Y luego lo demás viene rodado. El estudio del Círculo de Empresarios lo muestra claramente. El Valor Añadido Bruto (VAB) pasa de unos 30.000 euros por empleado y año de media en las microempresas a casi 60.000 euros en las grandes. Cuando se habla de competir y de producir más con menos, estas cifras deberían estar muy presentes.

Evidentemente, esto no quiere decir que todas las compañías tengan que tener 5.000 empleados o que haya que aprobar por decreto una fusión de las empresas de menos de 25 trabajadores. Pero tampoco debería haber barreras artificiales. Por ejemplo, hay cientos de ayudas, bonificaciones o excenciones legales que sólo se aplican a las empresas de un tamaño determinado. Los políticos lo venden como una ayuda a las pymes; pero desde el punto de vista contrario, puede pensarse que lo que producen es que una empresa que esté a punto de superar la barrera (ya sean 10 empleados o 50), se lo piense muy mucho. Por eso hay tantas empresas en los límites regulatorios. No hay mejor prueba de las distorsiones de este tipo de medidas.

- FP y empleo joven: el paro juvenil quizás sea la peor cara de la crisis. Es imperativo encontrar salidas al más del 50% de los menores de 25 años que quieren trabajar y no encuentran un empleo. Una de las medidas estrella de este Gobierno es el nuevo plan de FP dual, que pretende integrar la última parte de la vida estudiantil con las primeras etapas de la carrera laboral. En Alemania, Suiza o Austria es todo un éxito. Y no sólo en el sector industrial, estos programas también funcionan en el comercio o el turismo.

Eso sí, no parece muy sencillo que un pequeño empresario, con 5 ó 6 empleados, pueda integrar a un joven de 15 años al que no sólo tiene que proporcionar un empleo, sino que tiene que formar. También para esto es casi imprescindible un tamaño que las empresas españolas muchas veces no tienen. En este sentido, la estructura productiva alemana es mucho más interesante, con más del 16% de empresas pequeñas o medianas (de 10 a 250 empleados). Sólo hay que visitar las zonas más industriales del país germano para ver que casi en cada pueblo hay una o varias compañías de tamaño medio. Un tejido diversificado desde el punto de vista sectorial, pero también geográfico. Llegar a esa situación no sería sencillo y llevaría su tiempo. Pero habría que preguntarse si con la actual legislación podrá empezarse el camino en algún momento.

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