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Cinco preguntas que todo ahorrador debería hacerse

Más del 80% de los españoles invierte con un plazo inferior a tres años y sólo el 10% lo hace con un horizonte superior a cinco años.

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Afectados por las preferentes protestan en Madrid. | Efe

Aunque la crisis ha cambiado en buena parte sus hábitos, por regla general los españoles no invierten tanto como los ciudadanos de otros países de la UE. Y cuando lo hacen, no buscan los mismos productos. Mientras en el norte de Europa es raro encontrar a alguien que no tenga un fondo de inversión o de pensiones, nuestros compatriotas lo fían (casi) todo a activos reales (el ejemplo más claro es la burbuja de la vivienda que se vivió hasta 2007).

Año tras año, los estudios nos recuerdan a que nuestros compatriotas tienen menores conocimientos financieros, sacan menos partido a su dinero y tienen enormes lagunas en cuestiones que afectarán decisivamente a su futuro, como el importe de su futura pensión.

Este lunes, Inverco, la patronal de los fondos de inversión, presentaba su III Barómetro del Ahorro. La conclusión principal que se puede extraer de sus tablas es que los ahorradores españoles han reaccionado a la crisis de la forma más previsible: haciéndose más conservadores.

Pero no sólo el titular principal es interesante. El estudio deja numerosos datos muy reveladores:

  • El 66% de los ahorradores tiene dinero metido en depósitos bancarios. Mientras, sólo el 31% tiene renta variable (acciones) y el 28% fondos de inversión.
  • Los planes de pensiones son el segundo vehículo inversor preferido. Pero los encuestados reconocen que la motivación principal para poner el dinero en esta herramienta son sus ventajas fiscales, no su rentabilidad. De hecho, numerosas entidades los promocionan con regalos (las famosas vajillas de las campañas de fin de año).
  • El corto plazo es el horizonte de la mayoría de los españoles. Más del 80% de los ahorradores reconoce que invierten con un plazo inferior a tres años. Sólo el 10% lo hace a más de cinco años.
  • El principal asesor del ahorrador medio español es el director de su oficina bancaria (el 54% recurre a él). Además, un 29% se informa en redes sociales y foros, un 27% recurre a amigos y familiares, y un 26% a webs de entidades financieras. A cambio, sólo el 41% recurre a un asesor financiero especializado.
  • Luego, a la hora de contrastar información, el 37% acude a internet y un 29% a familiares y amigos. Los expertos sólo le sirven para esta función al 20% de los inversores.
  • Algo está empezando a cambiar en lo que hace referencia a los ahorradores que meten su dinero en fondos de inversión. Más de la mitad considera que es más adecuado invertir a través de un fondo que directamente en bolsa. Los autores creen que poco a poco se está generalizando la percepción de que los fondos pueden reducir el riesgo.

Las cinco preguntas

En cualquier caso, sea cuál sea el perfil del ahorrador, hay una serie de preguntas generales que todos deberían hacerse. Van más allá de las habituales dudas sobre ventajas fiscales, rentabilidades pasadas o características concretas de cada productos. Viendo cómo invierten los españoles, no está claro que todos ellos lo hagan cuando deciden dónde meter su dinero.

- ¿Cuánto puedo ahorrar cada mes?: parece una obviedad, pero lo primero que hay que hacer para tener mucho dinero ahorrado es conseguir ahorrar un poco cada mes. Es decir, si se quiere acumular dinero a medio/largo plazo, hay que empezar gastando menos de lo que se ingresa. En este sentido, es muy famosa la sentencia de Warren Buffet: "No ahorres lo que queda después de los gastos, gasta lo que queda después de ahorrar".

- ¿Cuánto tiempo necesito para ahorar el dinero que tengo en la cabeza?: la segunda clave del ahorro es empezar a acumular cuanto antes. Juan Ramón Rallo, columnista de Libre Mercado, lo explica en su blog, en su comentario sobre el libro El barbero rico, uno de los tratados de inversión para el gran público más exitosos de las últimas décadas: "Imaginemos dos gemelos que a los 22 años deciden empezar a ahorrar. El primero ahorra e invierte 2.000 euros al año durante seis años, y luego ya deja de hacer nuevas aportaciones al fondo; el segundo se echa para atrás y no empieza a ahorrar y a invertir hasta los 29 años, momento a partir del cual invierte 2.000 euros al año durante 37 años. Ambos invierten en el mismo fondo que logra una rentabilidad anual del 12%. Pese a que el primero sólo ha aportado 12.000 euros y el segundo ha aportado 64.000, a los 65 años ambos tendrán en el fondo 1,2 millones de euros".

Sí, parece mentira, como algunas de las rentabilidades que han conseguido en bolsa los mejores inversores en las últimas décadas, pero es parte de la magia del interés compuesto, al que Albert Einstein calificó como la "fuerza más poderosa de la galaxia".

- ¿Para qué quiero ahorrar?: no es lo mismo acumular dinero para montar un negocio que para la jubilación. Ni los plazos, ni la seguridad que se demanda de la inversión, ni los riesgos serán iguales. A corto plazo, los riesgos dependen de la rentabilidad. Nadie regala duros a cuatro pesetas. Si le ofrecen un 15% "seguro al 100%" a seis meses es porque la inversión es de todo menos "segura al 100%". Puede que salga bien y el inversor acabe cobrando, pero debería tener esto en cuenta.

Un ejemplo muy bueno (aunque desgraciado para los involucrados) es el que nos han dado las preferentes. Muchos de los que metieron el dinero en estos vehículos de inversión aseguran que en la sucursal les dijeron que eran "como un depósito". Y puede que tuvieran algún elemento común con esta herramienta. Pero "no eran un depósito". Si lo hubieran sido, habrían pagado lo mismo que un depósito. El elevado tipo de interés debería haber puesto sobre aviso a sus compradores.

El segundo elemento clave en toda inversión tiene que ver con el plazo y la liquidez. Puede haber activos con altas rentabilidades pero poco líquidos en determinados momentos, que sean imposibles de colocar en el mercado justo cuando el ahorrador lo necesita (lo que está ocurriendo en España con el ladrillo es un ejemplo paradigmático). Por eso, éste es un elemento clave a la hora de decidir cómo invertir. Si queremos pagar la universidad americana de nuestro hijo adolescente, al que le faltan apenas tres años para acabar el bachillerato, no conviene atraparse en un producto. Si estamos pensando en la jubilación a treinta años vista, la perspectiva cambia por completo.

- ¿Y por qué no meto el dinero bajo el colchón y me olvido de todo?: pues porque el interés compuesto también actúa a la inversa. Y la inflación (incluso a pesar del último dato del IPC) va limando poco a poco nuestro poder adquisitivo. De nuevo, Juan Ramón Rallo nos ofrece un ejemplo clarísimo de este peligro: "Imagine que en 1974 disponía de 50.000 pesetas. De haberlas guardado debajo del colchón, hoy tendrían un poder adquisitivo equivalente a 41 pesetas de entonces (se habrían depreciado más de un 1100%). En cambio, de haberlas invertido en la bolsa madrileña su valor sería equivalente al de 100.000 pesetas de 1974 (o unos 650.000 euros actuales). No está tan mal".

- ¿La Bolsa es una inversión segura o arriesgada?: pues según y como. A corto plazo, es una de las inversiones más arriesgadas. También es de las que puede ofrecer mayores retornos. En lo que va de año, el Ibex está ganando por encima del 20%; pero claro, hay que recordar que ha tenido años con caídas superiores al 30%. Es decir, que quien quiera mantener su dinero a uno o dos años vista (el perfil de la mayoría de los españoles, como ya hemos visto) debería alejarse del parqué.

Del mismo modo, invertir en Bolsa en una sola empresa será arriesgado siempre, ya sea a corto o largo plazo. Poner todos los huevos en la misma cesta implica un peligro enorme. Por muy bien que parezca ir esa compañías, siempre puede ocurrir algo inesperado (desde nuevos competidores o engaños por parte de los directivos hasta una mala gestión) que se carguen su valor de un día para otro. Los casos de Nokia, Enron o Pescanova, por citar sólo algunos de los últimos años, son un buen ejemplo de esto.

Sin embargo, a medio plazo y con una cartera diversificada (por ejemplo, ligada a un índice) no hay inversión más segura que la Bolsa. Como explicaba Rallo en 2011: "Si en lugar de considerar el período de un año, nos preguntamos qué ha pasado con la bolsa a diez años vista, veremos que en cualquier década de los últimos dos siglos la ganancia máxima ha sido del 16,9% anual y la pérdida máxima del 4,1% anual; una ganancia mayor y una pérdida menor que invirtiendo en deuda pública (menos volatilidad y por tanto menos riesgo). Pero lo mejor viene cuando tomamos un período de 20 años: en tal caso, la bolsa estadounidense nunca –repito, nunca– ha perdido valor, incluso teniendo en cuenta la inflación: la ganancia máxima en 20 años ha sido del 12,6% anual y la ganancia mínima (que no pérdida) del 1%, mucho mejor que una deuda pública que ha ido siendo devorada por la inflación (y que ha llegado a perder en torno al 3% anual)".

En Libre Mercado

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