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‘Mochila austriaca’, la reforma olvidada de Zapatero

El Gobierno del PSOE incluyó la propuesta en los borradores de la reforma laboral. Nada se ha hecho desde entonces. La medida no está sobre la mesa.

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Contrato único, FP Dual, minijobs, flexiseguridad a la danesa, cuentas nocionales de jubilación,… En los últimos cuatro o cinco años, todos estos conceptos han adquirido una fugaz relevancia en la actualidad económica española. En cierto sentido, es lógico. Con casi seis millones de parados, no es extraño que se busquen todo tipo de soluciones, especialmente en aquellos países europeos que mejor están pasando la crisis. De hecho, en muchos casos, el debate ha surgido tras el propuesta de algún grupo de expertos o de organismos internacionales (OCDE, FMI, Comisión Europea,…).

Al final, ninguna de estas ideas ha llegado a nada. El Gobierno (el actual y el anterior) las ha rechazado, amparándose en las especiales características del mercado laboral español o en la falta de acuerdo social. Y todo ha quedado en unos cuantos titulares, en debates en los blogs especializados y en unos nombres llamativos, más o menos conocidos por el público, aunque no esté claro si la mayoría de la gente sabría explicar en qué consisten exactamente cada una de estas medidas.

A comienzos de 2010, hace ya más de tres años, fue el turno de la llamada "mochila austriaca". El suyo fue un caso especial, porque cobró especial relevancia no a raíz del informe de un catedrático o de una propuesta llegada desde Bruselas. Fue el Gobierno, por aquel entonces con José Luis Rodríguez Zapatero de presidente y Celestino Corbacho de ministro de Trabajo, el que lo incluyó en uno de los documentos de preparación de la reforma laboral. Incluso, CCOO avaló el planteamiento. Y se llegó a plantear en el debate electoral entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, con los dos candidatos coincidiendo en que era una propuesta interesante. Eso sí, al final tuvo el mismo recorrido que el resto de ideas apuntadas al comienzo del artículo y pasó, al poco tiempo, al cajón de los recuerdos. En cierto sentido fue una pena, pues numerosos expertos apuntaron que podía ser una muy buena idea para algunos de los males endémicos del mercado laboral español.

Hace unos días, Sandalio Gómez López-Egea, profesor en IESE y experto en relaciones laborales, presentaba en Madrid su estudio "El fondo de capitalización en Austria y su aplicación en España". Ahora que el Gobierno asegura que está preparando una segunda vuelta de la reforma laboral, puede que sea un buen momento para recuperar una propuesta que no parecía disgustar mucho a nadie, pero que no consiguió salvar la barrera de los intereses creados y la inercia que rodea nuestro mercado laboral.

La ‘mochila’

Se conoce con el nombre de "mochila austriaca" al formato de compensación por despido que se puso en marcha en el país centroeuropeo a partir de la reforma del año 2003. La idea era cambiar el modelo de indemnización por parte del empresario (similar al que puede existir en estos momentos en España) por un fondo propiedad del trabajador. Esto quiere decir que cada mes, el empresario paga una cotización especial (del 1,53% del salario) a este fondo. Y en el caso de que decida prescindir de su empleado, no tiene que abonar una compensación extra. Éste se llevará sólo lo acumulado en su bolsa individual.

La novedad no sólo está en la forma de pago para el empresario (mes a mes, en vez de un único desembolso en el despido), sino en el concepto que hay detrás de la bolsa. El dinero que se va acumulando es del trabajador. Es decir, si éste cambia de trabajo voluntariamente, se lo lleva con él. Sólo podrá acceder al mismo cuando le despidan, eso es cierto; pero no perderá la antigüedad, como en España, porque la indemnización que ha ido acumulando le acompaña en cada nuevo empleo. Y claro está, si se jubila sin haberlo utilizado, pues será un complemento muy útil para su pensión. Con el añadido de que estos fondos se capitalizan y van generando rendimientos extra cada año.

Pros y contras

Aprobar una reforma como ésta supondría un cambio radical en las relaciones laborales. Francisco Aranda explicaba en Libre Mercado, allá por 2011, las muchas implicaciones (positivas en su mayor parte, según su opinión) que tendría. De hecho, como ya explicamos, sería un complemento perfecto para las propuestas del mal llamado "contrato único" (que no tiene por qué ser "único") que tanto ruido han hecho en los últimos meses.

Y parece que da resultado. No puede achacarse sólo a esta cuestión, porque Austria ya tenía buenas cifras antes de la reforma, pero según las cifras de Eurostat para octubre de 2013, es el país con una tasa más reducida, por debajo del 5% de la población activa.

Sin embargo, como cualquier reforma, ésta también tendría sus problemas, que habría que solventar. Para empezar, en un momento como el actual, cargar a las empresas con un coste extra del 1,53% por cada trabajador no parece muy razonable. Por eso, la patronal siempre ha pedido que la aprobación de esta medida venga acompañada de una reducción en las cuotas a la Seguridad Social, algo que parece lógico. El problema es que con el sistema ya está al límite y es complicado recortarle más ingresos. Por eso, la idea sería que el impulso a la contratación de la reforma compensase el recorte en las cotizaciones.

Por el lado del trabajador, el miedo es que una reforma de este tipo anime al despido. No se tocarían los derechos adquiridos (es decir, quien ya tiene indemnización por los años trabajados la mantendría), pero para los nuevos contratados, ya no existiría la barrera de la indemnización, que ahora se entiende que frena al empresario.

Enfrente, las ventajas derivan especialmente del cambio profundo que se produciría en las relaciones laborales. De un lado, las decisiones empresariales se tomarían en función de la productividad de cada trabajador. Es decir, si por desgracia hay que llegar al despido, el empresario se decidiría por quedarse con el que más aporte, no por aquél que haya acumulado una mayor indemnización.

Para el empleado, también se modifica la perspectiva. Ya no tendrá miedo a cambiar de trabajo. Ni se producirá ese fenómeno tan español de personas encadenadas a un puesto para asegurar una indemnización. Como explicaban en 2011 los profesores José Ignacio Conde-Ruiz, Florentino Felgueroso y José Ignacio García-Pérez, de Fedea, en un informe sobre esta cuestión, el modelo actual de indemnización por despido "limita la movilidad voluntaria", algo que se acentúa en tiempos de crisis, precisamente cuando más necesaria es la reasignación de recursos de las actividades no productivas a las nuevas oportunidades de negocio.

Y por último, no hay que dejar de citar la importancia de la mochila austriaca como fondo de ahorro individual. Para la mayoría de los trabajadores, que no la usarán o sólo la usarán temporalmente, una reforma de este tipo se convertiría en un importante complemento para la jubilación.

La propuesta del IESE

El planteamiento que el profesor Gómez ha presentado este martes no pretende calcar la solución austriaca en España. Su propuesta va más bien dirigida a suavizar aquel modelo manteniendo una indemnización por despido (aunque más baja que la actual), con el objetivo de vencer algunas reticencias. Las claves serían las siguientes:

  1. Reducción en un 1% de la cuota a pagar por el empresario a la Seguridad Social.
  2. A cambio, el empresario dotaría un fondo de capitalización individual para cada trabajador por un importe del 1,53% de su salario bruto (es decir, supondría un incremento del 0,53% del coste laboral).
  3. Desde la perspectiva del trabajador, debería aceptar una reducción de la cantidad en la indemnización por despido improcedente en los nuevos contratos. A cambio, le supondría recibir un fondo que le acompañará toda su vida profesional.
  4. Cambio en el Estatuto de los trabajadores: la indemnización por despido improcedente se fijaría en 20 días por año de servicio, con el tope máximo de doce meses. La indemnización por despido basado en causas objetivas quedaría en 10 días por año trabajado, con un tope máximo de seis meses.
  5. Priorizar la utilización del fondo de capitalización como pilar complementario al sistema público de pensiones. En este sentido, la mochila sólo se podría abrir en caso de despido improcedente, agotado el desempleo y en condiciones de extrema necesidad.

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