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'Midas', el proyecto del que todo el mundo habla pero el Gobierno niega

El banco malo para empresas no tendrá respaldo público. En Economía aseguran que no saben "nada de nada" del tema.

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La historia dice que Midas fue un rey de Frigia, que vivió y gobernó en el siglo VIII antes de Cristo. La leyenda asegura que los dioses le dieron el poder de convertir en oro todo lo que tocaba. Pero lo que al principio era una bendición se trocó en maldición, cuando los alimentos que quería ingerir también se transformaban en el metal dorado. No es tan grave lo que ha ocurrido con el último Real Decreto Ley del Gobierno (RDL) sobre refinanciación y reestructuración de deuda empresarial. Pero también ha hecho bastante ruido.

¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra? Pues porque Proyecto Midas es el nombre que desde hace semanas se maneja para lo que en teoría iba a ser la medida estrella del RDL: la creación de un banco malo de empresas. Sin embargo, al igual que el soberano frigio se llevó una sorpresa cuando trató de comer por primera vez tras el sortilegio, también el plan cambió por completo en apenas unas horas. Lo que todo el mundo daba por seguro hace una semana, se transformó en un conjunto de medidas que mantenían en cierto sentido lo previsto, pero a las que les faltaba una parte fundamental: el respaldo oficial desde Moncloa.

En palabras del propio Gobierno, el RDL está dirigido a salvar empresas muy endeudadas, con una posición financiera débil, pero viables en cuestiones operativas. Para lograrlo, se bajan los niveles requeridos para llegar a acuerdos con los acreedores y que estos pactos se extiendan a todos aquellos a los que la empresa debe dinero. Además, se facilita enormemente la conversión de parte de esa deuda en capital. Y aquí es donde entra en juego Midas.

El proyecto consistiría en crear un banco malo, a la manera de la Sareb, pero que, en vez de acumular créditos y propiedades inmobiliarios, reuniese las participaciones que la banca iría recibiendo de esas empresas en apuros. El proceso, a grandes rasgos, sería como sigue: primero, los acreedores de la empresa inician un proceso de refinanciación. Entre las medidas destinadas a salvar la compañía, se incluye la entrada en el capital de esos acreedores (muchas veces instituciones financieras) a cambio de la reducción de la deuda.

Evidentemente, para un banco puede ser un problema gestionar directamente una empresa o buscar un comprador para sus acciones. Por lo tanto, se crea un fondo, en el que las entidades van acumulando estas participaciones, que es el que se encarga de realizar aquellas tareas. Para cerrar el círculo, se habló del aval del Gobierno (hasta 30.000 millones se ha llegado a publicar) y de la intervención del Banco de España a modo de supervisor. De nuevo, un esquema que recuerda mucho a la Sareb.

Pero ni en la presentación del viernes pasado ni en el texto publicado en el BOE se apunta hacia Midas. Y el Gobierno también se da mus. En el Ministerio de Economía aseguran que no saben "nada" del asunto y que no hay ningún plan en ese sentido: ni para avalar, ni financiar, ni gestionar, ni impulsar el proyecto: "Nada de nada", repiten.

Libre Mercado ha tenido acceso a un informe de esta misma semana, de una firma internacional en la que se sigue hablando de un proyecto "impulsado por el Gobierno" consistente en un "banco malo" para deuda no inmobiliaria. Las claves serían tres:

  • Gestionado por un equipo independiente y supervisado por el Banco de España
  • Los bancos dividirían su deuda de difícil cobro en dos (la sostenible, que se mantendría como deuda por parte de la empresa) y la no sostenible, que el deudor convertiría en capital
  • La deuda sostenible dejaría de ser dudosa (los bancos podría liquidar las provisiones que tenían asociadas a la misma) y el resto trataría de recuperarse con la gestión de Midas (con la venta en un futuro más o menos lejano en función de la inversión).

Más o menos, todo el esquema está en el RDL salvo en un detalle, la intervención pública. En el Gobierno, aseguran que no están detrás de este esquema y que si actores privados quieren crear una sociedad de este tipo son muy libres de hacerlo, pero para ello no necesitan de su ayuda. Y claro, la contundencia del desmentido oficial choca con una información que se daba por segura en el sector financiero madrileño. ¿Realidad o leyenda? ¿Público o privado? Este nuevo Midas también amenaza con convertirse en un pequeño misterio.

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