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Montoro incumple

Hacienda no tiene el más mínimo propósito de embridar el déficit público recortando los gastos.

Juan Ramón Rallo
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El déficit público del año 2013 terminó en el 6,62% del PIB, por encima del objetivo del 6,5% comprometido con Bruselas. Este es el segundo incumplimiento del déficit perpetrado por el Gobierno de Mariano Rajoy (en 2012 debimos cerrar en el 6,3% y lo hicimos en el 6,8%) y el quinto del Reino de España desde 2008. No está de más que, mientras Montoro se autoda palmaditas en la espalda por el éxito de la presunta contención del desequilibrio presupuestario, recordemos la amarga realidad: las Administraciones Públicas españolas todavía no han sido capaces de cumplir con el déficit ni un solo año desde que se desatara la crisis.

Quinto incumplimiento consecutivo que resulta particularmente grave por cuatro elementales razones que deberían conducir al cese de un ministro de Hacienda incapaz de lograr el que de facto es su único mandato: ajustar el desequilibrio presupuestario.

Primero, en 2013 la reducción del déficit ha sido inexistente: únicamente dos décimas testimoniales. Ha sido un año perdido, dilapidado, malgastado. El Gobierno ha optado por seguir emborrachándose en la orgía del crédito barato promovida por Draghi y por no tocar un céntimo el gasto público.

Exactamente lo mismo, por cierto, que hizo Zapatero en el año 2011: ZP acometió un ligero ajuste presupuestario de 1,5 puntos sobre el PIB en el año 2010 -como Rajoy acometió uno de 2,3 puntos sobre el PIB en el año 2012- y luego puso el piloto automático para apenas recortar el déficit en 0,5 puntos sobre el PIB en el año 2011 -como Rajoy apenas lo ha hecho en 0,2 puntos sobre el PIB en 2013-. Amagar, no dar y aguardar a que la recuperación exterior le salve la papeleta a la burbuja estatal que tanto Rajoy como Zapatero se han negado a pinchar.

Segundo, el incumplimiento del año 2013 se produce después de que Bruselas nos haya revisado en innumerables ocasiones el objetivo de déficit. En el plan original, las Administraciones Públicas ya deberían exhibir en estos momentos un déficit inferior al 3% (y no del 6,6%). Posteriormente, y ya con Rajoy en La Moncloa, se nos otorgó un año de gracia, permitiéndonos terminar 2013 con el 4,5%. Pero como lo anterior tampoco fue suficiente, en junio de 2013 Bruselas aceptó que nos desviáramos hasta el 6,5%. Uno pensaría que, con semejantes facilidades, revisando al alza sobre la marcha el objetivo de déficit conforme se va desviando, cualquiera sería capaz de cumplirlo. Pero no: Montoro ni con esas.

Tercero, el déficit del 6,6% se alcanza tras una brutal subida de impuestos que, a diferencia del recorte del gasto, no ha cesado a lo largo del año 2013. Sabido -y sufrido- es que la voracidad tributaria de Montoro no conoce límites, gracias a lo cual ha conseguido que la recaudación tributaria en el tercer trimestre de 2013 sea la misma que en el tercer trimestre de 2011… A pesar de que el PIB se ha hundido desde entonces un 3% y la economía cuenta con 1,3 millones de ocupados menos.

Pues bien, pese al aumento del saco tributario derivado del flagrante incumplimiento de sus promesas preelectorales, electorales y poselectorales, el déficit apenas se ha reducido en 2.000 millones de euros con respecto a 2012. ¿Por qué? Pues porque -a falta de que Montoro nos lo confirme el próximo lunes cuando presente las cifras oficiales- todo apunta a que, a lo largo de 2013, el gasto público aumentó. No es que no se redujera: es que aumentó. La famosa austeridad del PP es justo eso: seguir incrementando el gasto a costa del sangrado tributario de la ciudadanía.

Y cuarto, el dato de déficit del 6,6% del PIB se alcanza entre unas más que verosímiles sospechas de maquillaje contable que hoy mismo denunciaba Bloomberg. No en vano, el déficit público entre el tercer y cuarto trimestre de 2012 creció en 26.500 millones, mientras que en 2013 lo ha hecho en 17.500… A pesar de que se restableció la paga extra a los empleados públicos por monto de 5.000 millones de euros. Hay indicios para sospechar que la mayor parte de los gastos de diciembre de 2013 se han trasladado a enero de 2014, permitiendo así presentar unas cifras de cierre de año algo más apañadas.

A la postre, lo único que le importa a Montoro es guardar las apariencias: así, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros insistía una y otra vez en que la próxima revisión del método para calcular el PIB propuesta por Eurostat permitirá inflar su cuantía y, por tanto, minorar algunas décimas la ratio de déficit sobre PIB para el año 2013. ¡Cómo si por calcular el PIB de un modo más hinchado resultara que hemos descuadrado menos las cuentas! Trampas al solitario.

Hacienda, pues, no tiene el más mínimo propósito de embridar el déficit público recortando los gastos. Su objetivo ahora mismo es aguantar hasta las próximas generales sin que Bruselas incordie demasiado. Se trata simplemente de guardar las formas mientras el fondo sigue tan podrido como estaba. Porque sí, repitámoslo una vez más: el fondo de las finanzas públicas españolas está podrido, a saber, el ajuste del gasto público sigue pendiente (el déficit continúa rondando los 70.000 millones de euros) y no existe margen responsable para una rebaja sustancial y sostenible de los impuestos. Patada hacia adelante.

La burbuja estatal que Zapatero creó y Rajoy consolidó nos sigue engullendo. Pero lo más ridículo es que, ni siquiera con estas reglas de juego amañadas y modificadas a conveniencia a mitad de partida, Montoro ha sido capaz de honrar sus compromisos. Austeridad, lo llaman.

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