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Políticas de demanda

¿Volvemos otra vez al endeudamiento masivo, financiando un gasto sin sentido? ¿Estamos ante el inicio de una nueva burbuja? El señor Draghi tiene la palabra.

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¿Volvemos otra vez al endeudamiento masivo, financiando un gasto sin sentido? ¿Estamos ante el inicio de una nueva burbuja? El señor Draghi tiene la palabra.

Seguimos con las políticas de demanda, estimuladas por el Banco Central Europeo. En efecto, se diría que Europa, es decir los europeos, carecemos de imaginación, o bien es que se nos han olvidado principios básicos y elementales, empezando por el que dice que para curar una enfermedad conviene aplicar la medicina más apropiada.

Por ello, cabe preguntarse cuál es el rasgo predominante de la economía europea, excepción hecha de contados países. No creo errar si digo que, fundamentalmente, es la falta de productividad, que nos impide competir en términos de ventaja comparativa en una economía globalizada. No sólo eso, sino que la Comisión Europea, cuando contempla una economía como la alemana, la considera un problema para la Unión, por su excesiva productividad.

En la mente de todos está cuando, hace apenas un par de meses, la Comisión instó a Alemania a que limitase su elevada productividad; que trabajase menos horas y a salarios más elevados, con el fin último de que la vida lúdica sustituyese, con ventaja, a la vida productiva. No se le ocurrió a la dicha Comisión instar a los demás países a que desarrollasen su esfuerzo y su creatividad para incrementar como fuera su productividad.

Ya entonces la Comisión recomendaba gastar más (política de demanda) en lugar de liberalizar más los mercados de recursos, todavía con grandes imperfecciones, para, por vía de la oferta, provocar un crecimiento económico del cual se derivaran, naturalmente y sin incentivos especiales, incrementos en la demanda agregada de la economía.

Atenazados en el presidio de las políticas de demanda –más placenteras para políticos y gobernantes–, el señor Draghi ha relajado la dimensión cuantitativa del crédito a fin de estimular el gasto, como bien dice, fundamentalmente, en las pequeñas y medianas empresas y en las economías domésticas. Seguramente se trata de establecer el imperio del viejo principio: gaste cuanto más, mejor, y si no dispone de recursos pida financiación. Para eso está el BCE, que por un lado ha bajado el tipo de interés al 0,15%, por otro inyectará dinero en el sistema y finalmente penalizará con tasas negativas a las entidades financieras que almacenan sus recursos en la propia banca central.

No puedo estar más de acuerdo en que la inversión productiva de empresas viables debe de gozar del crédito necesario para su desenvolvimiento, cosa que no ocurre en este momento, pero de ahí a abrir el grifo a los créditos al consumo media un abismo. Los españoles, que, pese a los gritos y manifestaciones callejeros, somos muy providencialistas, no podemos olvidar que hace poco más de cinco años las economías domésticas vivían en un nivel de endeudamiento inasumible, que situó a buena parte de la población en la depresión de encontrarse ante un callejón sin salida.

¿Volvemos otra vez al endeudamiento masivo, financiando un gasto sin sentido? ¿Estamos ante el inicio de una nueva burbuja? El señor Draghi tiene la palabra.

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