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Barea, un administrador público de los que ya no quedan

Su trabajo y su legado son respetados por colegas de cualquier signo político. Gracias a él, España pudo entrar en la Unión Monetaria.

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Pocos imaginaban en Málaga que aquel niño que nacía en abril de 1923, José Barea Tejeiro, terminaría convirtiéndose en uno de los economistas más importantes de nuestro país. Barea se doctoró en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid, y desde entonces dedicó su vida a la Administración Pública.

Barea fue subdirector general de Inversiones, Financiación y Programación, director general del Tesoro y Presupuestos, subsecretario de Presupuestos y Gasto Público, secretario de Estado para la Seguridad Social y secretario de Estado-Director de la Oficina del Presupuesto de la Presidencia del Gobierno. En el sector público empresarial, presidió el Banco de Crédito Agrícola, fue consejero delegado de Iberia, consejero del Banco Exterior de España y vocal del Consejo de Administración del Instituto Nacional de Industria.

Sin quitar trascendencia a sus otros quehaceres, su aportación más recordada fue la aplicación de las políticas de austeridad y recortes que, durante el primer Gobierno de Aznar, permitieron a España ajustar el gasto público lo suficiente como para cumplir los criterios de Maastrich y entrar así en la Unión Monetaria. Entre los economistas de aquella generación se le llegó a conocer como el profesor "manostijeras".

También ocupó la Presidencia de la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas y la de la Comisión Científica del Centro de Investigación de la Economía Pública y Social. Fue académico de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de Barcelona y miembro del Instituto Europeo de Seguridad Social. Además, fue académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Entre las distinciones de que fue objeto destacan el Premio de Investigación (1966) del Instituto de Estudios Fiscales, el Premio CEOE de las Ciencias (1994); el Premio Círculo de Empresarios (1994); el Homenot de la Sanitat de la Fundación Avedis Donabedian (1998); el Premio de la Revista Inversión a la Difusión de la Cultura Económica (2003) y, sobre todo, el Premio Rey Jaime I de Economía (1998). Asimismo, estaba en posesión de la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo y de seis grandes cruces: Mérito Civil, Mérito Naval con distintivo blanco, Mérito Militar; de San Raimundo de Peñafort, del Mérito Agrícola y de la Orden de Isabel la Católica. También era oficial de la Legión de Honor francesa desde 1978.

Su labor investigadora tuvo por ejes el análisis del comportamiento del sector público, la protección social, el análisis de comportamiento del sector privado de la economía y el de la economía social española.

Quienes mejor le conocieron siempre elogiaron tanto a la persona como al economista. Como divulgador fue muy efectivo, ya que lograba que el mensaje llegara de forma clara y directa; no sólo cuando tuvo que aplicar grandes e importantes recortes en la Administración Pública, sino cuando tenía que explicar los afanes que la economía dejaba en el día a día español. Lo hacía desde los medios de comunicación. En Libertad Digital y esRadio colaboró con asiduidad, acercando la economía a lectores, oyentes y telespectadores hasta que las dificultades propias de la edad le impidieron seguir acudiendo con regularidad a tertulias y programas especiales.

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