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Los salarios de los jóvenes españoles, a niveles de principios de los noventa

La reducción de costes se centra en los que buscan su primer empleo y los que perdieron su trabajo. Los salarios de los insiders aguantan mejor.

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El primero en dar la voz de alarma fue Mario Draghi hace unas semanas. Durante una de las ruedas de prensa que ofrece cada mes, el presidente del Banco Central Europeo (BCE) aseguraba que, "en algunos países, los salarios reales de los recién llegados al mercado laboral están al nivel de finales de los años 80".

Y España podría ser uno de esos países. Según los datos recopilados por los profesores José I. García, Marcel Jansen y Sergi Jiménez y publicados este lunes en Nada es Gratis, los jóvenes españoles que acceden en este momento a su primer contrato a jornada completa cobran lo mismo (en términos reales, descontando la inflación) que sus padres en el año 93. O, lo que es lo mismo, los sueldos que se les ofrecen no han ganado capacidad adquisitva y han subido lo mismo que el IPC. Lo ganado en los años buenos, desde 1995 hasta 2007, se ha evaporado con la crisis.

Quien más y quien menos, casi todos los trabajadores españoles han tenido que hacer frente a malas noticias en sus nóminas. Pero todo apunta a que, también aquí, hay algunos que pierden más que otros.

La estructura dual del mercado laboral español, que divide de forma estricta entre fijos y temporales, no sólo se nota en la destrucción de empleo; desde 2007, casi toda la destrucción de empleo neta ha recaído en este último colectivo. También en los sueldos hay una gran diferencia entre los que están dentro del sistema (insiders) y los que no. Las cifras que ofrecen García, Jansen y Jiménez son demoledoras:

  • "En cinco años el primer salario de los nuevos contratos a tiempo completo ha caído alrededor de un 8% en términos nominales para los hombres y un 4% para las mujeres en el conjunto de la población en edad de trabajar. Si añadimos la inflación entre abril de 2008 y diciembre de 2013 (9.5%), las caídas alcanzan el 17 y el 13%, respectivamente. Además, en caso de ser contratado a tiempo parcial, las cifras se doblan: 14 y 7% para hombres y mujeres, que se convierten en caídas del 23 y el 16% en términos reales".
  • "Los resultados para los jóvenes de 16 a 29 son aún más alarmantes, ya que las pérdidas salariales son mucho más elevadas. Su primer salario en un nuevo contrato a tiempo completo cae alrededor de 15 y 12 puntos porcentuales para mujeres y hombres (24 y 21 en términos reales) y, más importante aún, sus salarios a tiempo parcial, se hunden alrededor de 28 puntos porcentuales (37 contando con la inflación). Por lo tanto, los jóvenes sufren un triple castigo: por ser entrantes, por ser jóvenes y por ocupar, en mucha mayor proporción, puestos de trabajo a tiempo parcial".
  • Aún más dolorosa es la comparación entre las personas que llegan a un nuevo empleo y los stayers (personas que llevan más de dos años en su puesto de trabajo). La lógica dice que los primeros tendrán unos sueldos más elevados que los segundos, incluso aunque tengan un puesto de trabajo similar. Pero durante la crisis el margen entre unos y otros se ha agrandado: "El salario de los movers a tiempo parcial, que empezó en un 40% de los stayers a tiempo completo, es ya sólo del 30%, acentuando la sensación de precariedad de dichos entrantes, mucho más numerosos hoy".

Sueldos de 'stayers' frente a nuevos contratos

Ajuste y desigualdad

El propio Marcel Jansen explica a Libre Mercado que los datos anteriores no implican que "el ajuste salarial [que ha sufrido España desde el comienzo de la crisis] fuera un error". En su opinión, la moderación en los costes laborales "ha ayudado" a nuestro país a recuperar competitividad. Detrás de esta mejoría puede verse la mejora en la balanza con el exterior, la recuperación de las exportaciones y la lenta recuperación del mercado laboral en los últimos meses.

En este sentido, hay que recordar que una de las consecuencias de la crisis, dolorosa pero necesaria, ha sido una reducción de los salarios. España necesitaba ganar posiciones frente a sus competidores y una forma de hacerlo era reducir sus costes, que se habían disparado en la época de la burbuja. De hecho, era extraño ver cómo en nuestro país los salarios reales crecían por encima de la media europea entre 2007 y 2009, mientras se destruían miles de puestos de trabajo cada día.

En ese momento, podría decirse que todo el ajuste recaía sobre los que perdían su empleo, mientras que los que lograban mantenerse dentro del mercado casi no veían las consecuencias de la crisis. La moderación salarial se ha notado sobre todo desde 2010 y aún más desde la aprobación de la reforma en 2012. Ahora es más fácil que una empresa haga los ajustes vía sueldos, limitando el número de despidos. Los costes así están más repartidos.

El problema es que el proceso ha sido "muy desigual". También en esto la rigidez del mercado laboral se ha ensañado especialmente con algunos grupos, especialmente jóvenes que buscan su primer empleo y parados que se reintegran al mercado. Aquellos que llegan a una empresa, bien porque acceden a su primer trabajo o porque perdieron el suyo, tienen menos poder de negociación que los ya establecidos. Esto es más o menos lógico, pasa en todos los países de la UE. Pero en el nuestro la tendencia es más acusada.

La dualidad

Las leyes españolas y la estructura de la negociación colectiva protegen (o eso parece) a los stayers. Evidentemente, estos costes tienen su consecuencia directa y es que luego los empresarios no quieren hacer contratos fijos salvo que sea imprescindible, algo de lo que se habla a menudo cuando se comenta la dualidad del mercado. En este sentido, Jansen recuerda que "reducir los salarios nominales es un tabú" muy difícil de romper, "por eso, las empresas buscan el ajuste en los nuevos".

Es cierto que los salarios nominales están congelados para buena parte de los trabajadores españoles, pero la inflación también ronda el cero desde hace meses, por lo tanto, mantener sueldos no implica reducción real de costes. Como, además, los precios en la Eurozona siguen planos y tampoco se disparan allí los costes, no llega la necesaria ganancia de competitividad que necesitaríamos.

Ante esta perspectiva, como explica Jansen, son los recién llegados los que se llevan todo el peso del ajuste. Y esto es algo que no se nota sólo en el primer sueldo. Las consecuencias de empezar con una remuneración baja se arrastran durante muchos años, en ocasiones durante toda la vida laboral.

¿La solución? No es fácil. Como explica Juan Ramón Rallo, el problema de origen es la falta de competitividad:

A medio y largo plazo, las dinámicas actuales de creación de empleo poco productivo y poco remunerado no son en absoluto deseables. La prosperidad de una sociedad depende del nivel de vida de sus ciudadanos y éste, a su vez, de las rentas salariales y no salariales que se perciban.

Obviamente debemos aspirar a que España avance no sólo hacia el pleno empleo, sino hacia un pleno empleo altamente productivo y, por consiguiente, altamente remunerado (tal como sucede en Suiza, Singapur o Australia). Y para ello no sólo necesitamos de un mercado laboral liberalizado sino, sobre todo, de un marco institucional que permita la sostenida acumulación de riqueza.

A corto plazo no es tan sencillo cambiar esta dinámica. El FMI ha pedido reducciones de los costes laborales no salariales, sobre todo reduciendo impuestos y cotizaciones sociales.

Jansen está de acuerdo en que por ahí podría abrirse un camino. El Gobierno ha aprobado la tarifa plana, un intento en la buena dirección, pero que sigue teniendo algunos problemas. "La tarifa plana tiene el inconveniente de que es regresiva. Para un trabajador que gana 600 euros sigue siendo muy alta. Hay que hacer esfuerzos para que la contratación de los menos cualificados sea interesante". En este sentido, una reforma fiscal que desplazase el peso del trabajo hacia la imposición indirecta también podría ayudar.

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