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José García Domínguez

Vuelve la histeria a los mercados

Esta vez hay una poderosa razón para que Syriza gane, a saber, que los griegos ya no tienen nada que perder.

Esta vez hay una poderosa razón para que Syriza gane, a saber, que los griegos ya no tienen nada que perder.

La histeria de los mercados financieros es como los gallegos: siempre vuelve. Cierto que el prestidigitador Draghi consiguió sedarlos cuando corrían enloquecidos a despeñarse en el abismo. Pero solo es cuestión de tiempo que retorne la estampida. Como el picar en el alacrán, está en su naturaleza. Lo ultimísimo de Grecia, el muy previsible acceso al gobierno de esa izquierda jurásica que responde por Syriza, puede ser el trueno que desencadene de nuevo el pánico en la manada. Y es que esta vez hay una poderosa razón para que Syriza gane, a saber, que los griegos ya no tienen nada que perder. Al modo de lo que va a ocurrir aquí con Podemos, el suyo será el voto de la desesperación. No se equivocan, pues, todos esos operadores bursátiles que se desprenden de sus carteras a toda prisa en las bolsas europeas.

El dinero es cobarde, pero no estúpido: saben lo que hacen. Porque lo de Grecia, simplemente, no tiene solución. Ninguna. A fin de cuentas, lo de menos resulta que los paleocomunistas amenacen con no pagar la deuda del país. Y ello por una razón de prosaica sencillez: la deuda de Grecia no se puede pagar. Y las deudas que no se pueden pagar, no se pagan. Así de simple. Porque Grecia posee la misma deuda estatal que Japón, más del doble de su PIB. Pero Japón tiene Nissan, Sanyo, Honda y Toyota. Y Grecia no tiene nada. Nada de nada. Ergo, únicamente se dispone de dos opciones en ese asunto, la mala y la peor. La mala consistiría en conceder a Atenas otra quita, la enésima, que, de facto, supusiera la efectiva condonación de sus pasivos. La peor, la salida del euro del país y el retorno al dracma.

No resta tercera vía posible. Y si Grecia abandona la moneda común, el proyecto europeo dejará de ser creíble para siempre. Pero si diese al paso de rehusar el pago, lo que dejaría de resultar creíble sería la deuda de los demás piigs, con España y Portugal a la cabeza. La manada tiene motivos pasa estar inquieta. Y el Madrid oficialista, a estas horas tan feliz y contento por el nivel de la prima de riesgo, también. El espejismo podría desvanecerse en apenas semanas a tenor de lo que ocurra en ese ruidoso e insolvente rincón Adriático. Y está por ver que Draghi pudiese pararlos por segunda vez.

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