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¿Sin salida?: 1,3 millones de parados de larga duración tienen más de 45 años

Los estudios coinciden en que éste es el grupo de más difícil reinserción. La tasa de empleo en España para este colectivo apenas supera el 50%.

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Los estudios coinciden en que éste es el grupo de más difícil reinserción. La tasa de empleo en España para este colectivo apenas supera el 50%.
Una oficina del Inem | Archivo

La vida no es sencilla para ninguno de los casi 5,5 millones de parados que hay en España. Pero hay algunos para los que las perspectivas son mucho más preocupantes y entre ellos destacan los desempleados de larga duración mayores de 45 años. Todos los estudios confirman que son el colectivo de más difícil colocación. Y su número se ha disparado con la crisis. Según la última EPA, suman 1,3 millones de personas.

Probablemente, muchos de ellos piensen que el último tren ya ha pasado y no serán capaces de reengancharse al mercado laboral. Sería una tragedia y no sólo personal, todo el país perdería una enorme cantidad de capital humano si no lograse aprovecharlo. Es quizás el mayor reto para la sociedad española en la próxima década y no será sencillo superarlo.

Este lunes, el Gobierno reunía a los agentes sociales en el Palacio de la Moncloa para firmar el "Acuerdo sobre el Programa Extraordinario de Activación para el Empleo", que tiene como objetivo fundamental "facilitar la reinserción laboral a los desempleados de larga duración con cargas familiares y con mayores dificultades de colocación". La medida más publicitada es esa nueva ayuda de 426 euros para parados que hayan agotado otro tipo de prestaciones. Pero hay más, dirigidas a la formación, la empleabilidad y su reinserción en el mercado. Ahora sólo queda esperar que funcionen.

El factor tiempo

Cuando se citan las causas por las que un parado no encuentra empleo no siempre se recuerda la más importante: el tiempo que lleva sin trabajar. No es un juego de palabras, aunque lo parece: estar más de seis meses sin empleo hace que sea mucho más complicado encontrar un empleo. Según el último número publicado del Observatorio Laboral de la Crisis de Fedea, correspondiente al cuarto trimestre del 2014:

"La duración del desempleo sigue siendo el factor clave que dicta la facilidad o dificultad de acceso a un empleo. La probabilidad de acceso al empleo decrece de modo muy sustancial a medida que la duración del desempleo se incrementa. En este trimestre se observa que los desempleados que llevan parados menos de 3 meses presentan una probabilidad de salida del desempleo que es más de 4 veces mayor que la de un desempleado de similares características que lleva más de un año parado (categoría de referencia). (…) Sin duda la duración del desempleo es el factor que en mayor medida determina la facilidad de salida hacia un empleo".

De hecho, en los últimos trimestres han mejorado, algo, las posibilidades de encontrar un trabajo para los parados de corta duración. No es mucho y sigue por debajo de los niveles pre-crisis, pero hay un claro repunte. Alguien con menos de seis meses de desempleo tiene más de un 25% de opciones de salir de esa situación en el siguiente trimestre (hay que tener en cuenta que en los años buenos, esa cifra estaba cerca del 50%). Para un parado de larga duración (más de un año), el porcentaje cae al 13% y para los que llevan más de 4 años hablamos de menos del 10% de posibilidades.

Pero si esto es así en condiciones normales, para los mayores de 45 años la cosa se complica. Como explica Andreu Cruañas, presidente de Asempleo, la patronal de las empresas de trabajo temporal, estas personas están "en el punto culminante de sus obligaciones familiares". Muchos tienen hipoteca, hijos no emancipados e incluso padres de los que cuidar. Por eso, su movilidad geográfica es muy reducida. Un joven parado "puede moverse de un día para otro a una ciudad diferente y compartir piso", pero para una persona de 50 años no es tan sencillo.

Además, hablamos de personas que provienen de sectores que han bajado su capacidad de empleo, bien sea por deslocalizaciones (por ejemplo, en la industria), por caída de la actividad (construcción) o por la irrupción de alguna novedad tecnológica (algunos servicios). Si a esto le añadimos que en muchos tiene poca formación reglada, puesto que las tasas de licenciados caen a plomo para los mayores de 40 años, el escenario es muy negro. Cruañas explica que mientras que con los menores de 30 años el problema es la "sobrecualificación", para los mayores el caso es el contrario. Tienen experiencia, pero no un título y andan escasos de algunos de los requisitos imprescindibles del nuevo mercado laboral, como los idiomas o la informática.

Las cifras

No hablamos de unos pocos cientos de casos, una situación difícil para los implicados, pero que se podría manejar con soluciones individualizadas. En España, el drama se cuenta por cientos de miles. Como apuntamos anteriormente, según la EPA hay 303.900 mayores de 45 años que llevan en paro entre 12 y 24 meses y 992.000 que han superado los dos años de desempleo. En total, hablamos de casi 1,3 millones de personas. De hecho, el 64% de los parados con más de 50 años son de larga duración.

Según Eurostat, a finales de 2013 la tasa de paro para el grupo situado entre los 50 y los 64 años era del 20,5% en España frente al 7,4% de media de la UE. Somos el país con la cifra más elevada, incluso peor que Grecia. De esta forma, no es extraño que la tasa de empleo caiga en este grupo de edad a apenas al 51,6%, muy lejos de la media del 60,5% y de cifras como la sueca, el 77,8%.

Pueden parecer sólo números, pero lo que hay tras ellos es muy preocupante y no sólo para las personas afectadas. Para un país necesitado de salir de una crisis debería ser una emergencia nacional estar desaprovechando el potencial de la mitad de su población mayor de 50 años. ¿Cuánto tienen que aportar estas personas? ¿Cuánto más ricos podríamos ser todos si en vez del 50% de tasa de actividad estuviéramos cerca de ese 78% de los suecos?

Eso sí, no es fácil. Luis Pérez, director de Relaciones Institucionales de Randstad, explica que "es el colectivo de más difícil inserción. La gente joven tiene más posibilidades porque también tiene menos obligaciones, por ejemplo en movilidad o formación". Además, hablamos de personas que están muy despegadas del mercado laboral, por lo que lo primero que hay que hacer es "devolverles la confianza, es gente a la que a lo mejor le han dicho que no demasiadas veces". Su receta pasa por la "colaboración público-privada" y por enfocar su reintegración en el mercado como "una labor de intermediación laboral mezclada con lo social".

Cruañas apunta en la misma dirección y apuesta por una "atención personalizada" para tratar unas circunstancias muy particulares. Tenemos que encontrar un "itinerario personalizado", que incluya formación, "pero sin obsesionarse". Lo importante, en su opinión, es "encontrar algo rápidamente", algo mucho más operativo que "enzarzarnos en procesos formativos complejos que el parado no ve claro. ¿Formación? La necesaria para el puesto de trabajo que vaya a realizar".

Porque en lo que también coinciden ambos es en que no se puede desperdiciar todo este capital, que también es riqueza, aunque a veces no se diga y no se pueda tocar. Pérez recuerda que hablamos de "experiencia y conocimiento del mercado laboral, de todo el entorno de su sector", una visión panorámica que los jóvenes no pueden tener". Por eso, hay que "aprovechar todo su activo", si no, "sufres un coste de oportunidad enorme".

En este sentido, hay que recordar que una persona de 50 años que se reincorpora al mercado laboral es alguien que produce para sí mismo y para la sociedad durante 15 ó 20 años más. Si se da por vencido y lo deja, se convierte en un pensionista prematuro. Vamos, que no sólo es por su bien. Es que egoístamente la sociedad no debería permitirlo.

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