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Nadie quiere que Grecia salga del euro, pero el BCE ya se prepara por si acaso

El BCE estima que los acreedores del Estado griego perderán 300.000 millones si el país abandona la Unión de forma desordenada.

Al riesgo de Grexit (salida voluntaria del euro de Grecia) se le suma ahora la posibilidad de Grexident (salida accidental). Atenas y el resto de socios comunitarios no han logrado ningún avance en la cumbre europea que concluyó este viernes acerca de la prolongación del rescate heleno.

Así pues, todo sigue igual: la canciller alemana, Angela Merkel, insiste en que Atenas no recibirá ningún nuevo tramo de ayuda del rescate hasta que la troika valide las reformas y Grecia las empiece a aplicar; por su parte, el primer ministro heleno, Alexis Tsipras, sigue sin presentar una lista concreta de reformas y asegura que, en ningún caso, adoptará nuevas medidas de austeridad.

Ambos mandatarios se reunirán el próximo lunes en Berlín para tratar la delicada situación del país heleno. Cabe recordar que Atenas atraviesa graves dificultades de financiación, mientras que la banca griega sigue sufriendo una fuerte retirada de depósitos -se estiman más de 25.000 millones desde el pasado diciembre-.

La sostenibilidad del Estado heleno depende del rescate internacional y la supervivencia de su banca de las líneas extraordinarias de liquidez del Banco Central Europeo (BCE). La situación es tan delicada que la UE ha aprobado este viernes una ayuda de emergencia para Grecia de 2.000 millones de euros para aliviar sus problemas de liquidez.

La cuestión es que, conforme pasa el tiempo sin que ambas partes alcancen un acuerdo, el riesgo de corralito bancario y/o salida del euro por parte de Grecia crece. Tanto es así que, aunque nadie desea dicho final, el BCE ha empezado a calibrar su posible impacto.

Según publica la revista germana Manager Magazin, el organismo monetario "se está preparando para una posible salida de Grecia de la zona euro". En concreto, el departamento de análisis de riesgos del BCE ha calculado el coste que supondrían tres posibles escenarios sobre la deuda griega:

  • Grexident: la salida inesperada e involuntaria de la Unión se traduciría en una depreciación de la deuda griega próxima al 95%. Es decir, el impago sería de tal magnitud que el valor de los bonos helenos se reduciría de los 320.000 millones actuales a apenas unos 16.000, arrojando unas pérdidas para los acreedores del Estado heleno superiores a 300.000 millones.
  • Grexit: si la salida se produce de forma negociada y, por tanto, ordenada, las pérdidas rondarían el 86%, con un coste de 275.000 millones.
  • Impago, pero dentro del euro: por último, si se acordara algún tipo de impago y reestructuración, pero sin que Grecia salga del euro, el coste sería del 75%, equivalente a unos 240.000 millones.

Los principales perdedores serían los gobiernos de la zona euro y, especialmente, Alemania, el principal acreedor de Grecia en la actualidad.

Lo que más teme el BCE es el primer escenario. El riesgo en este caso radica en que Atenas tense tanto la cuerda de las negociaciones que, llegado un punto y en ausencia de los fondos de rescate, sea incapaz de afrontar sus compromisos financieros, entrando así en default; las agencias de rating se verían obligadas a declarar a Grecia en quiebra y, como consecuencia, el BCE tendría que cancelar de inmediato su línea extraordinaria de liquidez (ELA) a los bancos helenos; el sistema financiero griego colapsaría, las entidades tendrían que cerrar y Atenas decretaría un corralito y un estricto control de capitales; todo ello, unido a la falta de liquidez para cubrir sueldos, pensiones y servicios públicos acabaría, posiblemente, en la salida del euro de Grecia, con las consiguientes pérdidas para sus acreedores.

Manejable, pero peligroso

Esta misma semana, la agencia de calificación Moody's advertía de que, si bien la exposición directa de Alemania a una salida de Grecia del euro "sería manejable", la solvencia germana se vería afectada negativamente en caso de que países como Italia o España volvieran a atravesar dificultades como consecuencia de un recrudecimiento de las tensiones financieras.

La firma insiste en que los riesgos de contagio hoy son inferiores a los de 2012, entre otras cosas por las mejoras institucionales en la zona euro y la postura más proactiva del BCE como prestamista de último recurso, pero, aún así, los analistas temen que el abandono de Grecia haga preguntarse a los inversores qué país será el siguiente en salir, con el consiguiente aumento de las primas de riesgo de las economías más débiles.

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