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Diez razones para pensar que no habrá acuerdo entre Grecia y la troika sobre el rescate

Grecia y sus acreedores mantienen intactas sus líneas rojas desde febrero. Ambos tienen razones de sobra para no ceder.

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Grecia y sus acreedores mantienen intactas sus líneas rojas desde febrero. Ambos tienen razones de sobra para no ceder.
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el primer ministro griego, Alexis Tsipras, este miércoles. | Efe

Todo sigue igual. La cena que tuvo lugar la noche del miércoles en Bruselas entre el primer ministro heleno, Alexis Tsipras, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, no sirvió para acercar posturas entre Grecia y sus acreedores internacionales. Tras varias semanas en las que unos y otros han insistido en la inminencia del acuerdo, lo cierto es que se han producido muy pocos avances en la negociación.

Sobre el tapete, dos propuestas, cuyas líneas rojas se mantienen, hoy por hoy, inalterables. La troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) consensuó esta semana una propuesta "final" a Atenas en la que, entre otras medidas, se insiste en la necesidad de registrar superávit primario (descontando el pago de intereses), flexibilizar el mercado de trabajo y reformar el sistema de pensiones con el fin de garantizar su sostenibilidad.

El Gobierno de Tsipras, por su parte, presentó un plan paralelo en donde exige suavizar los objetivos de superávit presupuestario, reestructurar la deuda pública helena (mediante quitas y/o esperas), dificultar la flexibilidad laboral y rechazar de plano subir el IVA o cualquier medida que implique recortar las pensiones.

Las líneas rojas de la troika y de Grecia se mantienen, pues, invariables desde que comenzó esta ardua negociación el pasado febrero para desbloquear el último tramo del actual rescate heleno, próximo a los 7.200 millones de euros. El único punto de acercamiento consiste en reducir el objetivo inicial de superávit hasta el entorno del 1% del PIB este año, lo cual, en realidad, no se puede interpretar como una gran cesión por parte de Bruselas, ya que la economía griega ha entrado de nuevo en recesión y, por tanto, será mucho más difícil que el Estado logre superávit presupuestario.

Las conversaciones continúan, al tiempo que los representantes de uno y otro bando insisten en que pronto se alcanzará el ansiado acuerdo. El plazo límite para sellar un pacto expira, oficialmente, el próximo 30 de junio. ¿Habrá acuerdo? Muchos piensan que sí, dada la relevancia geopolítica de Grecia y la importancia de que el euro se mantenga como un proyecto político "irreversible", tal y como se insiste desde Bruselas, pero también existen razones de peso para pensar justo lo contrario.

Razones en contra del acuerdo

Así, tal y como explica el presidente de la firma de análisis Europe Economics, Andrew Lilico, "no creo que cualquiera de los lados esté particularmente interesado en la consecución de un acuerdo". Las principales razones serían, en resumen, las siguientes:

1. El Eurogrupo no quiere alcanzar ningún tipo de compromisos con el actual Gobierno de Syriza porque, en primer lugar, considera que su amenaza de abandonar el euro está vacía de contenido, ya que la mayoría de la población griega rechaza salir de la Unión y, aún en el caso de hacerlo, no supondría un daño especialmente grave para el conjunto de la zona euro. Hoy, a diferencia de lo que sucedía en 2010 o en 2012, existen mecanismos comunitarios para paliar un posible efecto contagio como, por ejemplo, el programa de compras de deuda del BCE.

2. Además, dentro del bloque comunitario, algunas voces -especialmente en Alemania- piensan que, ejerciendo la presión suficiente, el Gobierno de Tsipras colapsará y será reemplazado por un nuevo Ejecutivo más dispuesto a colaborar con los acreedores, como ha sucedido anteriormente a lo largo de la crisis en el caso de Italia (el fallido órdago de Berlusconi) o de la propia Grecia (el fallido órdago de Papademos).

3. Si la troika cede en algún punto importante, el acuerdo se percibiría como una victoria de Syriza, alentando pues las expectativas electorales de otros partidos populistas en el sur de Europa, como Podemos en España y el Movimiento Cinco Estrellas en Italia, pero también reforzaría la posición de las formaciones euroescépticas en los países del norte (Alemania, Holanda, Finlandia...).

4. Además, la partida ha llegado demasiado lejos como para ceder en el último momento. Según Lilico, el Eurogrupo no tendría mucho interés en alcanzar un acuerdo sobre la base de meras promesas, por mucho que Atenas ceda verbalmente. Los acreedores exigen acciones, no palabras. Los griegos, por tanto, tendrían que aplicar reformas estructurales y ajustes presupuestarios para garantizar la sostenibilidad financiera del Estado heleno y, de este modo, poder devolver su abultada deuda... Metas, sin duda, imposibles con Syriza en el poder. Este escenario sólo sería posible bajo un Gobierno que, realmente, tenga intención de cumplir sus compromisos y devolver el dinero a sus acreedores.

5. Pero es que tampoco Syriza cuenta con razones de peso para lograr el manido pacto. La izquierda radical griega cree firmemente que la austeridad es la causante de su ruina económica y social y, por tanto, no está dispuesta a mantener esa receta. Su victoria electoral se sustenta sobre este postulado. Aceptar la austeridad no sólo implicaría incumplir su principal promesa, sino el principio del fin de Syriza (coalición de varios partidos de izquierda) como gobierno y partido politico.

6. De hecho, en el fondo, Syriza piensa que el impago e, incluso, la salida de Grecia del euro, aunque doloroso a corto plazo, resultarían positivos para el conjunto del país. Desde luego, según defiende el 58% de los votantes de Syriza, esa opción sería preferible a mantener la "ruinosa" senda de austeridad y reformas. No en vano, en las últimas semanas se ha agravado la división interna que sufre Syriza entre quienes defienden salir del euro y los que no. El único acuerdo aceptable para el actual Gobierno griego consiste en frenar la austeridad y reestructurar la deuda pública, las dos grandes líneas rojas de los acreedores.

7. Si la propuesta "final" de la troika, a modo de ultimátum ("o lo tomas o lo dejas") va realmente en serio, será difícil ver cómo Syriza traga con dichas condiciones sin que ello provoque una profunda crisis de gobierno. No en vano, si bien se podría relajar el objetivo de superávit hasta el 1%, los acreedores insisten en la necesidad de cumplir la meta del 3,5% anual a medio y largo plazo para poder reducir la deuda helena. No sería de extrañar, por tanto, que, ante tal dilema, Tsipras plantease un referéndum o convocase nuevas elecciones generales para que sean los griegos quienes, en última instancia, decidan si aceptan o no tales condiciones.

8. Si, pese a todo, se alcanza un acuerdo, ¿en qué consistiría realmente? Lo que se está negociando ahora es, simplemente, el desembolso del último tramo del rescate vigente (7.200 millones), el dinero que necesita Grecia para cumplir sus compromisos financieros de aquí a pocas semanas. Esa cuantía no alcanzaría para cubrir los grandes pagos pendientes con el BCE y demás acreedores en julio y agosto. Atenas necesita entre 30.000 y 50.000 millones de euros extra en los próximos meses, cuya aprobación por parte de la troika sería inconcebible sin la exigencia de nuevas reformas y ajustes, de modo que se repetiría de nuevo el escenario de alta tensión existente desde febrero.

9. En este sentido, cabe recordar que uno de los grandes problemas estructurales de Grecia, más allá de su abultada deuda pública y la grave insolvencia de sus sistema financiero, es que la economía helena precisa reformas de gran alcance para aumentar sus exportaciones y, de este modo, poder salir de la crisis sobre bases sólidas. Es decir, más flexibilidad económica, lo opuesto de lo que defiende Syriza.

10. En última instancia, unos y otros coinciden en que será necesario negociar un tercer plan de rescate tras el verano, ya que Grecia sigue siendo incapaz de financiarse por sí misma en los mercados. Ceder a las pretensiones de Syriza sería políticamente inaceptable para los demás países de la zona euro y, muy especialmente, para aquellos que han tenido que aplicar reformas y ajustes para recibir asistencia financiera durante la presente crisis... Y un tercer rescate precisa de la aprobación unánime de todos los países de la zona euro.

Así pues, ¿habrá acuerdo? Existen, sin duda, muchas razones para creer que sí, ya que, en el fondo, nadie desea la quiebra y salida de Grecia del euro, puesto que todos los actores implicados perderían, pero, igualmente, hay razones de peso para sostener lo contrario... La partida continúa.

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