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Guillermo Dupuy

Los gorrones de Syriza y los ladrones de la Troika

Quien roba a los europeos y entrega el botín a los manirrotos gobernantes griegos es la Troika.

Guillermo Dupuy
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Hasta cierto punto, no es verdad que el Estado griego viva por encima de sus posibilidades. Entre las posibilidades del Estado griego no sólo está la capacidad de sacar a sus ciudadanos el dinero por la fuerza, o la de endeudarlos no menos coactivamente; también está la de recurrir, como de hecho ha venido haciendo de forma sistemática, al dinero que instituciones tan funestas y vampirescas como la Comisión Europea, el FMI o el BCE imprimen o sacan del bolsillo del resto de los no menos forzados contribuyentes europeos.

Basta leer la casi total privatización de bienes y servicios públicos y la mucho más ambiciosa liberalización que proponen quienes creen que Grecia puede pagar su deuda y compararlo con lo que la Troika reclama a su Gobierno, incluida una brutal subida de impuestos, para darse cuenta de que las condiciones rechazadas por Tsipras por "humillantes", son, en realidad, claramente insuficientes, cuando no contraproducentes, para que el sector público griego pueda ser radicalmente adelgazado, reactivar la economía y devolver algún día lo adeudado. La propuesta de la Troika, por mucho que se presente bajo el pabellón de la austeridad, sólo servirá para que los griegos sigan viviendo a costa de los demás, aunque de forma –eso sí mucho más austera que lo que gustaría a los manirrotos gobernantes griegos. Y eso, en el hipotético caso de que el Gobierno de Tsipras, ya con el dinero en la mano, cumpla el pliego de condiciones y no se dedique a sonarse con él las narices.

Para colmo, nada nos asegura que la supuesta e inédita firmeza de la Troika no vaya nuevamente a debilitarse como los ciudadanos griegos digan no en el referéndum del próximo domingo. Que a nadie le extrañe, en tal caso, ver a los mandamases de la Troika haciendo suya la máxima de Groucho Marx: "Estos eran mis principios, pero si no les gustan tengo otros".

Algunos podrán pensar que la animadversión que siento hacia los actuales y pasados gobernantes griegos la estoy extendiendo a la Comisión Europea, al Banco Central o al FMI. No es verdad. Siento mucho más rechazo por estas últimas instituciones. Los gobernantes griegos serán unos caraduras y unos gorrones, pero quien roba al resto de los europeos para hacerles entrega del botín, como si de un auténtico préstamo redentor se tratara, es la Troika.

El populismo y colectivismo antisistema, en realidad, no es más que el más genuino, puro y lógico fruto de un envilecido y envilecedor sistema estatista que confunde la solidaridad con la socialización de las perdidas, que disocia los derechos de los deberes y que separa la libertad de la responsabilidad.

Hoy por ti, mañana por mí, mucho me temo que gorrones y ladrones vuelvan a ponerse de acuerdo y que el gasto público excesivo se mantenga, aunque sea reduciéndolo un poco pero no lo suficiente como para dejar de tener que envilecer la moneda y dejar de freírnos a impuestos.

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