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Syriza ha provocado el corralito griego

Ha sido Syriza quien, al negarse a llegar a un acuerdo para prorrogar el programa de rescate que expiraba el 30 de junio, ha condenado a los griegos.

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El corralito en Grecia se agrava. Ayer las autoridades griegas reconocían que los bancos podrían quedarse sin liquidez este mismo viernes. Estimaciones más conservadoras del BCE apuntan a que no puedan siquiera superar este miércoles.

De ser así, los ciudadanos griegos se enfrentarían a un corralito absoluto en el cual ni siquiera tendrían permitido retirar los 60 euros actuales. La falta de liquidez de la economía sería tan grave que el Gobierno de Syriza debería optar por salir del euro o por pagar a los ciudadanos con pagarés públicos en euros: esto es, los dracmacones (el equivalente de los patacones que se emitieron en la provincia de Buenos Aires durante el corralito de 2001). Ayer mismo, el exministro de Finanzas Yanis Varoufakis avanzaba esta última posibilidad: "Si nos falta liquidez, la crearemos pagando a los ciudadanos con deuda pública en lugar de con euros", vino a decir.

El plan es obvio que está encima de la mesa, pero su ejecución resultaría políticamente muy costosa: los dracmacones se depreciarían nada más ser emitidos entre un 30 y un 40%, poniendo de manifiesto el empobrecimiento real padecido por la población y ocultado por sus gobernantes. No en vano, la reciente dimisión de Varoufakis podría estar muy vinculada con haber éste metido la pata hasta el fondo desvelando el plan de Syriza de emitir dracmacones. Según el Wall Street Journal, semejante imprudencia fue lo último que Tsipras estuvo dispuesto a tolerarle.

Sea como fuere, el tiempo se le agota a Syriza para evitar la impopular implantación de los dracmacones. Su último intento desesperado se producía minutos después de conocerse el resultado del referéndum, cuando el Banco Central de Grecia instó al Banco Central Europeo a incrementar la provisión de liquidez a la banca griega en 3.000 millones de euros.

Pero este mismo lunes el BCE no solo ha rechazado ampliar el crédito a las entidades helenas, sino que lo ha restringido todavía más, limitando las garantías contra las que actualmente está prestando. El Bundesbank, de hecho, ha pedido la total retirada del crédito extraordinario al sistema bancario griego, lo que abocaría a los bancos no solo a un corralito permanente sino a su total bancarrota y liquidación (de modo que los ahorradores griegos perderían la práctica totalidad del patrimonio financiero que tuvieran invertido en los bancos).

Son muchos los que critican al BCE por estar actuando políticamente contra los griegos. Según nos dicen, el BCE debería extender tanto crédito como el sistema financiero heleno necesite. Y eso por qué. Sin un acuerdo de rescate entre el Gobierno griego y la Troika, el Estado griego es insolvente. Si el Estado griego es incapaz de pagar su deuda pública, la banca griega también deviene insolvente debido a las pérdidas que experimentaría en su cartera de deuda pública griega. Y el BCE tiene estatutariamente prohibido prestar a entidades insolventes.

Ha sido Syriza quien, al negarse a llegar a un acuerdo para prorrogar el programa de rescate que expiraba el 30 de junio, ha condenado a los griegos al corralito y, acaso, a la pérdida de prácticamente la totalidad de sus ahorros. El BCE solo está comportándose como debe: no prestando a un deudor insolvente. ¿O acaso los que critican al BCE no son los mismos que están siempre repitiendo que los acreedores deben asumir su parte de responsabilidad en forma de quita por prestar a deudores insolventes? Pues eso hace el BCE: ante la perspectiva de default, no presta a deudores insolventes para no comportarse irresponsablemente y tener que experimentar más tarde una quita.

De hecho, si en algo está actuando políticamente el BCE es en extender demasiado crédito a los bancos griegos. Ahora mismo (fuera de la asistencia financiera de la Troika), ese sistema financiero es insolvente y no debería recibir ningún crédito del BCE; pero como existe una (remota) perspectiva de que se alcance un acuerdo político con la Troika que proporcione al Estado griego la financiación necesaria para salir del default, el BCE no termina de cerrar totalmente las líneas de liquidez como debería. Draghi se comporta políticamente en su prodigalidad hacia la banca griega, no en su cicatería.

En suma, tras el referéndum Grecia se halla más cerca del abismo. Si este martes el Eurogrupo no llega a un principio de acuerdo con Syriza, el BCE no extenderá más crédito a la banca griega el miércoles y el corralito será absoluto en pocos días. Puede que Merkel se enfrente a la difícil disyuntiva de alentar el populismo en Europa o dejar caer a Grecia, pero el tic-tac-tic-tac corre especialmente para Tsipras y para muchos de los que votaron oxi sin ser verdaderamente conscientes de las consecuencias. Fueron engañados por el trilerismo de Syriza y podrían darse cuenta en apenas unos días.

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