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Jubilación a los 80, ¿el futuro que nos espera?

Los expertos alertan de que el futuro de las pensiones sólo será sostenible si trabajamos más y cobramos durante menos tiempo.

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Jubilación a los 80, ¿el futuro que nos espera?
Las pensiones sólo serán sostenible si trabajamos más y cobramos durante menos tiempo | Corbis

En 1970, la esperanza de vida en España era de 72 años. En 2014, rozaba los 83 años. Sin embargo, lo que no ha cambiado es la edad de jubilación: los 65 años siguen siendo el límite para los trabajadores españoles. Bueno, en realidad ahora son tres meses más, puesto que hace unos años comenzó a implementarse la reforma que llevará la edad hasta los 67 años en 2027. Cuando se aprobó, aquel retraso en la edad de jubilación generó mucha polémica. Y aún así, hay muchos expertos que creen que no será suficiente.

Como apuntábamos este miércoles, las tendencia demográficas apuntan a un crecimiento constante de la esperanza de vida. Según el INE, en las Proyecciones de la Población a Largo Plazo que realizó en 2012, la esperanza de vida a los 65 en 2030 será de 21,3 años para los hombres y 25 para las mujeres. Por lo tanto, alguien que se jubile a los 67 años (y habrá posibilidaes para seguir haciéndolo a los 65) tendrá todavía dos décadas para cobrar una pensión.

El sistema de reparto tal y como está diseñado obliga a que haya nuevas cohortes de trabajadores que reemplacen a los que se jubilan. Teniendo en cuenta que en las últimas décadas se ha desplomado la tasa de natalidad y que la esperanza de vida sigue al alza, las cuentas empiezan a no salir.

Y esto no es una cuestión ideológica. Este miércoles, Nicholas Barr participaba en Madrid en la jornada ¿Hacia una crisis global de las pensiones?, organizada por la Escuela de Finanzas AFI y el Instituto Aviva. Barr es uno de los grandes gurús de las pensiones públicas a nivel mundial. Hace unos años escribió uno de los libros más citados en la materia junto al premio Nobel Peter Diamond. Sus propuestas pasan todas por mantener el sistema de reparto, con reformas, pero sin tocar los fundamentos del modelo. Por eso son aún más significativas. No hablamos de alguien que pida la introducción de un sistema de capitalización puro, sino alguien que quiere rescatar el sistema de sus contradicciones.

La reforma

El planteamiento de Barr es claro: "Tenemos un problema, pero éste tiene solución".

¿Y cuál es ese problema? Pues que hay una serie de "tendencias" sobre las que tenemos poco control. Algunas son demográficas, otras políticas y otras sociales, pero en todos los casos hay pocas posibilidades de cambiarlas a corto plazo:

  • Crecimiento a largo plazo en la esperanza de vida
  • Declive de la fertilidad
  • Tendencia hacia una jubilación más temprana y menos horas trabajadas para las personas activas. En las últimas décadas, el porcentaje de hombres europeos de más de 50 años activos ha caído y sólo la paulatina incorporación de la mujer al mercado laboral ha compensado esta situación.
  • Baby boom
  • Expansión del sistema de pensiones a más grupos de población y más derechos para los beneficiarios

Con esto en la cabeza, ¿cuáles son las soluciones? Barr asegura que "sólo hay cuatro alternativas":

  • Pensiones mensuales más bajas
  • Retraso en la edad de jubilación (reconoce que "es otra forma de reducir las pensiones")
  • Impuestos o cotizaciones más altos
  • Incremento de la productividad a nivel global

En esto Barr no es original. Hace unas semanas, recogíamos la "ecuación que amenaza a las pensiones" y las cuentas eran similares. A primera vista todos apostarían por la última alternativa, pero también es la más esquiva y la que está menos en nuestras manos. No sólo eso, teniendo en cuenta que el número de trabajadores va a caer y el número de pensionistas va a incrementarse, para mantener el ratio pensión media/salario medio constante habría que imaginar un incremento de la productividad realmente elevado.

Por eso, este experto se inclina por la solución que le parece más sencilla: retrasar la edad de jubilación. Se planteamiento tiene cierta lógica. Vivimos más y cada vez hay más trabajos intelectuales (o al menos con menos desgaste físico). Por eso, es perfectamente posible para alquien de 65-70-75 años ser productivo para la sociedad. Lo que propone Barr es un modelo flexible, en el que no haya un límite fijo sino que cada uno decida cuándo retirarse en función de sus preferencias, empleo, ahorros o situación familiar. De hecho, una de las claves para este sistema recaería en el mercado laboral, que debería ofrecer más alternativas. Por ejemplo, muchas personas mayores podrían desear (incluso ahora mismo, en el año 2015) empleos de media jornada o de dedicación parcial, siempre y cuando eso no les penalizara en el cobro de su pensión. Sin embargo, la mayoría de los países no son lo suficientemente flexibles y acaban ofreciendo sólo un juego de todo o nada: o trabajos de 40 horas semanales o jubilación… sin matices.

¿Qué es un anciano?

Llegados a este punto, hay dos apuntes. El primero es que Barr, aunque defiende un sistema público de reparto como base sobre la que asentar el modelo de pensiones, también cree que es imprescindible complementarlo con el ahorro individual, tanto a través de instrumentos de inversión tradicionales como con planes de empresa o sectoriales que cubran a un colectivo de trabajadores.

La segunda cuestión tiene que ver con la edad de jubilación. Porque cuando se habla de "retrasar" este límite, uno puede preguntarse a qué nos referimos. Barr no lo aclaró esta semana, aunque sí apuntó a que no se debe considerar anciano a alguien por llegar a una determinada edad, sean estos los 60-65-70 años, sino por su situación vital.

Por ejemplo, en 1950, la distribución de la vida del británico medio era la siguiente: 14 años de instrucción, 53 de trabajo y 11 de retiro. En el año 2004, la cosa cambiaba: 16 de formación, 48 de trabajo y 20 de jubilación. En estos momentos, la tendencia es a ampliar la etapa formativa (pasamos más años en escuela+universidad) y la jubilación, a expensas de la vida laboral. Quizás no tenga mucho sentido.

La conferencia anterior a la de Barr la ofreció James Vaupel, experto en demografía. En la misma línea, se preguntó si no sería más lógico considerar anciano a aquella persona a la que le queden 15 años de esperanza de vida. ¿Y en qué momento llegamos a esa situación? Pues también va cambiando. En 1900, según el INE, un español de 55 años tenía 15 años de esperanza de vida; en 1970, se había avanzado una década y era a los 65 años cuando se tenían tres lustros por delante. En la actualidad, ese nivel ya está por encima de los 70 años.

Vaupel ofreció datos de Alemania y también son llamativos. En la década de 2050-2060, se rebasará la barrera de los 80 años para una esperanza de vida de 15 años en ese país. Es decir, los germanos nacidos en 1975 (que cumplirán 80 años en 2055) tendrán todavía un horizonte vital de 15 años por delante. Si equiparamos esta situación a la ancianidad, eso querría decir que la jubilación llegaría, para las personas que ahora están entrando en la cuarentena, dentro de 40 años. Probablemente no se llegue a tanto, entre otras cosas porque el incremento en el nivel de vida empujará a muchas de estas personas a retirarse antes para dedicarse a otras ocupaciones. Pero cuidado, si el planteamiento se hace sólo alrededor de las pensiones públicas, de su sostenibilidad y del mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas, quizás no estemos tan lejos de ese escenario.

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