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El elevado peso de las pymes explica la baja productividad de España

España tiene un gran número de empresas, pero la inmensa mayoría son muy pequeñas, lo cual lastra la productividad de la economía nacional.

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Según datos de Eurostat referidos a 2012, la "demografía" empresarial en España superaba los dos millones de sociedades (se excluye el sector público), solo por detrás de Italia y Francia en la Unión Europea, pero por encima de Alemania o Reino Unido. En valores relativos (número de empresas sobre el PIB), nos situamos en la parte alta del ranking, precedida por países como Italia, Grecia y Portugal.

Una de las principales características de la economía española, en la comparación internacional, es el elevado peso de las pequeñas y medianas empresas (pymes), tanto respecto al conjunto corporativo como con relación al empleo y al Valor Añadido Bruto (VAB o diferencia entre ventas y aprovisionamientos). Para considerar a una empresa micro, pequeña, mediana o grande utilizaré el criterio de empleo de la Comisión Europea.

España ocupa el segundo puesto en proporción al número de pymes sobre el total de empresas, únicamente precedida por Grecia.

En consecuencia, el número de empresas es elevado, pero se caracteriza por una gran atomización. Menos de 3.000 empresas son de tamaño grande (cifra inferior, por ejemplo, a la de Polonia).

Si nos centramos en las pymes, el peso de las microempresas es comparativamente superior al del resto de países y el de las medianas comparativamente inferior (solo Eslovaquia y Grecia tienen un menor porcentaje de la mediana empresa sobre el subtotal pyme).

En términos de empleo, y si se compara con el gráfico anterior, España pierde posiciones. El peso de las pymes es relativamente menor si lo medimos en ocupación. Ello se debe a que las sociedades de tamaño mediano tienen menos relevancia que las de pequeña dimensión.

En cambio, si se mide en producción neta (VAB), el peso de las pymes dentro del conjunto productivo se sitúa en la parte de alta de la comparativa europea.

Los gráficos muestran también un mayor peso de las pymes en general, y de las microempresas en particular, en nuestra economía, siempre comparado con los otros países.

Este hecho determina una menor productividad de la economía española. Existe, por un lado, un efecto composición, al ser las pymes menos productivas que las grandes empresas. Entre otros factores, las grandes corporaciones tienen más capacidad para ajustar costes, su mayor tamaño les permite utilizar economías de escala, así como capacidad de diversificación y mejor acceso a la financiación.

Pero, además, existe otro factor que profundiza en el citado efecto composición. Se trata de la productividad desfavorable, tanto de las microempresas como de las pequeñas. La mediana empresa sí alcanza un nivel comparable al de las grandes. El diferencial en la productividad se compensa (aunque solo parcialmente) por el mayor rendimiento de la gran empresa en este aspecto.

De hecho, la gran empresa en España no es solo más productiva, sino que su tamaño también es relativamente mayor en comparación con el resto de Europa. Únicamente, las grandes empresas en Reino Unido y Holanda tienen una dimensión superior a las españolas. Como se puede observar en el siguiente gráfico, la correlación entre mayor tamaño y mayor productividad encaja en este segmento.

En definitiva, España se caracteriza por un elevado peso de las pymes que limita la productividad en relación con las economías de su entorno. Por el contrario, y en promedio, la gran empresa es algo más productiva y tiene una dimensión, por lo general, superior a la del resto de países europeos.

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