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Desvanecimiento del mercado monetario

¿Estamos ante un mercado de intervenido, menos libre de lo que sería un mercado regulado? ¿Lamentaremos una nueva burbuja financiera?

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A estas alturas del siglo XXI, me asalta una duda que no me importa descubrir. ¿Puede hoy hablarse de un mercado monetario? No piensen ustedes que estoy en estado de inconsciencia y que es ese estado el que me lleva a lanzar semejante cuestión. Trataré de explicarme.

Somos muchos, me atrevería a decir que todos los que creemos en el mercado libre, ese mercado en el que los agentes económicos se mueven conducidos por sus objetivos, conscientes, como diría Smith, de que actuando cada uno en su propio provecho, consiguen, aún sin pretenderlo, el máximo provecho para la sociedad en su conjunto, nos resistimos a aplicar tal denominación a estructuras para el intercambio en las que la libertad se encuentra claramente restringida.

Así, llamamos mercado, sólo al mercado que opera en libertad, uniéndole al sacro vocablo, apelativos definitorios para dar a conocer hasta dónde el alcance de la restricción de la libertad. En otras palabras, hablamos de mercado a secas, cuando nos movemos en lo que algún autor ha llamado arena competitiva, pues la perfección de la competencia es inalcanzable por hombres, en ocasiones, llevados de intereses perversos. De aquí términos como, mercados de competencia imperfecta, mercados de monopolio, de oligopolio, de monopsonio, oligopsonio, etc.

Términos todos, que desvirtúan el carácter del mercado por excelencia que es el mercado libre. Algo semejante a lo que ocurre cuando a la democracia le añadimos vocablos como, orgánica, popular, etc. para negar la libertad que se supone intrínseca a la idea definitoria fundamental.

Dicho esto, ¿podemos hablar de un mercado monetario en la zona euro? Ya empezamos mal porque, como ocurre en todos los países en los que existe un monopolio de emisión de dinero, estamos ante una oferta en la que destaca, no la libertad sino el poder y el dominio. Además, en los demás casos, ese poder es parte del poder del Estado, cosa que no ocurre en la zona euro, por la renuncia de los estados miembros a las competencias en política monetaria.

El problema, además, procede del apetito de poder del monopolista, que desborda la verdadera función encomendada a un banco central que, como reconoce el señor Draghi, es mantener la estabilidad de precios. Sobrepasada esa función, comienza el peligro real de que, manejando la política monetaria, se acaba dirigiendo la política económica.

Pues, a nadie se le escapa la importancia que para la economía real, tiene la financiación. Por ello, además del itinerario de dinero abundante y fácil que lleva el Banco Central Europeo, con resultados escasos o nulos en la economía real, , pregunto ¿cómo va a conseguir el señor Draghi comprar bonos corporativos, sin alterar las condiciones competitivas de las empresas beneficiadas por la colocación de su pasivo, frente a las que no lo sean?

¿Estamos ante un mercado de intervenido, menos libre de lo que sería un mercado regulado? ¿Lamentaremos una nueva burbuja financiera? Naturalmente, el Deutsche Bundesbank ni siquiera votó la propuesta.

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