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Las pensiones contributivas suben desde el año 2000 al doble de ritmo que las cotizaciones

La parte contributiva del sistema pierde 30.000 millones en ocho años de crisis. Los gastos siguen disparados, pese a las reformas.

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Fátima Báñez, el pasado martes, durante un acto en Madrid. | Min. Empleo

Las cuentas de la Seguridad Social no son sencillas ni fáciles de entender. Cotizaciones, sistema general, mutuas, transferencias corrientes, activos y pasivos financieros… Para el que no esté familiarizado con las mismas puede ser muy complicado saber cuál es el estado real del sistema. Todos intuimos que la cosa no va especialmente bien. En los últimos años, se han multiplicado las noticias sobre los déficits, el creciente gasto en pensiones, la caída de ingresos de las cotizaciones o las disposiciones que el Gobierno ha hecho del Fondo de Reserva (la famosa hucha de las pensiones), que ya tiene la mitad de fondos de los que disponía en sus mejores momentos. Pero quizás no somos conscientes de la gravedad de la situación.

Hace unos días, el Gobierno remitió al Congreso el Informe de seguimiento del Pacto de Toledo. Son 476 páginas y un Anexo de 395 páginas más. Probablemente es el documento con más datos y que explica con más detalle cómo son las cuentas del sistema en estos momentos y cuál ha sido su evolución en los últimos años. Las conclusiones, después de bucear en sus cientos de tablas y gráficos, no pueden ser más desalentadoras. Si una empresa privada, un fondo de inversión o un organismo independiente hubiera sufrido el desplome que la Seguridad Social ha soportado en la última década, estaría en quiebra o intervenida.

No es fácil destacar sólo tres o cuatro cifras o gráficos sobre lo que está pasando. Hay tantas que a veces parece que reducirlo a tres es casi suavizar el problema. En este caso, son datos tan significativos y su representación visual es tan llamativa que no hay mucho más que decir.

En esta ocasión, hemos querido destacar los datos que aparecen en los gráficos de este artículo porque afectan al corazón del modelo, a la parte contributiva. En los últimos años, son habituales los mensajes de los políticos que minimizan los problemas de la Seguridad Social haciendo referencia a que el sistema en parte se ha hecho cargo de cuestiones que no le corresponden. Así, al igual que en su momento dejó de financiarse la sanidad pública con estos fondos, se van sacando y seguirán saliendo, poco a poco, todas las partidas que no son estrictamente contributivas (pensiones no contributivas, de viudedad, otras ayudas, gastos generales del sistema…). Pero todo esto no deja de ser un parche. El problema es estructural, no coyuntural.

El anterior gráfico muestra lo que la Seguridad Social llama "Excedente presupuestario de naturaleza contributiva a efectos del Fondo de Reserva". Es decir, el superávit o déficit que tiene la parte central del sistema, la que se financia con las prestaciones "contributivas" y gasta el dinero en estos mismos trabajadores, a los que se les ha dicho que han acumulado un "derecho". Pues bien, la imagen se explica por sí misma: en apenas ocho años hemos pasado de más de 10.000 millones positivos a casi 19.000 negativos. O lo que es lo mismo: 30.000 millones de descuadre en menos de una década.

El segundo gráfico muestra la evolución de las pensiones contributivas y las cotizaciones sociales de 2000 a 2015. Las cifras son un poco diferentes a las del anterior, porque no están incluidos exactamente los mismos conceptos, pero igualmente sirve para hacerse una idea de la situación real del sistema. En lo que llevamos de siglo XXI, las cotizaciones han subido un 66% (de 60.000 a 100.000 millones); mientras tanto, las pensiones se han disparado un 126% (de 51.000 a 115.000 millones), casi el doble. Como vemos, la parte de los ingresos depende mucho del ciclo económico y la creación de empleo (por eso lleva siete años casi estancada). Pero la de los gastos es constante. Pase lo que pase, se aprueben las reformas que se aprueben, la factura de la Seguridad Social sigue subiendo.

En realidad, lo dicho hasta ahora es consecuencia de una buena noticia: cada vez hay más jubilados porque cada vez la esperanza de vida es más elevada. Pero eso no evita que desde un punto de vista financiero no sea preocupante. Lo mismo puede decirse de los dos últimos gráficos. El primero muestra la diferencia entre la pensión media de los nuevos jubilados y la pensión de los que salen del sistema por fallecimiento. El segundo refleja el crecimiento en el número de pensionistas. De nuevo, una tendencia que es imparable. No sólo hay cada día más personas con derecho a una pensión, es que además, esa prestación es cada día más elevada, porque las carreras laborales son más largas y las bases de cotización más altas. Y como comentábamos hace ya un año, el ritmo de crecimiento de esta pensión media es más elevado que el de la cotización media.

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