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¿Realmente son justos y beneficiosos los impuestos progresivos?

La progresión fiscal no es ni tan justa ni tan beneficiosa como venden los políticos.

La progresión fiscal no es ni tan justa ni tan beneficiosa como venden los políticos.

Un sistema basado en impuestos progresivos está destinado a recoger los ingresos fiscales de los individuos en una mayor proporción según su nivel de renta. Es decir, los ciudadanos con mayores ingresos están sujetos a tipos de gravamen más elevados, mientras que las personas con una renta menor pagan un porcentaje menor de sus ingresos en impuestos por lo que, la tasa impositiva progresa de menor a mayor.

La mayoría de las naciones de todo el mundo tienen algún tipo de progresión en sus sistemas fiscales. Por ejemplo España, en la actualidad recoge los ingresos de las personas físicas sobre la base de cinco tramos impositivos que con uso tipos que van desde del 19% hasta el 45%.

Una vez se abre la puerta a un sistema de tributación con tipos progresivos, la confiscación pública no tiene límites en el tipo marginal máximo. Por ejemplo, a finales de los años setenta el tipo marginal máximo en el impuesto sobre la renta del Reino Unido llegó a ser del 83%. En la legislatura de François Hollande se implantó un tipo marginal sobre el IRPF del 75% para las rentas superiores en 1.000.000 de euros en los años 2013 y 2014 (en la actualidad se encuentra en el tipo marginal máximo es un 45%).

La consecuencia no sólo fue la sonada escapada de actor francés Gerard Depardieu para convertirse en un ciudadano ruso -junto a otros muchos millonarios-, sino que la recaudación fue verdaderamente ridícula en las arcas públicas francesas, apenas 160 millones y 260 millones de euros en los ejercicios 2014 y 2015 respectivamente. Esta baja recaudación se debe en parte a que 2,5 millones de franceses viven en el extranjero en países como Reino Unido o Bélgica con una fiscalidad mucho más competitiva.

Este amor a expropiar la renta ajena ha llegado también a Españ, ya que el actual secretario de organización de Podemos, Pablo Echenique, ha llegado a plantear un tipo marginal máximo en el IRPF del 95% a los "muy ricos".

Deberíamos hacer una profunda reflexión sobre si es justo y beneficioso para el conjunto de la sociedad civil, que de manera arbitraria el poder político imponga un criterio impositivo progresivo a los agentes económicos.

En primer lugar, se supone que todos somos iguales ante la ley. De hecho, el artículo 14 de la Constitución Española cita que "los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social".

No obstante, la imposición fiscal progresiva viola este principio de igualdad ante el Estado de Derecho, ya que el Fisco promueve una discriminación por la condición personal de poseer una mayor o menor renta. Bajo esta premisa, los derechos de propiedad de los ricos no son tan "válidos" como los derechos de propiedad del resto de la sociedad civil, lo que significa que los derechos de propiedad de la mayoría ante la ley no son iguales a los derechos de una minoría sino superiores.

Los salarios son una recompensa por el trabajo realizado, que son en gran medida una cuestión privada entre el empleador y el empleado. Por lo tanto, el gobierno no debería tener legitimidad en la imposición de una mayor tasa marginal de impuestos para desalentar a las rentas altas. La discriminación fiscal de los impuestos progresivos significa una penalización sobre aquellos individuos de una sociedad que adquieren mayores niveles de productividad, dicho en otras palabras, castigar el éxito y la excelencia académica.

Dicha penalización conlleva que aquellas personas que más riqueza generan en el conjunto de la sociedad, tengan un incentivo en protagonizar una fuga de cerebros o bien, simplemente, en no trabajar más, ya que Hacienda se llevará comparativamente un porción mayor de su esfuerzo y dedicación. Otro incentivo que se genera es el de la evasión fiscal,

Un punto sobre el que no se tiende a prestar mucha atención y es de vital importancia es cómo afecta la fiscalidad progresiva en un entorno monetario y dinámico en el que los bancos centrales tienen objetivos inflacionistas, generalmente establecidos en el 2%.

Recordemos que en un entorno de inflación del 2%, en diez años necesitaríamos aumentar nominalmente un 21,9% nuestra renta, para no quedar expuestos a la devaluación del poder de compra del 18% en una década. Si la inflación es dañina para todos los agentes económicos ¿Qué tal será el cóctel inflación más los impuestos progresivos?

En inglés existe un término interesante denominado Bracket Creep que hace referencia al aumento de los impuestos que se da cuando, por ajuste a la inflación, un salario empuja al contribuyente a tramos impositivos mayores en un contexto fiscal progresivo.

Si la renta debe evolucionar en coherencia con el IPC, a pesar de que no se produzca una variación real sobre la renta, el aumento nominal conlleva una mayor represión fiscal marginal por alcanzar nuevos tramos fiscales con tipos de gravamen más elevados. Este fenómeno empobrece especialmente a las clases medias y bajas debido a que quiénes se encuentran en el último tramo no perciben esta penalización fiscal extra por el entorno inflacionista.

Un ejemplo interesante para ilustrar cómo afecta el Backet Creep a los contribuyentes es el denominado Alternative Minimum Tax (AMT), un impuesto norteamericano promulgado en 1969 que se utilizó en su nacimiento para que los extraordinariamente ricos no pudieran evitar el pago de impuestos.

Al principio, este impuesto afectó a 155 contribuyentes que ganaban más de 200.000 dólares. Sin embargo, tras cuatro décadas, no son esos "súper ricos" los principales afectados. A partir de 2014, el número de afectados por el AMT había crecido astronómicamente a aproximadamente 4,2 millones de contribuyentes.

En último lugar, el sistema fiscal progresivo conlleva un entramado burocrático denso y complejo, por lo que en el momento de hacer la declaración de la renta se necesita los servicios de asesoría para ver qué deducciones se pueden incorporar para no estar expuesto a mayores tipos de gravamen.

El experto en materia tributaria Alvin Rabushka ha concluido que el impuesto de tasa única simplificaría el sistema tributario a través de la eliminación de casi todas las deducciones y exenciones que complican el sistema fiscal actual. Para los contribuyentes, se necesitarían sólo unos cálculos básicos para determinar en la declaración de la renta si el resultado es a ingresar o bien a devolver, lo que agilizaría las obligaciones fiscales.

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