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Las cuatro opciones de Reino Unido tras el Brexit: Noruega, Suiza, Turquía o Canadá

La salida de Reino Unido de la UE puede desembocar en cuatro escenarios muy diferentes sobre las futuras relaciones entre ambas partes.

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La salida de Reino Unido de la UE puede desembocar en cuatro escenarios muy diferentes sobre las futuras relaciones entre ambas partes.
Un partidario del Brexit celebrándo el resultado del referéndum. | EFE

El sucesor de David Cameron, los funcionarios del Ministerio británico de Asuntos Exteriores, los técnicos de la Comisión Europea, los corresponsales de toda Europa radicados en Bruselas… Hay un montón de gente que este año va a tener muy pocas vacaciones y que va a vivir un otoño muy movido.

Con respecto al Brexit, hay muy pocas cosas que estén claras. De hecho, incluso hay quien dice que al final ni siquiera se llegará a producir y que el Reino Unido seguirá dentro de la Unión Europea de una forma u otra.

Lo cierto es que seis días después del referéndum todo sigue en el aire. Este martes, David Cameron visitaba Bruselas y el resultado del primer encuentro con sus todavía socios comunitarios no fue nada concluyente. Ya se empieza a hablar de dos bandos dentro de la UE: los duros, encabezados por Francia e Italia, que quieren hacer las cosas muy complicadas para Londres para evitar futuras deserciones; y los blandos, con Alemania y Holanda en primera fila, que entienden que castigar al Reino Unido sería como pegarse un tiro en el pie para el resto de los países de la UE.

En medio de todo este lío, se habla mucho de las diferentes opciones que tienen por delante los británicos. Y para ejemplificar el asunto se cita a algunos países, según la relación que cada uno tiene con la UE: Noruega, Suiza, Turquía, Canadá. Estos son los cuatro nombres que más se repiten. ¿Cuál será el ganador? ¿Qué implicaría una u otra opción? Esto es lo que no está nada claro. Para empezar, porque se hacen muchos análisis económicos que no tienen en cuenta la dimensión que, probablemente, sea más relevante a partir de ahora: la política. Nadie sabe qué ocurrirá en el futuro. Pero las siguientes son algunas claves para intentar descifrar cuál es el camino al que conduce el Brexit.

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1. Noruega

Noruega es el ejemplo que, hoy por hoy, centra la atención de analistas, inversores y políticos. De hecho, en la reunión de líderes europeos que tuvo lugar el martes en Bruselas, este caso fue citado en varias ocasiones. La canciller germana, Angela Merkel, señaló que Reino Unido no puede mantener los privilegios de pertenecer a la UE si, al mismo tiempo, no acepta las condiciones que supone acceder plenamente al mercado único, tal y como sucede en el caso de Noruega.

Pero, ¿cómo funciona el modelo noruego? El país nórdico no es miembro oficial de la UE, pero tiene acceso al mercado común. Es decir, pertenece al Espacio Económico Europeo, a la unión económica, pero no política. Así pues, puede comerciar libremente con el resto de socios comunitarios, salvo en materia agrícola y pesquera, donde siguen existiendo ciertos aranceles y reglas propias (éste es un tema sensible para los nórdicos, que cuentan con una gran flota pesquera y no quieren entrar en el sistema de cuotas y capturas comunitario).

La clave de este acuerdo, sin embargo, radica en que, a cambio, Noruega está obligada a cumplir buena parte de la legislación europea, especialmente la relativa al mercado interior. En concreto, los noruegos aceptan el 75% de la normativa comunitaria, incluida la libre circulación de personas, pero sin poder participar ni influir en su elaboración.

Noruega cuenta con representantes en las instituciones de la UE, pero no tiene derecho a voto en organismos y programas de la Unión, incluyendo la Agencia Europea de Defensa, Frontex o Europol, entre muchos otros. Además, contribuye a las cuentas comunitarias, si bien su factura es inferior al del resto de estados miembros. Su modelo en este ámbito es muy similar al que hasta ahora ostentaban los británicos (contribuyente parcial de la UE). En cuanto al control de fronteras, Noruega pertenece al espacio Schengen, a diferencia de Reino Unido, y en este ámbito sí tiene voz y voto.

Adoptar el modelo noruego, por tanto, implicaría que Reino Unido mantendría su actual estatus de estado miembro en materia económica, con libre y pleno acceso al mercado común, pero tendría que someterse igualmente a buena parte de la legislación comunitaria, sin poder participar en su elaboración, incluyendo la libre circulación de personas dentro de la UE, lo cual chocaría con uno de los argumentos clave que han empleado los británicos favorables al Brexit durante la campaña.

2. Suiza

En teoría es la opción más lógica. En la práctica tiene muy pocas posibilidades de salir adelante. En ocasiones se asocian los nombres de Suiza y Noruega, pero la relación de una y otra con la UE es muy diferente. Los dos pagan algo al presupuesto comunitario (menos los suizos), los dos pertenecen al área Schengen, en los dos se aplican buena parte de la normativa de la UE… pero no es lo mismo.

Los suizos no pertenecen al Espacio Económico Europeo. Sus relaciones con la UE giran en torno a más de 120 tratados bilaterales negociados a lo largo de las últimas décadas. En el comercio de mercancías, el acceso al mercado común es casi pleno, pero esto cambia en lo que hace referencia a los servicios, un sector mucho más restringido, que suman el 80% de la economía británica y será su principal interés durante las negociaciones.

La diferencia principal con Noruega es que en el caso del país nórdico se siguen aplicando los tratados y la legislación comunitaria según ésta va desarrollándose en Bruselas. Incluso aunque no tienen voto (aunque sí voz) en el desarrollo de la normativa, se le aplica en todo lo que tiene que ver con las materias que están dentro del acuerdo del EEE, con sus regulaciones y estándares comunes. En Suiza la aplicación de la legislación comunitaria no es automática.

Entonces, ¿por qué decimos que Suiza sería la opción lógica en la teoría? Porque en un mundo sin prisas, en el que se pudiera negociar tranquilamente y en el que no hubiera intereses políticos, no habría más que abrir los 120 tratados, ver qué se ha negociado con la Confederación Helvética e intentar alcanzar un acuerdo similar. Pero es que ese mundo no existe. Sólo el planteamiento ya asusta. Conociendo a una y a otra parte de la negociación se puede intuir que ésta podría ser eterna. ¿Quién se atreve a meterse en este lío?

Además, nadie quiere otra Suiza en Europa. Los líderes de la UE ya han dicho en anteriores ocasiones que no están precisamente a gusto con el estatus de este país, que es como una incómoda piedra en el zapato. Recordemos que hace un par de años se abrió una crisis por sus intenciones de restringir la libre circulación de trabajadores de la UE.

Por último, desde el punto de vista político, asumir una posición como la suiza para el Reino Unido podría interpretarse muy fácilmente como un triunfo de los británicos: parecería que han cumplido todos sus objetivos (libre acceso al mercado común) sin ningún coste e incluso imponiendo condiciones en la negociación. Ni París ni Berlín, cada uno por un motivo, pueden permitirse que éste sea el mensaje que triunfe.

3. Turquía

El caso de Turquía es también complejo e improbable, puesto que ni Reino Unido ni los principales líderes europeos comparten esta posible opción. Turquía, al igual que Andorra o San Marino, pertenece a la unión aduanera, pero no es miembro, ni total ni parcial, de la UE.

Esto significa que existen ciertas facilidades a la hora de comerciar, pero poco más. En el caso concreto de Turquía, no se aplican aranceles sobre ciertos productos manufacturados y productos agrícolas procesados, teniendo que adoptar ciertas normativas y reglas comunitarias. Se trataría, por tanto, de una especie de acuerdo comercial bilateral, pero limitado y restringido a ciertas áreas.

La unión aduanera es una forma de integración económica intermedia, a medio camino entre un área de libre comercio y el mercado único. Se eliminan ciertas barreras arancelarias y administrativas para impulsar el comercio, pero no se aplican los principios fundacionales clave de la UE: libre circulación de mercancías, capitales y personas. Un tratado de estas características perjudicaría, pues, de forma muy sustancial tanto a la economía británica como a la europea, ya que supondría de facto la expulsión de Reino Unido del mercado único.

4. Canadá, Singapur… ¿o Rusia?

La última opción es Canadá. ¿Por qué se escoge este país como ejemplo? En realidad valdría cualquier otro país de fuera de la UE, pero como hace poco que se ha negociado un acuerdo bilateral Canadá-UE, pues éste es un buen candidato.

En este caso, el Reino Unido quedaría fuera de cualquiera de los acuerdos generales que tiene firmados la UE y su relación comercial estaría fijada por las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). A partir de ahí, podría iniciar un proceso para alcanzar con la UE un acuerdo similar al TTIP que negocia Bruselas en estos momentos con EEUU.

La opción canadiense es la más sencilla. El Reino Unido sale de la UE, se reinstauran las aduanas y nos ponemos a negociar de cero. Desde el punto de vista de las negociaciones, es la que menos líos generaría. ¿El problema? El coste para la economía británica sería enorme a corto plazo. Una ruptura de este tipo con su principal socio comercial (casi la mitad de las exportaciones del país van al resto de la UE) dañaría el crecimiento, deslocalizaría empresas, castigaría las cuentas públicas…

¿Las ventajas? Es la alternativa que más libertad ofrece a los británicos para decidir su futuro. De hecho, no son pocas las voces dentro del liberalismo que abogan por esta vía. El argumento sería, más o menos, el siguiente: "Aunque los votos del Brexit sobre todo vienen de personas asustadas por la globalización, una vez fuera de la UE y con la recesión que se produciría, a los políticos de las islas no les quedará otra que volver a la mejor tradición británica, de apertura liberal y económica". Vamos, que el Brexit provocaría que el Reino Unido llegase rápidamente a un acuerdo comercial con EEUU y Canadá y que el país evolucionaría hacia ser el Singapur europeo, una economía próspera, dinámica y abierta, lo que a medio plazo dispararía su crecimiento.

En esta línea, Rohan Silva, un emprendedor británico que ha trabajado también como asesor de David Cameron, firmaba un artículo este domingo en The Sunday Times con un título revelador: "Hola Mundo. El Reino Unido se ha atrevido a soñar y está abierto para los negocios". La columna ha generado mucho revuelo (a favor y en contra) porque, aunque el autor reconoce que votó a favor de continuar en la UE, plantea una alternativa para que el resultado del referéndum no sea una losa, sino una oportunidad para la economía británica: bajar al 10% el Impuesto de Sociedades, minimizar la regulación para facilitar la apertura de empresas, imponer un sistema de visados similar al australiano o canadiense para atraer a trabajadores cualificados...

Eso sí, hay que dejar claro que todo esto no deja de ser un wishful thinking. Por las mismas razones por las que el país puede seguir el camino de Singapur, puede seguir el de Rusia o Venezuela o Argentina. En esta alternativa, el futuro a medio plazo del Reino Unido no está fijado. Digamos que la gran diferencia con los tres primeros apartados es que para ser Noruega, Suiza o Turquía ya hay un camino establecido, unos documentos firmados y unos acuerdos que servirían como pauta.

Pero quedar al margen de cualquier tratado previo es ir a lo desconocido. ¿Canadá? ¿Singapur? Sí, es una opción. Pero ni es la única ni tiene por qué ser la más probable. Recordemos que los votantes del Brexit lo que quieren es un país más cerrado. ¿Por qué iban a aceptar uno de los modelos más abiertos al exterior del planeta?

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