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El tiempo tiene un precio

Quitar artificialmente valor al tiempo: eso es lo que hacen los bancos centrales al fijar tipos de interés más bajos que los que establecería el libre mercado.

El Club de los Viernes
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Sede del Banco de Inglaterra | The Telegraph

Con su reciente decisión de bajar los tipos de interés de la libra hasta el mínimo histórico del 0,25%, el Banco de Inglaterra se suma a la corriente de otros bancos centrales (BCE, Banco de Japón, Reserva Federal…) de imponer unos tipos cercanos al 0%. Esto suele tener como principal propósito estimular la concesión de créditos baratos reduciendo el coste del endeudamiento para empresas y particulares. Precisamente porque los tipos de interés fijados por los bancos centrales marcan en gran medida el coste de endeudarse es por lo que son denominados erróneamente “el precio del dinero”. Pero esa denominación esconde tras de sí una gran mentira.

Los tipos de interés deben entenderse como un precio más, pero en realidad no determinan el precio del dinero, sino el del tiempo. Un tipo del 5% a un año implica que alguien está dispuesto a pagar un 5% adicional por tener hoy bienes y servicios en vez de esperar a tenerlos dentro de un año. Y en contrapartida el prestamista estará dispuesto a dejar de disponer de su dinero hoy para poder disponer de él dentro de un año, a cambio de incrementarlo en ese 5%. Ese 5% es el valor de un año; año en el que el receptor del crédito podrá utilizar, invertir o consumir los bienes y servicios que adquiera con él; año en el que el prestamista no podrá disfrutar de los bienes y servicios que podría haber adquirido con el dinero que ha prestado. Los distintos bancos centrales, al situar el tipo de interés en el 0% (o muy cerca), lo que están transmitiendo es que ese tiempo no tiene valor (o tiene un valor insignificante). Nos están diciendo que disponer de bienes y servicios ahora en vez de en el futuro es indiferente. Y eso evidentemente es falso.

El tiempo es con seguridad uno de los más valiosos bienes de que disponemos. Como dijo el gran escritor y filosofo estadounidense Henry David Thoreau (1817-1862), “el coste de cualquier cosa es la cantidad de vida que intercambiamos por ella, ya sea a corto o a largo plazo”. El tiempo es el sustrato a través del cual desarrollamos todas nuestras actividades. Asignar un coste cero (o cercano a cero) a uno de los factores de producción más valiosos solo puede conducir a un desajuste económico a medio-largo plazo por el simple procedimiento de falsear las cuentas dejando de imputar gastos. Realizar cálculos económicos obviando el coste del tiempo implica excluir de dicho cálculo la preferencia temporal en la producción y adquisición de bienes y servicios, lo que devendrá en una descoordinación temporal entre inversión, producción y consumo.

Quitar artificialmente valor al tiempo: eso es lo que hacen los bancos centrales al fijar tipos de interés más bajos que los que serían establecidos descentralizadamente por el libre mercado. Es el mismo timo que propugnan aquellos que creen que se puede acabar con el paro repartiendo el tiempo de trabajo existente, o que los salarios que se pagan en un país o empresa no derivan de la productividad. Son el tiempo y los recursos dedicados a la producción de un bien lo que determinará en última instancia el salario que un trabajo generará para quien lo realiza, y es el coste del tiempo lo que en última instancia debería determinar los tipos de interés. Porque, como decía Salvador Dalí, “el tiempo es una de las pocas cosas importantes que nos quedan”; recuerden que el tiempo tiene un precio, y es un precio que siempre se acaba pagando. Y si ahora disfrutamos de mucho tiempo gratis, en un futuro lo acabaremos pagando todo de golpe en forma de nuevo ciclo y nueva crisis económica. Es todo cuestión de… tiempo.

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