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El cuento chino de Rajoy

Antes éramos ineficientes y ahora seguimos siendo ineficientes. Nada nuevo bajo el sol. Nada de nada. Pero absolutamente nada.

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Mariano Rajoy | EFE

Pese al fantasioso cuento chino que a estas horas anda explicando Rajoy a sus interlocutores del G-20, ni existe nada parecido a un modelo de crecimiento español, ni tampoco constan en el universo de lo tangible registros estadísticos de algo que remotamente recuerde a un milagro económico hispano u otra quimera macroeconómica por el estilo. La propaganda del Gobierno del PP a propósito de nuestra economía, su consideración como un prodigio singular, único en Europa y extraordinario en la Zona Euro, es solo eso: propaganda. Porque es verdad, sí, que España lleva un par de años creciendo. Pero ese crecimiento no tiene nada ni de extraordinario, ni de singular ni, mucho menos aún, de único. Bien al contrario, está ocurriendo lo que tantas veces, sin excepción, ha sucedido tras las crisis económicas que ha conocido la región occidental de Europa a lo largo del último medio siglo. De entrada, y pese a la literatura infantil que se esfuerza en divulgar el presidente en Asia, conviene tomar nota de que, igual que siempre acontece, España da en crecer al mismo tiempo que el resto de sus vecinos del norte. Y ello con independencia de cuáles fuesen las siglas del partido político que en cada uno de esos momentos ocupase lo despacho de La Moncloa.

Lo que viene a significar que a Rajoy, y por extensión al Partido Popular, le está tocando capear con el inicio de la recuperación por pura y simple carambola. Una vulgar carambola que el de Pontevedra trata de elevar a suprema hazaña gestora vía una cadena de verdades a medias, ese viejo truco tan caro a los peristas de la retórica y demás estafadores intelectuales. Así, se insiste desde instancias oficiales en que nuestro país es el mayor creador de empleo de "la Eurozona". La astucia de pillo reside en que el mayor creador de empleo en Europa resulta ser el Reino Unido, un territorio que no forma parte de la Eurozona. Distorsionan la verdad, pero se cubren para que no se les pueda acusar de mentir. Ya se sabe, tretas de trileros. Como la de sostener muy ufanos que España crea más empleo que Alemania siendo un país con la mitad de habitantes. Eso sí, se obvia mencionar en el discurso triunfal el pequeño detalle de que en Alemania no hay paro, anécdota que acaso reste algo de mérito a nuestra pretendida proeza.

Pero es que, puestos a considerar el tamaño, Irlanda, país pequeño entre los pequeños, crea hoy más empleo en términos proporcionales que España. Porque Rajoy podría ir por el mundo sacando pecho si los índices de actividad de Suecia, Reino Unido e Irlanda, sin ir más lejos, no fuesen a estas horas bastante mejores que los nuestros. Pero es que lo son. Los resultados económicos del equipo de Rajoy ni han sido únicos, decíamos, ni tampoco extraordinarios. Baste recordar al respecto que en el bienio 1986-87, el de la salida de la recesión que le tocó al PSOE de Felipe González, el PIB creció un 9,3%. Pero es que en el otro bienio que siguió al posterior bache de los noventa, el de 1995-96, nuestro país creció un 6,6%. Más allá de la propaganda, España, su aparato productivo, se ha conducido esta vez igual que de costumbre. Nos hundimos mucho, muchísimo más que el resto cuando empieza la tormenta. Y comenzamos a sacar la cabeza fuera del agua a la par con los demás. Lo de sacar la cabeza a flote, antes lo lográbamos devaluando la peseta. Y ahora lo hacemos devaluando el sueldo de los que ya no cobran en pesetas. O sea, como siempre. Por lo demás, antes éramos ineficientes y ahora seguimos siendo ineficientes. Nada nuevo bajo el sol. Nada de nada. Pero absolutamente nada. ¿De qué gallear en China, entonces?

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